Comunicador social, profesor de literatura y fotógrafo. Facundo Piazza nos propone a través de sus obras una puerta a la libertad.

Cinco de la tarde. Facundo Piazza me invita a ingresar al comedor de su casa, solo veo cajas con fotografías, una mesa, una computadora y un sillón. De fondo suenan los Rolling Stones. Mate de por medio me cuenta que cuando termina su carrera, Licenciatura en Comunicación Social, comienza a trabajar en un diario como redactor. Allí se inicia como fotógrafo.

Según me cuenta Facundo la historia de cómo llega a la fotografía «es vergonzosa». «Yo tenía que tomar nota al entrevistado, pensar cómo iba a escribir y ya cuando estaba terminando, llega el fotógrafo que venía de su tercera o quinta entrevista. Eso me enfrentó a pensar que me estaba pasando algo con esta forma de expresarme. Una situación en la que no me había imaginado. Antes tomaba la fotografía como lo ve todo el mundo, como un captar de la realidad crudo y sin intervención. Así decidí pasarme del periodismo escrito a la fotografía, fueron dos años de transición». Por esto me atrevo a decir que llego a la fotografía circunstancialmente».

Facundo, a los veintidós años decidió perfeccionarse en este arte e ingreso en la Escuela de Fotografía que se encuentra en el Espacio de Arte Contemporáneo. «Estudié con Luis Vázquez y Sergio Pantalei, este último mi gran maestro». Al poco tiempo su ojo le fue marcando la forma de la imagen, lo que quería plasmar en sus obras. Pero no todo lo que brillaba era oro, sus ganas de perfeccionarse lo llevaron a Buenos Aires. Allí se capacitó en cuestiones más técnicas con Eduardo Mercuri «un genio del arte digital, mi segundo maestro».

Ya cuando volvió a Mendoza se dedicó de lleno a la fotografía. Facundo había encontrado que podría manipular la imagen al punto tal que imprimía su expresividad, algo así como quien genera su mirada a través de la pintura, como una obra de arte.

¿Qué obra podés definir como la primera?

Mi primera obra de arte es totalmente analógica “la bicicleta”, fue antes de irme de viaje pero no la consideré como tal. Cuando estaba estudiando futurismo italiano en la Universidad de Periodismo, se me ocurrió una idea de foto, la dibujé en un papel y le tomé la fotografía a un amigo. Después en el laboratorio del ECA terminé el proceso. Luego de unos años, ya viendo la foto enmarcada y colgada en una la casa de mis viejos, me di cuenta de que quedaba linda, que estaba bien. Ese fue el momento en que pensé en realizar la serie que se llama Futurismo Rezagado.

¿Cuándo fue tu primer muestra?

En el 2008, y todas han sido en el ECA. Artísticamente lo considero mi casa. Es una escuela en donde el alumno se relaja, te da gusto estar ahí.

¿Tenés alguna otra serie?

Sí, «Holgazanes». Es como un fanatismo, yo en mi casa puedo no tener heladera, pero no puedo no tener sillón. Son fotografías tomadas a distintas personas holgazaneando en un sillón. Todas están hechas con linternas, se pinta  y se va dibujando lo que vos querés; por donde pasas queda registro. Es una de las máximas expresiones de la libertad. Está toda hecha en Mendoza. Fue un trabajo práctico para la escuela en la que estudiaba en BA.

¿Sos holgazán?

Asquerosamente holgazán. El sillón es un lugar para sentarse a leer, a tomar mate, a pensar, a hacer nada, es para todo.

¿Dónde tomas fotos?

Donde se me relaje el ojo. Cuando empecé iba a todos lados con la cámara, hoy ya puedo reconocer dónde llevarla y dónde no. Hay lugares a los que no voy con ella porque decido vivirlos desde otro lado, ya sea como hincha de un partido de fútbol o un recital como fanático del rock. Pero cuando  planeo un viaje al exterior sí, en lo primero que pienso es en la cámara.

¿Qué buscas transmitir con tus fotografías?

Eso, transmitir. Busco que los espectadores sientan que la obra los interpela desde algún punto. Que se paren delante de una obra y puedan hablar de lo que sea. Que piensen más allá de lo que yo quiero decir. Me gustaría generar un espíritu crítico para generar un mundo mejor. La fotografía es 15% disparo, 35% edición y el otro 50% es producción.

¿En qué proyecto te encontrás actualmente?

Estoy con una nueva serie que se llama «el nuevo opio de los pueblos», pensada en la teoría de los alemanes de la Escuela de Frankfurt. Habla de los modos de mantener el statu quo a través de los medios que son el nuevo gobierno mundial. A pesar de que Internet maneja un montón de información paralela a los medios, estos siguen siendo el cuarto poder. Es una forma de criticar el lugar en el que nos posicionamos frente a los medios. En esta manejo otra estética, con colores desaturados. También doy clases en el secundario sobre literatura y hago lecturas en las plazas.

 

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