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5 autores, 5 libros: una guía para leer el hoy de la literatura latinoamericana

¿Qué puede decir la literatura sobre el mundo de hoy? En esta ocasión te traemos cinco autores latinoamericanos que, desde sus historias, iluminan los conflictos, tensiones y preguntas de nuestro tiempo.

América Latina continúa cosechando escritores que destacan por su trascendencia y su compromiso con las discusiones latentes del mundo contemporáneo. Nombres como Samanta Schweblin, Camila Sosa Villada, Alejandro Zambra, Leonardo Padura y María Fernanda Ampuero resuenan en el presente no solo por los premios internacionales que los visibilizan, sino –y sobre todo– por lograr que en sus textos se lea cómo sus miradas críticas se posan sobre la cultura, la sociedad y la política de nuestros días.

1. El buen mal (2025), de Samanta Schweblin

Samanta Schweblin ha sido recientemente reconocida por su última obra, El buen mal. Y hace unos días este mismo libro ganó el premio O. Henry de narrativa breve (exacto: este libro no es una novela, son cuentos), concedido por Estados Unidos y correspondiente a uno de los galardones literarios más importantes del ámbito cultural. 

El buen mal es perfecto para vos si te gusta esa literatura que cautiva por lo incómoda, perturbadora y asfixiante que puede llegar a ser. Schweblin logra en pocas páginas (ningún cuento supera las 50) sumergirnos en situaciones cotidianas en las que el terror irrumpe casi sin darnos cuenta, por nocaut e incluso por error. Relatos como «Bienvenida a la comunidad» y «El ojo de la garganta» sobresalen por la maestría con la que Schweblin humaniza a sus personajes y los vuelve víctimas de sus propios defectos, circunstancias y voluntades, a tal punto que la tragedia resulta inminente para todos y cada uno de ellos. 

Random House, el sello editorial que acertó en publicar esta obra, nos dice sin dudarlo que Schweblin «conoce la mejor de las infinitas posibilidades de una historia y el modo de encajar las piezas de una trama para dar con un gran relato…». Nosotros estamos de acuerdo.

2. Tesis sobre una domesticación (2023), de Camila Sosa Villada

¿Escuchaste alguna vez hablar de esa actriz que también es escritora, dramaturga y… travesti? Al menos así se presenta Camila Sosa Villada, una de las figuras literarias más importantes de Argentina y de la literatura contemporánea en lengua hispana.

En realidad Camila es una mujer transgénero (aunque ella insista en su etiqueta travesti) y su obra es un emblema de la literatura LGBTQ+ actual. Su primera novela, Las malas (2019), se convirtió en un éxito editorial y fue traducida a más de 10 idiomas. Narra las vivencias de un grupo de travestis que ejercen la prostitución y ofrece, de esta manera, un panorama crítico de las formas de vida de esta comunidad. 

Su segunda novela es Tesis sobre una domesticación, un poco más cauta en su trama, pero no por ello menos crítica en su argumento. La protagonista es una reconocida actriz travesti (cuya voz conserva los ecos de la voz de su autora) que, contra todo pronóstico, se enamora de un hombre homosexual, contraen matrimonio, adoptan un hijo y sin querer terminan conformando el modelo de familia tradicional.

 

Tesis sobre una domesticación brilla por la solidez del diagnóstico que ofrece en torno a las formas vinculares actuales (como el poliamor y las relaciones abiertas) y la fragilidad de los códigos que las sustentan. A través de una escritura irónica y despojada –aunque también bastante cruda– habla, al fin y al cabo, de cómo estas identidades afirmadas y reafirmadas terminan diluyéndose, «domesticándose» para no sentirse tan solas; porque el discurso que les ha servido para defender su libertad es también lo que amenaza el extraño amor que se ha creado entre ellas. 

El año pasado Tesis aterrizó en la pantalla grande bajo la dirección de Javier Van de Couter y la participación de Sosa Villada en el guión y la actuación: ella encarna a su propia protagonista y traduce al lenguaje audiovisual su irrepetible insignia literaria. 

3. Poeta chileno (2020), de Alejandro Zambra

En Poeta chileno, Alejandro Zambra construye una historia que parece, a primera vista, girar en torno a la poesía. Pero rápidamente queda claro que el tema es otro –o, mejor dicho, muchos otros: cómo se constituye una familia, qué significa ser varón hoy y por qué seguimos buscando pertenecer a ciertos espacios.

La novela sigue a Gonzalo, un joven que quiere ser poeta y que, casi sin darse cuenta, termina ocupando un lugar ambiguo en la vida de Vicente, el hijo de su pareja. No es su padre, pero tampoco es cualquier cosa. Esa incomodidad –cómo nombrarse, cómo vincularse– atraviesa todo el libro y nos va dejando pistas sobre los prejuicios que arrastramos en torno a la masculinidad y la paternidad. 

«como concretando un pensamiento no formulado, tomó el diccionario y buscó la palabra padrastro. Leyó la primera acepción: ‘Marido de la madre, respecto de los hijos habidos por ella’. La segunda decía directamente ‘Mal padre’ […] Diccionario de mierda, Real Academia Española de la concha de mi madre, pensó».

Con humor y mucha ironía, la novela también se introduce en el mundo de la literatura latinoamericana, ese pequeño universo lleno de egos, mitos y contradicciones. Zambra juega a desmontar la idea del poeta como figura heroica e intelectual y deja ver algo más humano: inseguridad, deseo de reconocimiento y una necesidad constante de pertenecer a un mundo que es, en muchos sentidos, puro caretaje (o más bien, en palabras del personaje, «un mundo divertido, pero cansador […] son todos muy intensos»).

En el fondo, Poeta chileno no es tanto una novela sobre poesía sino una novela sobre vínculos. Sobre los lazos que elegimos, los que forzamos y los que no sabemos bien cómo mantener. Y también sobre esa sensación tan actual de sentirse siempre un poco afuera, intentando encontrar un lugar propio.

4. Como polvo en el viento (2020), de Leonardo Padura

«¿Cómo se hacen las vidas, los destinos de las personas?». Esa es la pregunta que palpita en cada trazo de esta novela cubana. A diferencia de otras historias, en las que el personaje principal es una sola persona, el protagonista de esta trama es colectivo: un grupo de amigos que compartió su juventud en La Habana, hoy está disperso por distintos rincones del mundo a causa del régimen político que los obligó a exiliarse. 

«¿Cómo se hacen las vidas, los destinos de las personas? ¿Qué espacio habrá tenido ella en la memoria o en la desmemoria de unos seres con los cuales, en otra encarnación, había compartido todo: felicidad, miedo, esperanzas, frustraciones, amores, traiciones, fidelidades, secretos, hambres y hartazgos?»

Padura construye una trama en forma de mapa afectivo: saltos en el tiempo, múltiples voces y espacios que reconstruyen qué pasó con ese grupo y qué significa haberse ido –o haberse quedado– en la Cuba post-revolucionaria. Una Cuba que, con el paso de los años, dejó al descubierto sus fisuras, evidenció el desgaste de la utopía socialista y terminó empujando a muchos de los suyos hacia el exilio.

Como polvo en el viento es también un himno a la amistad como forma de resistencia frente a las adversidades. Padura muestra cómo, a pesar de las distancias y los silencios acumulados, subsiste entre los personajes una red de afectos que no termina de romperse. La novela nos muestra que, en contextos de ruptura política, social y personal, la amistad puede funcionar como una última forma de continuidad: un hogar al que volver cuando todo lo demás se desmorona.

Pero ese lazo no está exento de tensiones. También arrastra culpas, reproches y desigualdades entre quienes se fueron y quienes se quedaron. En ese limbo inestable entre ruptura y permanencia, la novela sugiere que pertenecer (a un país, a un grupo, a una historia común) quizás no dependa tanto de la cercanía como de la perseverancia en sostener los vínculos.

5. Pelea de gallos (2018), de María Fernanda Ampuero

Los temas que aborda esta escritora ecuatoriana son tan terribles como necesarios. En Pelea de gallos, su libro de cuentos más aclamado, predomina una voz fría, indiferente, a la que poco le importa el disgusto que pueda generar en el lector, aunque al mismo tiempo pareciera estar permanentemente conteniendo un grito. 

Ampuero escribe sobre la violencia estructural que atraviesa la vida de muchas mujeres en Ecuador, pero lo hace desde un lugar inquietante: el de lo íntimo. Sus historias transcurren en casas, familias y entornos cotidianos donde el peligro no viene de lo desconocido, sino de lo cercano y lo habitual. 

Su literatura no es apta para sensibles, pero sí fuertemente recomendada para quienes no temen leer en la ficción las facetas más oscuras de la realidad: «hay que tenerle más miedo a los vivos que a los muertos», nos dice en uno de sus relatos.

La escritura de Ampuero es directa, sin adornos ni emociones, a pesar de que se intuye todo el tiempo un enojo rebosante. Esa ira reprimida es, justamente, lo que impacta en sus relatos: el horror se va filtrando casi naturalmente.

Pelea de gallos no es un libro cómodo pero ahí radica su fuerza: en su capacidad para incomodar, para obligar a mirar de frente aquello que muchas veces se prefiere ignorar, y para mostrar que, en ciertos contextos, la violencia es parte del día a día.

Leer a estos autores es, en definitiva, una forma de leer nuestro presente. En sus obras, tan distintas entre sí, aparecen las preguntas que atraviesan el momento que nos toca vivir: la pertenencia, la identidad, la violencia, los vínculos con los otros. La literatura no ofrece respuestas eternas, pero sí algo igual de valioso: la posibilidad de mirar de frente lo que nos inquieta y, quizás, entender un poco mejor el mundo que habitamos.

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