Mientras escribe su tercera novela prepara una serie para la televisión local y presenta un monólogo de humor todos los jueves. Por qué no se fue de Mendoza.

  • Autor:Juliana Argañaraz

Por Juliana Argañaraz

Actualmente divide sus tiempos entre escribir su tercera novela, presentar todos los jueves su unipersonal El humor en los tiempos del Ipad y escribir y buscar financiamiento para Superclásicos, una serie que prepara para la Televisión Pública. Y eso sin contar los dos trabajos que tiene (en el archivo de imágenes de un diario y en el Espacio Contemporáneo de Arte). Una agenda apretada, pero Iñaki Rojas no se queja.

A pesar de que le caben muchísimas definiciones, elige la de «escritor» para él mismo. «Si pudiera dedicarme nada más que a la escritura sería el tipo más feliz del mundo», me dice, y yo pienso que cuando sos talentoso para tantas cosas dedicarse sólo a una sería un desperdicio. Pero no se lo digo.

Lo bueno es que su «compulsión por contar historias», como la llama él, encuentra diferentes formas y medios para canalizarse. Mientras prepara esta tercera novela todavía recoge los frutos de la segunda, Un mendigo en el bulevar, que se publicó el año pasado, premiada con el Premio de Novela de la Ciudad en 2013. Ambas narran historias ocurridas en Mendoza, aunque los géneros varían. «La próxima novela es un viaje en el tiempo y me imagino que después haré un policial, después una de terror, me gusta agarrar un género y ver qué es lo que me sale», dice Iñaki.

Una prueba de que su mente desborda de historias es que las ideas se le aparecen hasta en sueños. 

 

Iñaki Rojas

 

–Contaste que la idea de Un mendigo… salió de un sueño, ¿te ha pasado antes?

–Me pasó con dos de mis producciones más importantes. La primera vez tenía 19 años. En el medio de la noche soñé con un espectáculo donde estaba con mis compañeros del secundario en el escenario y detrás una gran pantalla que pasaba una película. Nosotros estábamos vestidos como los personajes de La Naranja Mecánica, con esos overoles blancos, botas y el bombín negro, no sé qué había en la pantalla, pero recuerdo muchas risas en el público. Me desperté, dije «qué bueno que está esto para hacerlo», y me volví a dormir.

De ese sueño nació Plaza Dandy, un elenco que se formó prácticamente con los amigos que Iñaki había soñado y donde los actores sobre el escenario interactuaban con el video en la pantalla. «Eso es seguir los sueños», bromea.

Años después, en 2003, volvió a soñar una gran idea: «alguien se me metía en el sueño, una persona que tenía la capacidad de entrar sabiendo que yo estaba durmiendo y sabiendo cómo manipular mi sueño». De ahí surgió Un mendigo…, historia que ocurre en Mendoza durante el terremoto de 1985.

 

Iñaki Rojas

 

Multifacético y poli-rubros

Además de escribir, Rojas va más allá y lleva sus monólogos al escenario. Actualmente presenta todos los jueves (en Vararte, Chile 1230 de Ciudad) su unipersonal El amor en los tiempos del Ipad.

«En este espectáculo me “pintó” contar una historia, separarme un poquito del stand up, hacer un monólogo. Es una historia que empieza y termina, una historia de amor y de humor», dice.

Y como si eso fuera poco, admite que está «enroscado» con un programa de TV para Acequia. «Estamos esperando que salga la plata para hacer el piloto. Va a estar cerrado una vez que lo vean y les guste y nos den el okay, pero les ha gustado mucho el proyecto». Esta miniserie que produce Juan Sandoni significa el debut de Rojas como director y escritor de televisión, tareas que co-realiza con Gabriel Deputat.

Superclásicos será una miniserie de 8 capítulos unitarios con formato de falso documental. Cuenta Rojas: «Vamos a hacer adaptaciones regionales de clásicos de la literatura universal, como si hubieran pasado en Mendoza unos años atrás y ahora nos lo cuentan. No hay una recreación dramática, es narrativa oral, gente que cuenta historias. El fantasma de Canterville, de Oscar Wilde, es el piloto».

Entre los otros títulos que recrearán están La vuelta al mundo en 80 días, La isla del tesoro y Don Quijote de la Mancha. 

 

Iñaki Rojas

 

–¿Cómo ves la actualidad artística mendocina?

–La provincia ha explotado demográficamente y como consecuencia han empezado a salir artistas de todos los rubros, en la música, en el stand-up, en las artes visuales. A mí lo que más me ha impactado es la música. Ante los músicos que han salido en los últimos años en Mendoza, me saco el sombrero.

–¿Tenés algún favorito?

-Sí, muchísimos: Leandro Lacerna, Emilio Cardone, los chicos de Pasado Verde, Mi Amigo Invencible, Maxi Amué, Dani Vinderman, Paula Neder, Mariana Parawäy, los Di Cesare, todos. Esos pibes vinieron todos talentosos, ¡son grosos en serio!.

–La mayoría de ellos ya no está viviendo en Mendoza…

–Es inevitable que se vayan. Por más que exista internet y haya acortado distancias, Buenos Aires como destino artístico es inevitable. Es necesario para el crecimiento. Hay un tema que tiene que ver con elección de vida, si querés ser un artista, si confiás en tu producto, tenés que ir a un lugar donde te lo paguen bien. Acá en Mendoza no se puede.

–¿Y vos por qué no te fuiste?

–A mí me encanta esta ciudad, laburar para la gente querida. Buenos Aires me encanta como lugar para visitarlo una semana, no para instalarme a vivir, no me veo allá. He viajado mucho, tengo familia, amiguísimos, y he pasado periodos allá, pero no más de 15 días.

«Tuve el plan de irme para el 2010, era una época en que yo trabajaba con Plaza Dandy muy bien, con una obra que se llamaba La vez que nos juntamos todos; el plan era dejar al elenco con otra obra y a fines de 2009 se murió un integrante y me modificó un poco los planes. Yo estaba empezando algunos trámites como para irme a laburar a Capital Federal, pero me cambió el timón todo eso», recuerda Iñaki.

 

Iñaki Rojas

 

–¿Te hubiera gustado irte?

-Creo que todavía puede pasar, en cualquier momento, no estoy casado, no tengo hijos, en el momento que se me ocurra me subo a un bondi y me voy.

–¿Hay algo que te haya quedado pendiente?

–Me gustaría viajar, conocer Estados Unidos. Tengo una cuestión fetichista casi con Nueva York, como que es mi barrio, pero lejos. Mi lugar en el mundo es la ciudad, el campo está bueno, el mar está bueno pero un rato, yo necesito perderme entre las calles.

–¿Y a nivel profesional?

–Me encantaría dibujar, pintar. Me encantaría tener el pulso para dibujar.

–¿Intentaste?

–Hice un cómic para la Dirección General de Escuelas, se llamaba Oíd Mortales, yo hice texto y dibujos. Se publicó en la revista Presente, yo alcancé a publicar en los cuatro primeros números, tenía un poquito de humor más para adultos, no era una historia para niños. Mi inspiración es la industria del cómic norteamericana, me fascina.

–Entonces sí has hecho de todo…

–Sí, pero no me pidás que te cambie un foco porque no tengo la menor idea, eso es algo que nos suele pasar a los artistas (risas).

–Es es más fácil conseguir a alguien que te cambie un foco que alguien que te escriba una novela…

–Sí, pero al que cambia el foco se lo pagan.

 

Iñaki Rojas

 

 

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