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¿Cuál es la mejor película de todos los tiempos y por qué es The Shawshank Redemption?

De fracaso en taquilla a liderar el ranking de IMDb desde hace años. Un repaso por la historia, los personajes y el mensaje de la obra maestra que se tomó su tiempo para conquistar al mundo.

¿Cuál es la mejor película de todos los tiempos? Podríamos estar horas debatiendo, pero si le preguntamos a IMDb –la gran enciclopedia del cine y la televisión en internet–, la respuesta es una sola: The Shawshank Redemption, también conocida como Cadena perpetua (España) o Sueños de fuga (Latinoamérica). Ahí sigue firme desde años en el puesto número 1 de la famosa lista de las 250 mejores películas, con un puntaje de 9.3 de 10, en base a más de 3 millones de calificaciones de usuarios y críticos.

¿Es mejor que Parasite? ¿Es mejor que El silencio de los inocentes? ¿Que Amadeus? ¿Que El Padrino? La mayoría de los críticos de plataformas como MUBI o revistas como Cahiers du Cinema probablemente digan que no. Pero ninguna película comercial y masiva se acerca con tanta profundidad a temas tan universales como la libertad, la esperanza y la resistencia como ésta.

De fracaso en taquilla a clásico absoluto

The Shawshank Redemption fue un fracaso cuando llegó a los cines en 1994. Costó unos 25 millones de dólares y recaudó apenas 29,4 millones. Tampoco ayudó que ese año compitiera en los Oscar con Forrest Gump y Pulp Fiction, donde tuvo siete nominaciones y no ganó ninguna.

La película encontró su público un tiempo después. Primero en VHS, donde terminó siendo la película más alquilada de 1994, y después gracias a la televisión por cable (especialmente TNT, que la pasó una y otra vez) se convirtió en un clásico del cine norteamericano. Es bastante apropiado que una película sobre la paciencia haya tardado tanto en convertirse en un fenómeno.

Una película que se toma su tiempo

Frank Darabont escribió y dirigió la película basándose en Rita Hayworth y la redención de Shawshank, la novela corta de Stephen King que forma parte de Las cuatro estaciones, uno de mis libros preferidos de la vida.

Y una de las cosas que más me gustan es que no tiene apuro. En una época en la que se exige que en una película esté ocurriendo algo todo el tiempo para no perder nuestra atención, esta se permite ir más lento. Está en la narración de Red, en las rutinas de la cárcel, en los años que transcurren y en esos pequeños momentos entre los personajes. La película entiende que, para hablar del tiempo, hay que obedecer su ritmo.

Hay una decisión de guión muy acertada: Andy Dufresne es claramente el protagonista, pero prácticamente nunca vemos las cosas desde su punto de vista. Conocemos a Andy como lo conoce Red: lo observamos desde afuera, sin saber exactamente qué piensa, qué está planeando ni qué siente. Tim Robbins, con una actuación muy contenida, acentúa todavía más ese misterio. Por eso, Andy termina siendo mucho más fascinante que si la película nos explicara todo sobre él.

Y cuando finalmente rompe ese silencio, el impacto es enorme. La escena en la que suena Las bodas de Fígaro de Mozart por los parlantes de la prisión es probablemente el momento que mejor resume toda la película. Los presos se quedan quietos escuchando una música que, literalmente, no puede atravesar esas paredes, pero durante unos minutos, lo hace, y les devuelve la esperanza.

Y el personaje de Red representa casi lo contrario. Dentro de Shawshank es alguien. Tiene contactos, respeto, puede conseguir cosas que los demás necesitan. Afuera, en cambio, es un hombre mayor que no sabe dónde encajar.

Por eso la historia de Andy y Red funciona tan bien en conjunto. Andy necesita conservar su esperanza para sobrevivir a la cárcel. Red necesita recuperar la suya para sobrevivir a la libertad. Y ahí aparece una de las ideas más lindas de la película: que la libertad no empieza necesariamente cuando se abre una puerta. Empieza mucho antes, en la cabeza.

También hay un elemento clave que refleja la maestría con la que fue hecha la película. El director de fotografía Roger Deakins filma Shawshank como si la prisión fuera un personaje más. Los enormes muros, los pasillos, el patio, las celdas, todo parece diseñado para hacer sentir el peso de ese lugar sin necesidad de estar recordándonos todo el tiempo que estamos viendo una película sobre una prisión. Y el compositor Thomas Newman hace algo parecido con la música. No intenta decirnos qué tenemos que sentir en cada escena. Está ahí, acompañando, creando una atmósfera que muchas veces funciona incluso antes de que entendamos por qué. Es una película que confía muchísimo en sus imágenes, en sus actores y en el espectador.

Entonces, ¿es la mejor película de todos los tiempos?

Probablemente no exista una respuesta objetiva. Pero entiendo perfectamente por qué millones de personas la siguen colocando en el primer lugar. Porque habla de algo que nos atraviesa a todos: la sensación de estar atrapados. En una situación, en una rutina, en un miedo, en una relación, en una versión de nosotros mismos de la que no sabemos cómo salir. Y por eso ese final conmueve de la manera que lo hace.

Después de pasar toda la película entre grises, paredes y barrotes, de repente aparece el cielo, el sol, el mar y dos amigos que finalmente vuelven a encontrarse. Ese abrazo entre Andy y Red es una catarsis que sentimos propia. Esto es porque nos recuerda que el camino de resistencia para conservar nuestra integridad frente a lo peor de la vida vale la pena. Es tal como decía el póster original de la película: “La esperanza puede liberarte”. Es un recordatorio eterno de que la verdadera libertad siempre se empieza a construir desde adentro.

Disponible en HBOMax y Netflix.

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