“Artistas que marcan el pulso» nació con la intención de conversar con estos agentes de nuestra cultura para descubrir qué están haciendo y cómo mantienen vivo el motor creativo de la provincia. Esta vez, decidimos expandir el radar y buscar a mendocinos que hoy residen y trabajan en el extranjero.
En este viaje virtual nos acompañan Eduardo Fausti, Juan Pablo Inzirillo, Roberto Caruso, Paula Daher y Javier Gutiérrez Díaz. A través de sus historias, recorremos procesos creativos que van del grabado clásico a la inteligencia artificial, pasando por la pintura y la fotografía de paisaje.
Eduardo Fausti: grabador de silencios y estrellas
Eduardo Fausti es un artista nacido en San Martín y radicado en Estados Unidos, que hoy oscila entre los dos mundos que nutren su obra: por un lado, el bullicio de Manhattan (Nueva York) y, por el otro, la quietud de la Isla Orcas (costa oeste de Washington).

Eduardo es un maestro del grabado en mezzotinta y el monotipo. En este último es donde plasma su fascinación por la naturaleza que rodea a la Isla Orcas:
Es muy tranquilo, silencioso. Estar expuesto a la belleza natural afectó mi manera de hacer monotipos. Trajo en mí una búsqueda por lo bello, por tratar de entender la belleza.
En cuanto a sus mezzotintas, en ellas explora su interés por la astrofísica, el espacio y la ciencia. Esto puede notarse en su serie Firmamento, inspirada en Galileo Galilei, o su mezzotinta Cuarto Menguante en Azul, realizada para el LeRoy Neiman Center for Print Studies de la Universidad de Columbia. Estas series recuperan su fascinación por lo lejano, por la inmensidad del cielo y los astros.
Mendoza, aunque distante en kilómetros, sigue siendo el cimiento de su identidad artística: acá nació su pasión por el grabado. Eduardo recuerda con nitidez las clases de Ricardo Scilipoti y el privilegio de haber conocido el taller de Víctor Delhez en Chacras. En sus astros grabados y en los monotipos inspirados en la naturaleza aún persiste aquella fascinación por la belleza y el asombro que comenzó a cultivar en la infancia.
Juan Pablo Inzirillo: pintar para encontrarse con el otro
Juan Pablo atiende la entrevista comiendo una tortita mendocina. El detalle no es menor: aunque hace dos años y medio que vive en Maldonado (Uruguay), le es difícil desarraigarse de la provincia donde creció. Con casi 20 años de trayectoria, Inzirillo atraviesa un momento de madurez, donde ya no concibe el arte como una «carrera vertical» sino como un modo de habitar el mundo:
Estoy entendiendo lo que es la existencia en términos de estar. Me doy cuenta de que cuando hago una muestra o un proyecto, lo hago para encontrarme con el otro. Es la manera en que yo he elegido estar en el mundo.

El paisaje de montaña funciona como escenario para la aparición de los signos característicos de Juan Pablo: flores abstractas, ojos acechantes y delineados negros que remiten al lenguaje del cómic. «Sobre el paisaje aparecen símbolos, formas anacrónicas que pertenecen a la dimensión de lo real en términos psicoanalíticos. A mí me interesa mucho la teoría psicoanalítica».
Hoy, el foco está puesto en La luz no envejece, su última muestra en el Centro Cultural Kavlin. El título, inspirado en la teoría de la relatividad, alberga tres series: la que da nombre a la expo, Tarde o temprano y Terminus. En ellas, los colores vibrantes y la oscuridad se disputan el protagonismo y logran un contraste cautivador.
En paralelo, Juan Pablo es mentor de otros artistas en una clínica de Galería Cielo, en Uruguay. Así expande su taller al mundo, manteniendo la premisa de que cada proyecto es la excusa perfecta para el encuentro.
Rubén Caruso: La persistencia de lo sagrado y lo periférico
Rubén Caruso vive en Barcelona desde hace 15 años, pero su pulso artístico se gestó en las aulas de la UNCuyo y en las calles de Las Heras. Autodefinido como un «artista periférico», Caruso es parte de Espai Ku junto a las artistas Chisato Kuroki y Gisela Ruiseco. Este espacio, además de funcionar como taller-estudio colectivo, es un punto de encuentro para múltiples actividades culturales y artísticas que involucran a la comunidad local.
Su trabajo más reciente, la instalación Tres entre tres, mezcla dibujos, videos y voces en off que recitan poesías ajenas, buscando «pintar el rostro de lo que no tiene rostro». Esta obra nace de una ola de inspiración tras un bloqueo de ocho años que le impedía pintar. Cuando finalmente lo logró, resultó en aquellas telas de hasta siete metros que hoy cuelgan en Espai Ku.

Su búsqueda actual se resume en una declaración de principios: «Prefiero soluciones poéticas a soluciones plásticas». Rubén no se desvela por el virtuosismo técnico ni por los materiales caros; él concibe el arte como parte de un trinomio indisoluble junto con la poesía y la meditación. Para él, lo artístico es una forma de asomarse a «lo sagrado», entendido como el misterio de aquello que se nos escapa.
Prefiero soluciones poéticas a soluciones plásticas
Cuando le pregunto sobre el lugar que ocupa nuestra provincia en su vida, Rubén responde sin dudar: «Mendoza son mis amistades profundas, esas que el tiempo no disminuye». Su identidad como lasherino lo acompaña en cada trazo.
Paula Daher: convertir datos en arte
Paula Daher es una artista generativa e interactiva y diseñadora industrial radicada en Torino (Italia). Se autodefine como una «nerd del aprendizaje» en constante evolución, lo que le permite continuamente incorporar novedades a su «pincel tecnológico». Su recorrido profesional es extenso: transitó desde el video mapping y la programación hasta especializarse recientemente en Data Science.
La propuesta de esta mendocina se sumerge en los universos interactivos y generativos. En la práctica, esto significa que utiliza algoritmos «vivos» que mutan en tiempo real. En sus piezas, el espectador deja de ser observador pasivo para convertirse en agente activo, puesto que su movimiento es el dato que distorsiona la obra.
Me gusta la idea de poner la tecnología, lo generativo, a disposición del arte. Lo que yo hago es arte vivo, que sin la gente no existe, se apaga.

Esta visión vanguardista la ha llevado a colaborar con marcas mundiales como Fendi, Adidas y Heineken. Entre sus logros recientes destacan el premio BAM-Solocontemporáneo 2025 por su instalación Ánimas y su participación en la Design Week de Milán.
Aunque hoy habita el epicentro del diseño europeo, Mendoza marcó el punto de partida de su trayectoria artística. Desde su laboratorio personal, en el que crea bajo el pseudónimo Pol Dajer, la artista continúa experimentando, validándose en el trayecto y demostrando que los datos pueden despojarse de su frialdad técnica para transformarse en pura sensibilidad.
Javier Gutiérrez Díaz: el arte de capturar un paisaje
Javier nació en las Islas Canarias, pero vivió en Mendoza 27 años. Durante ese tiempo estudió y ejerció la medicina, y más tarde descubrió su verdadera pasión: la fotografía. Hoy, radicado nuevamente en su tierra natal desde hace cuatro años, Javier se dedica profesionalmente a la captura de paisajes.
Su historia con la cámara arrancó en 2006, como un refugio mientras estudiaba. Lo que comenzó como un hobby terminó tomando forma de proyecto cuando, junto a Juanito Piazze, fundó en Mendoza un estudio especializado en fotografía gastronómica, de producto y lifestyle.
Sin embargo, su verdadera pasión siempre se inclinó hacia el viaje y la contemplación, cuya mirada se ha nutrido de los paisajes mendocinos, de la fuerza volcánica de las Islas Canarias y de la inmensidad de Noruega, entre otros spots.
Soy de los que piensa que los mismos lugares se vuelven diferentes cada vez que los ves. Algo cambia, aunque sea pequeño.

Mendoza es, para él, el cimiento de su identidad visual. «Fue donde di mis primeros pasos con la cámara. Siempre le tendré un cariño enorme y no veo la hora de volver a caminar esa montaña y encontrar un lugar nuevo para hacer fotos», confiesa. Actualmente, Javier está volcado al video documental, trabajando en la postproducción de un corto que busca capturar la esencia de lo que observa.















