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Hasta encontrar a Esperanzah.

A los 26 años, Espe Careri presenta esperanzah., un disco atravesado por los lugares, vínculos y experiencias que marcaron su recorrido. Después de años buscando su sonido afuera, decidió empezar de nuevo, mirar hacia adentro y hacer música desde un lugar más propio.

«Aprendí que, si no canto, me muero. Cantar me cura», dijo alguna vez Mercedes Sosa. La frase pertenece a otra mujer, otra época y otra historia, pero encierra algo universal para quienes encontraron en la música mucho más que una profesión. En la vida de Esperanza Careri, cantar también se hizo presente cuando hubo que elegir, insistir, empezar de nuevo. 

Nació y creció en San Martín, Mendoza, en una familia donde la música llegó primero de la mano de su mamá, profesora de música y cantante. Sin embargo, cuando terminó el colegio y apareció esa enorme pregunta sobre el futuro, eligió Arquitectura. Duró poco: la música tiraba más fuerte y decidió ir detrás de ella: estudió canto, comedia musical, pasó por la academia de Valeria Lynch y comenzó a construir un camino que, aunque entonces no lo supiera, terminaría llevándola lejos.

Después vendrían La Voz Argentina, Posdata, Gauchito Club, Buenos Aires, nuevas canciones, algunos momentos difíciles y personas que aparecieron para sostenerla cuando había que seguir empujando para adelante. 

Cinco años después de aquella aparición televisiva que hizo que muchos escucharan por primera vez su nombre, parece haber encontrado algo bastante más difícil que la visibilidad: una voz propia y una manera de mostrarse en la que, finalmente, se reconoce.

El resultado tiene once canciones y un nombre que, de alguna manera, siempre había estado ahí: esperanzah.. Con h y punto final, sí. Pero Esperanza al fin.

—Después de crecer tan cerca de la música, ¿por qué apareció Arquitectura? ¿En qué momento entendiste que tu lugar estaba en otro lado?

La Arquitectura siempre me gustó. Me interesa todo lo relacionado con el arte, pero la elegí principalmente porque pensaba que tendría una salida laboral más factible. Había descartado la música porque no conocía a nadie en San Martín que viviera de un proyecto propio.

Cursé unos meses y me sentí muy vacía. Después de probar otras carreras, hice orientación vocacional y entendí que, si iba a dedicarme a algo durante toda mi vida, tenía que elegir algo que realmente me llenara.

Entré a estudiar Música en la Universidad Nacional de Cuyo, empecé a componer y no pude parar. Siempre había soñado con ser una superstar, pero lo veía como algo imposible. La orientación vocacional me ayudó a entender que podía, al menos, intentarlo.

—En ese camino apareció La Voz Argentina, aunque necesitaste dos intentos para entrar. ¿Cómo llegaste al programa y qué te dejó esa experiencia?

En el primer casting quedé preseleccionada, pero después no me llamaron. Mi mamá y mis amigos insistieron para que volviera a presentarme. En la primera audición canté Fallin’, de Alicia Keys, y para la audición a ciegas elegí Feeling Good porque me parecía más épica. Cuando tuve que elegir, opté por Mau y Ricky porque fueron los primeros en darse vuelta. Pensé: «Escucharon dos notas y confiaron en mí».

Principalmente, me dejó visibilidad y amigos. No siento que me haya dado tantas herramientas porque no te enseñaban a cantar ni te acompañaban demasiado. Cuando el programa termina, te sueltan la mano y tenés que volver a empezar desde cero. Lo más importante fue conocer personas con el mismo sueño que yo. Ahí conocí a Victoria May, que hoy es una de mis mejores amigas y participa en Reflejo, la única colaboración del disco.

—En 2022 apareció Posdata, tu primer EP. ¿Quién era la Espe que hizo esas canciones?

Lo compuse en 2020, antes de La Voz. Fueron mis primeras canciones. Habíamos hecho seis con Diego Navarro —Dan Produce— para presentarlas a una convocatoria, aunque finalmente salieron cuatro.

Ahí descubrí que me gustaba escribir, que las melodías me salían con facilidad y que quería dedicarme a eso. Era una Espe muy chica, que acababa de terminar la secundaria, descubrir la composición y atravesar su primera decepción amorosa.

Siempre fui curiosa y tuve la necesidad de explorar mi interioridad, sincerarme con mis emociones y encontrarme. 

—Después pasaste de intentar construir tu proyecto a acompañar a otros como corista de Gauchito Club. ¿Qué significó esa experiencia?

Fue un antes y un después. Después de La Voz entré en una depresión porque había tenido mucha exposición y, de repente, no tenía nada. Pensaba que quizás tendría que abandonar la idea de dedicarme a la música.

Ahí apareció Gauchito Club. Empecé a trabajar en algo que amaba, quedé como corista fija y giré con ellos por Argentina, Uruguay, Paraguay y Chile. La primera vez que salí del país fue con la banda.

Me dio muchísima experiencia y seguridad sobre el escenario. Ahí entendí que quería viajar por el país y por el mundo haciendo música. Gran parte de la confianza que tengo hoy se la debo a todos esos escenarios.

—Mientras intentabas sostener tu proyecto apareció Yeya, Xexa Ipanema Luz, a quien definís como tu «hada madrina». ¿Cómo llegó a tu vida y cómo terminó ayudándote a apostar por tu música?

Llegó a través de mi hermano, que tiene una discapacidad. Mi mamá estaba buscando ayuda para encontrar un diagnóstico y un tratamiento que funcionaran, y conoció a Yeya porque ella también tiene una hija autista.

Yeya ayudó económicamente a mi familia para que mi hermano pudiera atenderse con un psiquiatra muy importante. Esa consulta fue un antes y un después en su tratamiento, así que mi mamá quedó eternamente agradecida y mantuvieron el vínculo.

Un día, mi mamá le mostró un videoclip que había hecho con muy poco presupuesto. Yeya lo vio con Max, un amigo suyo vinculado al mundo audiovisual, y él le dijo que era increíble lo que habíamos logrado con tan pocos recursos.

Yeya hizo posible que llegara al lugar en el que estoy hoy. Por eso digo que es mi hada madrina: primero ayudó a mi familia en un momento muy difícil y después volvió a aparecer para ayudarme a hacer realidad mi música.

—Hubo un disco anterior a esperanzah. que decidiste no publicar. ¿Qué pasó con ese material?

Fue parte de otra búsqueda. En ese momento estaba cegada por las ganas de volver a tener la exposición que había conseguido con La Voz. La búsqueda nacía más desde el ego y la necesidad de pegarla que desde mi pasión.

Veía que funcionaba el reguetón y hacía reguetón. Si estaba de moda el hyperpop, iba por ahí. Eran cosas que también me gustaban, pero no terminaban de ser honestas ni de representar mi identidad.

Le tengo mucho cariño a ese disco porque me permitió descartar lo que no era para mí y entender qué quería hacer. 

—¿Cuándo entendiste que, intentando ser vista, te estabas alejando de vos misma?

La primera vez que sentí una validación masiva fue en La Voz. De repente, mucha gente hablaba bien de mí y me decía que cantaba bien. Yo quería recuperar esa sensación a cualquier precio, incluso dejándome a mí misma de lado.

Después entendí que necesitaba estar bien conmigo y que, si llegaba la validación de los demás, quería que fuera por algo realmente honesto y ciento por ciento mío. Dejé de buscar ser vista a cualquier costo y empecé a preguntarme quién era y qué quería mostrar.

—De ese empezar de cero nació esperanzah.. ¿Quién es la Esperanza que aparece en estas once canciones?

Es una Esperanza que no tiene miedo de ser ella misma, de habitar sus distintas versiones y de ser auténtica en contextos diferentes. El disco es mi carta de presentación. Hablo de mí, de mi vida y de distintas maneras de transitar lo que me pasa.

—¿Por qué llamarlo esperanzah.?

Porque es un álbum homónimo y siento que me representa. La esperanza como concepto tiene mucho que ver con cambiar y crecer. Me gusta pensar que no se pierde, sino que se transforma: dejás de depositarla en una situación y empezás a ponerla en otros vínculos, experiencias o posibilidades.

También es, obviamente, mi nombre. A la Peque ––que distribuye mis canciones con Fader Digital––, se le ocurrió agregar una h al final, como Erykah Badu, una de mis grandes referentes. El punto final apareció por otra referencia musical: Anderson .Paak. Me gustó cómo quedaba y dije: «Esperanza con h y punto. Listo, no hay discusión».

—En el álbum conviven muchas versiones tuyas. ¿Necesitabas mostrar que no había una única Esperanza?

Simplemente me permití ser mis distintas versiones y dejar que convivieran.

Una no es igual con una amiga, una pareja, la familia o dentro de un ámbito profesional. Todas esas versiones forman parte de una misma persona. Ser yo misma también significa habitar cada una de esas Esperanzas.

Por eso también quiero empezar a darle más lugar a mi nombre completo. Espe sigue siendo mi apodo, pero quiero que la gente me conozca como Esperanza.

—De todas las canciones, dijiste que Vendo besos es tu favorita. ¿Por qué?

Me encanta sonora y compositivamente. Empieza como un bolero, termina medio salsera y siento que tiene soul en el alma. También me permite pasar por distintos registros vocales y creo que me representa mucho como cantante.

La compuse muy rápido. Busqué en YouTube una percusión de bolero a 90 BPM y empecé a cantar encima: «Vendo besos de tu boca…».

Me interesaba mezclar dos mundos que aparentemente no tenían relación: vender y besar. Quería economizar el desamor y la bronca. Es como decir: «Todavía tengo tus besos en la cabeza, pero me da tanta bronca extrañarte, que quiero venderlos para sacármelos de encima».

Además, es una canción muy capricorniana. ¿Quién más va a hacer negocios con su dolor?

—Las redes son una gran carta de presentación, pero también pueden producir ansiedad y comparación. ¿Cómo encontrás un equilibrio?

Todavía estoy aprendiendo. Son una herramienta increíble para mostrar lo que hacemos, pero también es muy fácil compararse con los números y los logros de los demás.

Es como caminar mirando los pasos de la persona que está al lado: en algún momento te vas a tropezar. Necesito mirar mi propio camino y recordar que las redes son una vidriera, no la realidad completa.

Intento usarlas sin permitir que definan cuánto vale mi trabajo. Cuando noto que estoy consumiendo más de lo que creo, trato de alejarme, juntarme con amigos, componer, caminar y volver al presente.

Lo más importante sigue estando fuera de la pantalla: hacer canciones, cantar, compartir con la gente y construir un proyecto genuinamente mío.

—En medio de este proceso llegó Spotify RADAR. ¿Qué significó que te eligieran?

Fue muy fuerte porque no es común que incluyan en un programa tan grande a una artista que recién está empezando y acaba de sacar su primer disco. esperanzah. es mi carta de presentación y estar en RADAR durante estos primeros pasos fue inesperado; imaginaba que algo así podía sucederme, pero mucho más adelante. Que Spotify Argentina apostara por mí en este momento me dio mucha fe en el proyecto y me hizo sentir que pueden venir cosas todavía más grandes.

—Sobre todo viniendo de San Martín, ¿pensás en aquella chica que empezó a cantar allá?

Todo el tiempo. No me recuerdo a mí misma sin cantar. Era muy tímida, insegura y creía muy poco en mí, pero cantar siempre fue mi cable a tierra y lo único que nadie me criticaba.

Estar hoy viviendo de la música es el acto de amor más grande que pude tener conmigo misma. Me gustaría abrazar a esa Espe chiquita y decirle: «Va a pasar. Vas a vivir de lo que te gusta. Tenés que seguir cantando y creer en vos». También le daría las gracias por haber resistido. No cambiaría nada porque todo eso hizo que hoy sea quien soy.

—Pasaste por Buenos Aires, pero hoy construís tu proyecto desde Mendoza. ¿Todavía existe la idea de que un artista del interior tiene que irse para crecer?

Yo me fui a Buenos Aires creyendo que tenía que hacerlo, porque dicen que Dios atiende allá. No me arrepiento: aprendí mucho y entendí cómo funciona la industria. Hay más oportunidades, pero también muchísimos artistas y eso hace más difícil destacarse.

Cuando volví, entendí que no necesariamente hay que mudarse para crecer. Para mí tiene valor apostar por mi provincia, formar parte del crecimiento de la escena mendocina y demostrar que acá hay muchísimo talento. Quiero representar a mi provincia con todas las letras: Made in Mendoza.

Buenos Aires sigue siendo importante para viajar, generar vínculos y buscar oportunidades, pero creo que se puede tener la base acá. De hecho, siento que crecí más desde que volví que cuando estaba viviendo allá.

—Después de La Voz, de Posdata, de cantar con otros, vivir en Buenos Aires y descartar un disco entero, ¿sentís que esperanzah. es la primera vez que podés decir «esta soy yo»?

Sí. Siento que este disco soy mucho más yo. Y creo que tuvo que pasar todo lo anterior para poder llegar hasta acá.

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