Gustavo Coppoletta dice lo que piensa sin mucho filtro y por eso nos encanta charlar con él. El artista mendocino expone «El futuro será estampado o no será», muestra que puede visitarse en Navarro Correas hasta mayo. Además, se prepara para el estreno de su segundo film, Voladora.

  • Autor:Jimena Fernández Arroyo

Por Jimena Fernández Arroyo

Vivió en Chile, en España y en Italia. También en Córdoba y en Buenos Aires. Pasó algunas temporadas en ciudades tan distintas y asombrosas como Nueva York, Ámsterdam o El Líbano. Fue el primer argentino en llegar con sus obras a importantes galerías de Medio Oriente, como el Museo Nacional de Arabia Saudita, donde expuso en 2009.

Desde hace algún tiempo, su vida transcurre entre Mendoza y Barcelona, ciudad donde vivió seis años. «Ese es mi lugar en el mundo, pero ahora que tengo sobrinos estoy más tiempo acá. Probablemente me vaya en junio, después del estreno de Voladora, y me quede unos meses, ya que tengo una muestra en Mónaco, en noviembre. Pero ya no te vas a vivir a un solo lugar, hoy el mundo es accesible, vas y venís», asegura Gustavo Coppoletta (47).

 

Coppoleta

El artista mendocino vivió en ciudades tan distintas como asombrosas.

 

El artista confiesa su curiosidad con respecto a la mujer, por eso pinta nuestros pies y los zapatos que usamos. Pero además de tobillos y pantorrillas femeninas, en la obra de Coppoletta encontramos otras constantes, como los coloridos e hipnóticos patrones que utiliza para distintas superficies. Así vemos pisos con guardas o rombos, faldas cuadrillé o medias a rayas.

Los animales también son objeto de su atención y parte de su trabajo: perros, caballos, gallos y toros. Precisamente son algunos de esos seres, los que el artista decidió «estampar». Coppoleta imagina un futuro cercano en donde «la gente se va a poder dibujar genéticamente, se va a poner de moda estamparse».

Con la excusa de su más reciente exposición –puede visitarse hasta mayo en Navarro Correas–, «El futuro será estampado o no será», y del próximo pre estreno de su segunda película, Voladora, nos dejamos seducir por su encanto rebelde y sus frases polémicas: nuestras preferidas.

 

Coppoleta

Mendoza es para Coppoletta “como una mujer hermosa con mal aliento”.


–Contanos brevemente cómo fue tu formación como artista.

–Fue autodidacta. Estudiaba Arquitectura, me mudé a Córdoba donde conocí a pintores muy importantes como Carlos Alonso o Roger Mantegani. Tenía algunas cosas hechas y ellos me animaron a dedicarme a pintar. Abandoné la facultad y de ahí no paré. En Córdoba trabajé en un anticuario, donde había muchas pinturas japonesas para restaurar, y me presentaron a un japonés, Toni Yamada, que era como un monje zen, estudié con él un tiempo.

–¿Quedó algo de esa impronta oriental en tu estilo de pintura?

Sí. Por ejemplo tomar un objeto, sacarlo de contexto y resignificarlo. Aprender a simplificar. Despojarte un poco de tanta técnica, de tanto manierismo, de tanto barroco. Pintar en base a la contemplación, la idea es que vos mirés algo hasta que te transformés un poco en eso. Después sólo tenés que expresarlo.

 

Coppoleta

Una de las pinturas de “El futuro será estampado o no será..”.


–¿Qué te define más: «artista plástico», «cineasta» o «artista» a secas, que engloba un poco de ambas y más?

–Supongo que «artista plástico», por lo visual, por el tratamiento de la imagen. No me siento ni cineasta ni un gran pintor.

–¿Cómo describirías tu estilo frente a alguien que no sabe qué es lo que pintás?

–El estilo es figurativo. Son cosas que se reconocen aunque no sean reales. Tienen sombras, perspectivas o volúmenes que no corresponden. Vos reconocés lo que hay, pero no es una foto.

 

 

Coppoleta

Bajo el parasol, la modelo y actriz Ana Victoria de Vincentiis, protagonista de Voladora.

 

–En 2001 hiciste tu versión de la marcha de la Vendimia. ¿También cantás?

–Canté ahí. Es una versión para discoteca, se llama Vendimia Dance. Estuvo en el disco Demos del desierto, un proyecto gubernamental para recuperar la música local. La usaron para una fiesta de la Vendimia Gay. En una radio AM la pasaron junto a la marcha tradicional y la gente llamaba indignada. Ahora hice una marcha nueva, con silbidos y una guitarra, para los títulos finales de Voladora.

–En una oportunidad dijiste que Mendoza no tenía ningún museo «demasiado digno». ¿Qué harías al respecto si fueras ministro de Cultura de la provincia?

–Una ley de mecenazgo. Y en seis meses tenés plata para hacer el museo que quieras. Estuve hace poquito en Salta, donde hay 15 galerías de arte que funcionan profesionalmente, con programas anuales y artistas que recorren el país. Por cosas como esta, Mendoza para mí es como una mujer hermosa con mal aliento. De lejos es maravillosa, te acercás y hay algo bastante insoportable que te molesta.

 

Coppoleta

Gustavo fue el primer argentino que expuso sus obras en museos de Medio Oriente.

 

–¿Qué experiencia tuviste con el INCAA cuando filmaste tu primera película, El faldón?

–Vos presentás un proyecto, el INCAA lo califica y te da o no el interés. Yo tuve el interés por ese proyecto en julio de 2008. Ese interés implica que te dan un subsidio una vez que la película está terminada. Pero el instituto te pone un intermediario, hay un sistema de productores, y una vez que vos tenés esa declaración de interés, ellos invierten, ponen la plata en la película, para después cobrarse el subsidio. Eso ya está transformado en un negocio, sobre todo para algunos, que llevan ahí mucho tiempo. Como había otras películas con subsidios mayores, a esta sencillamente la dejaron abandonada. La terminé yo por mi cuenta. Con el interior, el INCAA es una vergüenza. A la película la tomo como una beca. Pero la voy a hacer de nuevo el año que viene, mejorada. Voy a empezar a hacer la preproducción en Barcelona, muy pronto. No se va a llamar El faldón, sino Reflejo. La idea es traer producción de allá para hacer la película acá.

 

Coppoleta

«El faldón fue para mí fue como haber hecho un retiro espiritual, un curso de coaching y una escalada al Aconcagua», dice Gustavo.


–Además de los inconvenientes con el INCAA, ¿un actor de El faldón murió en pleno rodaje?

–En realidad el papá de Gastón y de Nicolás, Axel Pauls, murió el día anterior a venir a Mendoza. Lo tuvimos que reemplazar con un actor de Tunuyán. Esa película para mí fue como haber hecho un retiro espiritual, un curso de coaching y una escalada al Aconcagua.

 

Coppoleta

Hipnóticas guardas en superficies como pisos, faldas o medias.


–Hablanos de Voladora, tu nueva película

–A Voladora la vamos a pasar en los cines departamentales y va a ser la primera película que va a financiarse solamente con el público mendocino. Logramos una estructura muy chiquita, como una cooperativa, y no va a ser difícil hacer que 10 mil, 12 mil personas vayan al cine. El 26 de abril a las 18, en el cine de La Consulta, es el pre estreno. Porque ahí empezó todo. La idea es ponerla a un precio popularísimo para que vaya todo el Valle de Uco. Van a ver Mendoza de una manera distinta.

 

Coppoleta

El director, interesado en contar las historias de esos mendocinos ilustres que nadie «registra».


–El romance ficticio entre la primera aviadora argentina y un piloto francés que se accidentó en Mendoza… ¿Por qué decidiste contar esa historia?

–La historia de Voladora está inspirada en Carola Lorenzini, aviadora y deportista argentina, una chica que de muy joven sabía lo que quería, era súper talentosa, cojonuda, inteligente y arrojada. Lo de ella fue importantísimo. Y en Francia, Henri Guillaumet es como acá Jorge Newbery, un héroe de la aviación. Se estrelló con su avión en la Laguna del Diamante, en 1930. Había pasado casi una semana y lo dieron por muerto. Pero un chico de 14 años, Juan Gualberto García, lo encontró y le salvaron la vida acá. Tiempo después, García fue invitado por el gobierno francés y el presidente Jacques Chirac le dio la Legión de Honor. Fue tratado como un héroe. A mí me llamo la atención esta historia y me di cuenta de que no registraba a muchos mendocinos ilustres. Empecé a investigar un poco y tengo a un par de personajes «guardados» para hacer algo, por ejemplo con Hugo Fregonese, un director de cine oriundo de Maipú, que trabajó en Hollywood.

 

Coppoleta

Lo primero que va a hacer cuando llegue a Barcelona va a ser «salir a cafetear por La Barceloneta».

 

–Volviendo a la plástica, renegás de curadores y críticos de arte, de los cócteles y las fotos. Pero vos también sos parte de esa movida en Mendoza. Como artista, si no estás un poco en esa, ¿te quedás afuera?

–Los críticos y los curadores para mí son seres innecesarios que no aportan ni acá ni en la China. Los curadores son agentes políticos que han tomado mucho poder, hoy por hoy son los que deciden qué es arte y qué no. Y pasa que los nuevos ricos ignorantes necesitan un asesor. Es un obstáculo más entre el artista y la gente. A mí me da vergüenza ajena que hoy en las bienales o las muestras grandes esté el nombre del curador en mayor tamaño que el de el o los artistas. Eso me parece miserable. Me he dado la vuelta al mundo organizando muestras por todos lados solo y haciendo todo yo. Y la crítica en Mendoza no existe. El periodismo cultural es un gran ejemplo de la mediocridad local, es «ombliguista» y «amiguista». Mendoza no tiene peso específico ni para hundirse ni para elevarse. Vos podés ser Rembrandt y no se van a dar cuenta.

 

Coppoleta

El afiche de Voladora, la segunda película de Gustavo.


–En Navarro Correas, en el marco de la más reciente edición de Bodega Abierta al Arte, inauguraste la exposición «El futuro será estampado o no será». Contanos de qué se trata.

Son unos doce acrílicos con seres estampados. Yo creo que en un futuro cercano, la gente se va a poder estampar, dibujar genéticamente. Se va a poner de moda estamparse, porque el querer embellecerse es algo tan innato en las personas, que no va a tener límites. Es un paso más de la manipulación de la imagen. Incluso el futuro del cine, así como el estampado, va a ser el cine «a pedido». Gente con plata que le va a pedir a un cineasta que haga “su” película, para hacer con ella lo que ellos quieran. El «coleccionismo de cine» va a ser como una categoría más.

 

Coppoleta

El protagónico masculino en Voladora, fue para el cordobés Guillermo Pfening.

 

Ping pong para «Coppo»

Tu museo favorito: El Museo del Chocolate, en Pamplona.
Un artista admirado: Daniel Barenboim, un santo en vida.
Un cineasta: Hugo Fregonese y Wes Anderson.
La última película que viste y recomendarías: F for Fake, de Orson Welles.
Una canción que no te cansás de escuchar: Mi morena, de Kiko Veneno. Me recuerda mucho mi vida en España.

 

En síntesis

«El futuro será estampado o no será». Muestra de Gustavo Coppoletta. En la Bodega Navarro Correas (San Francisco del Monte 155, Godoy Cruz). Horarios de visitas regulares: De lunes a viernes a las 10, 12 y 15hs y sábados 10 y 12 hs. Con reserva previa. Fines de semana: largos y/o puente.

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