Mientras Mariana cocinaba, sus hermanas aparecían cada vez que necesitaba una mano y, entre pedidos, recetas y eventos, lo que había empezado casi naturalmente fue tomando forma de proyecto. Pasó más de una década desde entonces y muchas cosas cambiaron, pero Lina Gourmet siguió (y sigue) siendo un asunto de familia.

Hoy, detrás del proyecto están Paula (28) y Mariana (32) Mendez Casariego, dos hermanas con formaciones que se complementan: Paula estudió Nutrición y Mariana, Gastronomía. Después de años trabajando principalmente con pedidos, desayunos, pastelería, propuestas saladas y grandes eventos, ahora inauguran una etapa diferente: por primera vez, cualquiera puede entrar a Lina y llevarse algo de todas las delicias que tienen.
Una historia que empezó en familia
La primera en ponerse el delantal fue Mariana. Cocinar era algo que estaba presente desde chica y tenía bastante claro hacia dónde quería llevarlo. Estudió Gastronomía, trabajó durante un tiempo en un catering y también en el sushi de sus primos, pero siempre tuvo en mente hacer crecer su propio proyecto.
Así nació Lina, desde la cocina de la casa familiar y con sus hermanas como ayudantes cada vez que la producción lo requería. Con el tiempo, Paula se asoció al 100% y se incorporó de lleno. Hoy también trabaja junto a ellas Pilar, otra de las hermanas, que es abogada. Y la cuarta hermana (también abogada) continúa siendo una de esas manos que aparecen siempre que hace falta. Pero hay otra mujer de la familia presente en cada rincón de esta historia: su mamá. Lina lleva su nombre. Así decidieron llamarlo como una forma de recordarla y homenajearla.
De cocinar en casa a producir para cientos de personas
La historia de Lina también puede contarse a través de las casas que le fueron dando forma. Primero estuvo la familiar. Más tarde llegó una propiedad en Guaymallén que durante cinco años funcionó exclusivamente como cocina de producción. Y hace aproximadamente un año y medio encontraron el lugar en el que están hoy.
Dar con él no fue fácil. Necesitaban una propiedad suficientemente amplia para sostener el nivel de producción que habían alcanzado y, al mismo tiempo, cumplir con una idea que venían persiguiendo: tener un sector para recibir al público. Finalmente apareció esta casa en la Quinta Sección.
De todas maneras, la venta al público necesitaba su propia estética. Josefina Barrancos, arquitecta y prima de ellas, estuvo atrás de esto. La idea era conseguir un espacio sobrio, pero con color. Así, buscaron una mezcla de referencias inglesas y francesas y sumaron un elemento que inevitablemente tenía que estar presente: plantas. Muchas plantas.
En la materialización del espacio también fueron fundamentales Miguel Yáñez y Florencia Calvete, a quienes las hermanas destacan como parte importante del proceso.
La ubicación también resultó estratégica. Aunque sus clientes llegan desde distintos puntos de Mendoza, se instalaron en una zona de circulación permanente que les permite sumar algo que hasta ahora no tenían: el encuentro espontáneo con quien pasa por la puerta.
Lina Gourmet tiene como característica principal la versatilidad: puede encargarse del servicio completo de un evento para 200 o 300 personas, pero también preparar un desayuno especial, una torta para regalar o vender un kilo de granola.
¿Qué hay detrás de la vitrina?

Hasta ahora, buena parte de la dinámica de Lina dependía de la anticipación: elegir, encargar y esperar. El nuevo espacio cambia ese mood.
La venta al público suma una heladera vitrina y un sector de productos secos donde habrá opciones listas para llevar. Granola, panes, focaccias, alfajores, tortas, bombones y petit fours son algunos de los productos que se podrán encontrar habitualmente. Entre tantos favoritos, las hermanas destacan especialmente dos clásicos que las acompañan desde hace tiempo: la granola y sus desayunos.
Y hay otra búsqueda que empieza a tomar cada vez más protagonismo. De la mano también de la formación de Paula como nutricionista, la intención es incorporar progresivamente más opciones saludables. Ya aparecen propuestas como dátiles y muffins, y la idea es continuar ampliando esa variedad para que distintas preferencias puedan encontrar lugar dentro de Lina.
Todo convive con el espíritu que, según ellas, las distingue desde el comienzo. Materias primas de calidad, sabor casero y una producción cuidada en todos los detalles.
Es importante destacar que la apertura no reemplaza nada de lo anterior. Lina continúa realizando catering, eventos, pedidos personalizados, desayunos y propuestas dulces y saladas. La venta al público simplemente agrega una nueva posibilidad: pasar, elegir y llevar.
¿Dónde queda? En Olegario V. Andrade 432 de Ciudad. Abren de lunes a sábado de 9 a 20h.











