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«La invitación» para reírte (¿e incomodarte?) en el cine

Estrenó la comedia inteligente dirigida y protagonizada por Olivia Wilde, quien encontró el tono justo para hablar del deseo y el desencanto en la vida matrimonial.

La invitación (The Invite, 2026) arranca como una comedia incómoda sobre un matrimonio en crisis que decide invitar a cenar a sus vecinos del piso de arriba, quienes no los dejan dormir por sus ruidos sexuales. Una decisión bastante absurda, pero completamente coherente con el nivel de frustración que manejan. La mezcla entre humor e incomodidad es constante y, en una sala llena, se vuelve aún más efectiva. 

En su tercera película como directora, Olivia Wilde se mete de lleno en la intimidad de una pareja y en todo aquello que permanece sin decir. Filmada en 35 mm, la película tiene una textura orgánica por la que la propia Wilde decidió apostar y financiar para preservar su visión.

La premisa no es nueva, pero el guión de Will McCormack y Rashida Jones logra darle frescura. La historia adapta Los vecinos de arriba, del catalán Cesc Gay, obra que también tuvo una versión argentina dirigida por Alejandro Daulte y protagonizada por Diego Peretti y Florencia Peña.

Conociendo a los vecinos

Angela (Wilde) lleva años atrapada en una rutina que la asfixia, mientras que su esposo Joe (Seth Rogen) es un ex-músico convertido en profesor que parece desconectado de todo lo que alguna vez lo hizo feliz. Quienes tocan el timbre de su departamento, tras la invitación, son Piña (Penélope Cruz) y Hawk (Edward Norton), una pareja que vive sin demasiadas reglas, mucho más desinhibida y aparentemente más libre que ellos. Muestra una forma completamente distinta de entender el deseo, la pareja y los códigos vinculares. 

El gran juego de la película es ese «¿van a hacerlo o no?» medio perverso y cada vez más incómodo. Pero Wilde no se queda en la provocación fácil. Lo que empieza como una comedia incómoda, casi una sitcom subida de tono, de a poco se convierte en algo mucho más interesante: un retrato ácido de la frustración, el deseo y todo aquello que una pareja intenta sostener cuando seguir juntos empieza a ser más agotador que separarse.

Porque, al final, más que de sexo, La invitación habla de lo que pasa cuando dos personas dejan de mirarse, aunque sigan compartiendo el mismo espacio. A veces, solo hace falta que alguien irrumpa en esa rutina para dejar al descubierto todo lo que venían evitando.

Y cuando el clímax desciende, más o menos pasando la mitad de la película, todo empieza a acomodarse. Wilde corre un poco la puesta en escena que hasta ese momento venía bastante cargada, y les deja el peso a los actores. Y ahí es donde la película realmente aparece. 

La invitación a pensar la trama y sorprenderte

Pasada la mitad de la película, cuando baja la intensidad, todo empieza a acomodarse. Wilde aligera una puesta en escena que hasta entonces venía bastante cargada y deja que el peso recaiga sobre los actores. Y es ahí donde la película realmente aparece.

En ese tramo final, además, todos actúan a un altísimo nivel. Lo mejor de Hollywood, realmente. Es difícil elegir un favorito: cada uno empuja la película hacia un lado distinto y todos funcionan. 

Wilde, como directora, termina de cerrar su mejor trabajo hasta ahora. Hay algo en esa última media hora, y especialmente en el hermoso plano final, que termina de ordenar todo sin subrayarlo: de golpe entendemos que estuvimos todo el tiempo espiando una intimidad que parecía ajena pero que, en el fondo, nos resultaba demasiado familiar. 

Lo mejor es que La invitación nunca juzga a sus personajes. No empuja a ponerse del lado de una pareja o de la otra, ni convierte sus contradicciones en moralejas. Los observa, los expone y los deja en evidencia. Empieza queriendo impresionarte, medio a los codazos, pero cuando se relaja encuentra un ritmo mucho más seguro, más natural. Ahí es cuando deja de sentirse como una película que te quiere decir algo y pasa a ser algo mejor: la sensación de estar mirando a gente existir, con todas sus contradicciones. 

Mega recomendada para ver en una sala llena: es graciosa, incómoda y de esas películas que se disfrutan todavía más cuando las risas y la incomodidad son compartidas.

The Invite está disponible sólo en salas comerciales. 

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