Con sello propio, Laura Lacroix revela sus secretos. El arte de transformar el interior de tu casa proyectando espacios, transgrediendo reglas, fabricando muebles, interpretando la forma de vivir de cada uno.

    Laura Lacroix interiorista provocativa y transgresora, busca a través de sus proyectos de diseño interior generar confort y sensaciones de bienestar de acuerdo a la personalidad de cada cliente.  Su mirada vanguardista y creativa tiene sello propio.  Diseña y fabrica muebles únicos según lo que imagina para cada proyecto.

    –¿Cómo se manifiesta la forma de ser de un interiorista en el trabajo que hace para un cliente?

    –Mi forma de vivir lo profesional tiene mucho que ver con mi forma de ser y de pensar. Disfruto de poder expresarme a través de mi trabajo, transmitir mis sentimientos, dejar algo positivo en la vida de las personas. Como en todas las profesiones hay quienes abordan este trabajo desde una mirada menos comprometida, más bien influenciados por modas pasajeras o relaciones sociales, cayendo a veces en una expresión poco seria  que en breve carecerá de sustento. En mi experiencia, a la hora de proyectar hay que ser honesto con uno mismo y con los demás, y esto se logra con una buena percepción de las necesidades de quien nos confía un trabajo.

    –¿Esa percepción es intuitiva o interviene mucho la racionalidad?

    –En lo personal, se trata de saber observar y tener la capacidad de captar con un simple coup d´oeil o vistazo lo que necesita un determinado espacio, persona, entorno. Es un ejercicio que practico permanentemente de manera natural a través de los años,  experiencias, viajes o simplemente de manera cotidiana.

    –Todos tenemos una manera de viajar, ¿cuál es la tuya? ¿Qué incorporás de cada viaje?

    –Me atrae  mucho más detenerme en la vereda de un café y ver pasar a las personas que meterme a un museo. Trato de identificar  cómo son esas personas, qué hacen, cómo piensan, cómo se visten o se expresan. Siempre elijo el estudio de las personas y sus comportamientos, cómo viven hoy en determinada ciudad, cómo es su cultura, sus gustos o preferencias. Es una manera –desde mi profesión- de anticiparme a lo que se viene.

    –¿Cómo es el sello Lacroix?

    –Me dejo influenciar por las tendencias que veo en otras partes, para un diseñador es importante evolucionar, a mí me interesa mantenerme actualizada y esto se mezcla con mi forma de ser transgresora, de tener  una mirada que va más allá de lo que hay en el mercado. Soy provocativa porque me gusta generar sorpresas, sacar las cosas de contexto. Tengo el ojo preparado, estoy atenta a todo, por ejemplo un desfile de moda de Givenchy o de Ralph Laurent, me puede inspirar para utilizar una determinada paleta de colores, o para hacer una puesta en escena. Hay disparadores que me llevan a adaptar de manera creativa lo que veo.

    –¿Podemos hablar de un feedback entre diseño de interiores y cultura?

    –Es que el diseño está cada vez más comprometido con todo y con todos, desde una oficina, un local comercial, una casa particular, un restaurante, un bar, un objeto, un mueble, un accesorio. El diseño está también  comprometido con un mejor funcionamiento de los espacios, las circulaciones, la urbanización, con el uso de los materiales adecuados, con el hallazgo de texturas nuevas, con un mejor aprovechamiento de las superficies, con una mejor calidad de vida, con brindar soluciones, provocar sensaciones, con el confort, con la evolución, con la forma de vivir nuestras vidas. A mí me gusta manejar las escalas, el trabajo espacial es fundamental. Actúo con maderas, telones de pana, distintos materiales con los que voy dando gestualidades.  Tiendo a buscar los contrastes para que cada material tome fuerza.

    –Digamos que el diseño nos identifica…

    –Exactamente. Así como todos somos diferentes, pensamos de determinada manera, tenemos estilo propio, intensiones y pretensiones, un proyecto de interiorismo debe responder a todas estas características que nos individualizan. Por este motivo en un proyecto es vital  saber recibir esta información para luego convertirla en un espacio único, que identifique a la persona o grupo de personas, a un producto o un servicio (en caso de proyectos comerciales). Hay que tener en cuenta el entorno, su naturaleza y condiciones, a quién está dirigido y el uso que se le dará a ese espacio. El objetivo será que se pueda disfrutar al máximo de un ambiente diseñado a la medida y expectativa, capaz de sorprender y movilizar sensaciones únicas de placer y buen vivir.

    –¿Por este motivo diseñas y construís vos los muebles de cada proyecto?

    –Trabajo a la medida, mis muebles no son estandarizados, me gusta ir a lo personalizado, mostrar piezas originales y no las que vemos en el mercado, un comedor único, una cocina única, me gusta darle una resolución puntual, a la medida del cliente, de acuerdo al estilo de la casa, de cómo se comporta determinado equipamiento en el espacio, ahí es cuando se nota la intervención de un interiorista. Todos mis proveedores son mendocinos, tengo un equipo de gente que me trabaja muy bien.

    –¿Te resulta fácil trabajar en Mendoza respetando estos paradigmas?

    –En Mendoza en particular a veces cuesta pensar de esta manera, ya sea por razones económicas o culturales. Pero estamos en 2016 y se pueden generar propuestas actualizadas con menor presupuesto. Con creatividad e ingenio siempre encontraremos proyectos adecuados y factibles.

    Fotos: Luis Guiñazú Fader