Te propongo abrir la configuración de tu teléfono y revisar cuáles fueron tus aplicaciones más usadas. ¿Pasaste horas deslizando en Instagram? ¿Viste videos en YouTube sin parar? Más allá del tiempo en pantalla, lo importante es preguntarnos qué estamos consumiendo y cómo nos hace sentir. La tecnología e internet nos dieron acceso a información como nunca antes, pero también nos metieron en un loop de consumo digital del que muchas veces sentimos que no podemos salir.
El poder de la gratificación inmediata
Hablamos sobre este fenómeno con la psicóloga María Inés Rivero, quien nos brindó un marco científico y psicológico para comprender por qué nos cuesta tanto desconectarnos. Ella explica que el gran atractivo de la tecnología es la gratificación instantánea que nos ofrece. Todo lo que queremos está a un solo click o tap de distancia. Pensalo: ¿Querés mandar un mensaje? Abrís WhatsApp. ¿No te acordás del nombre de un actor? Lo googleás. ¿Sentís aburrimiento por dos segundos? Desbloqueás el celular y ves qué podés hacer. El acceso es tan rápido que ni siquiera nos damos cuenta de que lo hacemos.
Pero detrás de esta inmediatez hay algo más profundo. Cada vez que obtenemos lo que buscamos en un lapso corto de tiempo, nuestro cerebro libera dopamina, el neurotransmisor que regula el placer, la motivación y el deseo. Así, nos acostumbramos a recibir pequeñas recompensas constantes y, sin darnos cuenta, nos volvemos dependientes de ese estímulo.
El problema, explica María Inés, es que el primer impacto de esta gratificación es el más fuerte, pero con el tiempo necesitamos más para sentir lo mismo. Es el mismo mecanismo que se activa en las adicciones. Por eso seguimos scrolleando sin parar, abriendo y cerrando aplicaciones sin darnos cuenta, buscando inconscientemente esa nueva dosis de dopamina que nos haga sentir bien, aunque sea por un instante.
Y la dopamina no es el único químico en juego. Cuando el consumo digital se vuelve excesivo, también aumentan los niveles de cortisol, la hormona del estrés. Por eso, después de pasar mucho tiempo en el celular, no siempre nos sentimos relajados, sino más ansiosos. En este proceso también interviene la serotonina, fundamental para regular el estado de ánimo, el sueño y la memoria, y la oxitocina, vinculada a los lazos sociales y al bienestar emocional. Con el tiempo, este desequilibrio químico puede afectar el descanso, la concentración e incluso nuestras relaciones personales.
Cómo hacer un consumo digital más consciente
Desconectarnos por completo no es una opción realista, pero sí podemos ser más conscientes de cómo y por qué consumimos contenido digital. La clave está en recuperar el control sobre lo que miramos y cómo lo hacemos. María Inés propone algunas estrategias para lograrlo:
- Higiene digital: No todo el contenido que consumimos nos hace bien. Seguí creadores de contenido que te inspiren y aporten valor, y dejá de lado aquellos que te generan ansiedad o refuercen inseguridades. Preguntate: ¿esto que veo me suma?
- Establecé límites de tiempo y notificaciones: Definí horarios y tiempos de uso. Aprovechá las herramientas del celular para ponerte límites y desactivá notificaciones innecesarias. (¿Realmente necesitás saber al instante si alguien le dio like a tu foto o si Pinterest cree que tenés buen gusto?)
- Creá hábitos offline: La gratificación instantánea de las pantallas puede ser adictiva, pero aprender a disfrutar de actividades sin recompensa inmediata nos ayuda a reconectar con el presente. Pintá, escribí, bailá, meditá, jugá con tu perro… En una conversación, hacé el esfuerzo de escuchar, opinar y, sobre todo, no agarrar el celular.
- Aprender a tolerar el aburrimiento: Nos hemos acostumbrado a llenar cada segundo de vacío con una pantalla, pero el aburrimiento es clave para la creatividad y el descanso mental.
Nuestro bienestar no depende solo del tiempo que pasamos en el celular, sino de la calidad del contenido que consumimos y de cuánto controlamos su impacto en nuestra vida. No se trata de demonizar la tecnología ni de alejarnos por completo de lo digital, sino de usarla con mayor conciencia, eligiendo cómo y cuándo interactuar con ella.