El talento de Santiago Racca es parte del show de la compañía teatral de vanguardia Fuerza Bruta, además estrena un protagónico en la película filmada en Mendoza «Desertor».

Santiago Racca antes de convertirse en una estrella del teatro, tuvo que pasar por una serie de castings que lo convirtieron en quien es. «Mientras estudiaba Arte Dramático en la UNCuyo fui parte de un programa El Artista del Año dirigido por Mariana Fabbiani. Realicé solo el primer programa pero no quedé seleccionado. Pero esa experiencia me dio un pantallazo de lo que era el mundo del arte y todo lo que me faltaba por aprender», confiesa el actor que veremos por estos días protagonizando la película realizada en Mendoza, Desertor.

¿En qué momento decidiste ser actor?

No se el momento exacto en que lo decidí. De chico, con mis amigos armábamos películas de guerra y amor, las interpretábamos en los baldíos del barrio. Recreábamos un escenario con casitas de tres pisos, arcos de flecha y teníamos que defender el territorio. Éramos un grupo de diez o doce chicos y chicas. De todos, fui el único que terminó siendo actor (por ahora). En ese momento ya me picaba el bicho de la ficción. Terminado el colegio, y luego de quince años de haber sido jugador de rugby entrenado por mi padre, decidí informarle que iba a ser actor. A lo que él me dijo que si así lo quería que lo hiciera bien y que estudiara. 

A los veinte años dejó Mendoza y se fue a vivir a Buenos Aires para estudiar la Licenciatura en Actuación en la UNA. «Me fui con Javier Marang, un gran compañero y actor mendocino. Juntos logramos entrar a la Universidad y superar el caos de la gran ciudad.» Al poco tiempo de estar instalado en Capital, y gracias a una tía de la familia, conoció la compañía de teatro vanguardista Fuerza Bruta, «show del que nunca había escuchado y me voló la cabeza», dice Racca.

Vas a realizar tu primer protagónico en la pantalla grande, ¿cómo ha sido tu experiencia en  Desertor?

Entre medio de todas las giras con Fuerza Bruta, tuve la alegría de poder participar como actor principal de una película que había empezado a gestionarse y se quería llevar a cabo en mi ciudad natal, Mendoza. Me contactó Marcelo Ortega, de Andes Film, porque me había recomendado un gran director que tuve, Miguel Mas. Luego de una larga charla con Marcelo, unas semanas de pensarlo y negociar fechas, decidimos que iba a protagonizar Desertor, acompañado de grandes actores como Daniel Fanego y Marcelo Melingo. Una gran felicidad y responsabilidad se apoderó de mí.

¿Tuviste que entrenarte especialmente para este papel?

Para empezar a prepararme lo primero que hice fue irme con mi viejo a la montaña, alquilar dos caballos, y sumergirnos en la inmensidad de la cordillera. Luego entrené con Alvaro Bianchi en la policía de Mendoza con armas y pelea cuerpo a cuerpo. Y una vez llegado a Uspallata, lugar de rodaje, la gran familia de apellido Montaña me entrenó para tener buen manejo de mi querido compañero de rodaje, Pampa, el caballo de la película. Cuando empezó el rodaje tuve que poner en práctica todos mis conocimientos actorales, los cuales no tenían experiencia en largometrajes pero aún así junto a Pablo Brusa, el director, fuimos buscando y encontrando la energía y el peso de mi personaje, llamado Rafael Marqués. Claro que día a día este iba tomando otros colores y características, y se fue asentando fuertemente en las escenas donde era acompañado por mis dos nuevos maestros actorales, Melingo y Fanego. Dos grandes, humildes y excelentes actores. Ellos me fueron guiando y enseñando, siempre con humildad, códigos, técnicas y manejos de energía detrás de la cámara.

Al mismo tiempo seguís con Fuerza Bruta, ¿cómo se dio esta oportunidad? 

A los dos años de estar estudiando, mandé un mail para que me convocaran a un casting. La respuesta fue que había quedado seleccionado con otros miles de chicos y que me tenía que presentar al día siguiente. Por cosas del destino ese mismo día había llegado a Mendoza. Mis padres, que siempre me apoyaron, me dijeron que me volviera, a lo que les respondí: «tranquilos viejos, entro el año que viene, ahora los disfruto a ustedes». Y así fue, al año siguiente, después de superar seis etapas de casting y dos meses de intensos entrenamientos logré quedar en la compañía. Después de cuatro años sigo siendo parte de Fuerza Bruta, no es nada fácil ya que los contratos son mensuales y el desgaste físico es muy grande. Hemos viajado por Costa Rica, México, Las vegas, Macau y China.

¿Te imaginabas llegar a vivir esta experiencia actoral?

La experiencia Fuerza Bruta me cambió como persona y actor para siempre. La energía que se mueve dentro de ese espectáculo es enorme. Te vuelven un profesional, tenés que estar a la altura física, actoral, y como compañero, con el equipo completo. Hay varios elencos funcionando y cada gira es un equipo nuevo con el que trabajar. Hay algo de gran familia que caracteriza a Fuerza Bruta, muy fuerte; hay momentos de alegría, tensión, felicidad, enojo. Lo bueno es que todo te lleva a tomar decisiones por lo que es un aprendizaje constante. 

¿Y la interacción con el público?

Algo particular que tiene la compañía es que el público es parte del show, y nosotros interactuamos con él, por lo que si bien tenemos que estar con una energía muy alta, debemos estar muy permeables para dejarnos atravesar por lo que el público nos da. Ya que en cada show hay personas diferentes, estados de ánimo diferentes, y nuestro trabajo es detectarlas y usarlas a favor del show.

Fotos: Marcelo Aguilar para Revista Cima