Una carta gourmet pero con precios accesibles, un lugar para pasar buenos momentos y un cuidado extremo en cada detalle: esa es la apuesta de este restorán de calle Belgrano

Es simple decirlo y difícil lograrlo: ofrecer, en un restorán, una carta de nivel gourmet que al mismo tiempo deje en los comensales la sensación de comida sabrosa y que deja satisfechos a los comensales.

Con esa impronta, Alberto Levantino asumió hace menos de un año el desafío de tener, por fin, su propio restorán: En el Fuego.

Para él, un apasionado eterno de los emprendimientos gastronómicos («era un adolescente y ya tenía en claro que mi sueño era tener un restorán»), resultaba la concreción de un sueño. Pero la satisfacción personal no lo era todo, así que decidió aprovechar la experiencia de sus diez años al frente del café La Lola, que fundó e impuso con éxito, y lo volcó a este lugar que ya tenía una historia previa pero que, dice el propio Levantino, ya no era aquel sitio donde él mismo había disfrutado de un buen rato.

Así que se dijo que debía entregarse al proyecto de manera completa. Y puso manos a la obra con el concepto de ofrecer comidas exquisitas, pero con la premisa de que las porciones no fueran chicas y los precios no fueran grandes: «Me gusta que el local esté lleno y que los precios sean razonables», asegura el dueño del restorán, que ha construido una carta con 30 opciones.

Eso, más la febril dedicación a cada plato que sale de las cocinas («estoy al lado de cada plato que se prepara en el lugar») y la búsqueda de hacer sentir al comensal como en casa, han hecho que En el Fuego no sólo recupere su lugar en el cada vez más diverso paisaje gastronómico de la calle Belgrano de Ciudad, sino que también encuentre una identidad que lo ha colocado nuevamente entre los más elegidos de la zona.

Otro de los valores que resalta Alberto de su lugar es la carta de vinos. «Le doy más dedicación que al menú. Me puedo pasar horas armándola y creo que eso es muy valorado por los que vienen. Si a eso le sumamos que ofrecemos tragos, todo explica por qué la gente, al terminar su comida, quiere quedarse más tiempo: porque está disfrutando».

El local de En el Fuego, en un momento, parecía haberse perdido en la homogeneidad de la zona en la que estaba instalado. Hoy su local ha vuelto a atraer las miradas, con su color ocre dominante del exterior y su interior, sencillo y elegante, que evoca el poder de las llamas en el decorado, para hacer honor a su nombre. Pero el aspecto no lo es todo: «Me gustaba la decoración pero hubo momentos en que fue arruinada con algunas intervenciones. Todo eso se mejoró. Pero también cambiamos lo que no me convencía. Por ejemplo, no hay más shows en vivo. Quiero ofrecer otras cosas, entre ellas, que la gente venga a pasar un buen momento y a charlar. Por eso también este es el lugar elegido por muchos que van a espectáculos y, al salir, eligen venir acá, ya que los viernes y sábados está abierto hasta muy tarde y parece que es el lugar perfecto».

Mientras se acerca su primer año y el tiempo del balance personal, Alberto Levantino prefiere la prudencia, pero la pasión se le cuela en cada comisura, y también el orgullo: «Por ahora puedo decir que cumplí con mi sueño, tengo un restorán que tiene todo lo que a mí me gusta cuando voy a comer a algún lado y conseguí levantarlo y poner a En el Fuego nuevamente en un lugar destacado». Algo que, también, es fácil decirlo, pero difícil lograrlo. Y lo ha conseguido.

En el Fuego (Belgrano 866, Ciudad). Horarios: lunes a viernes, almuerzo y cena. Sábado sólo cena. Los viernes y sábado la cocina está abierta hasta las 2.