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Wildwood: la película que llevó el arte de hacer cine a otro nivel

El nuevo film de LAIKA Studios lleva el stop-motion a su máxima expresión artesanal: cientos de marionetas y escenarios, miles de rostros y gestos animados a mano a lo largo de más de cinco años de trabajo.

En una época en la que cualquier imagen puede generarse en pocos segundos con inteligencia artificial o apenas unos clics, hacer una película entera a mano parece una mezcla de locura, valentía y amor por el arte y la artesanía. LAIKA, el estudio detrás de joyas como Coraline, regresa a los cines este 23 de octubre con Wildwood.

Y promete hacerlo a lo grande: con 132 minutos de duración, se convertiría en la película de stop-motion más larga de la historia, superando el récord que estableció Pinocho, de Guillermo del Toro, en 2022. Detrás de esta producción hay más de cinco años de trabajo, 136 escenarios y 231 marionetas.

Mover una marioneta apenas un milímetro, tomar una fotografía y repetir el proceso miles de veces para conseguir unos segundos de película exige una paciencia y una dedicación difíciles de imaginar en tiempos donde todo parece hacerse cada vez más rápido.

Wildwood: de la novela a la pantalla grande

Wildwood es una adaptación de la novela fantástica escrita por Colin Meloy, cantante de The Decemberists, e ilustrada por Carson Ellis, que llegó a las librerías en 2011. LAIKA adquirió los derechos poco después de su lanzamiento, pero su director, Travis Knight, sabía que la tecnología del estudio todavía no estaba preparada para semejante desafío. El proyecto tuvo que esperar años de desarrollo hasta que fue posible llevarlo a la pantalla tal como lo habían imaginado.

La historia transcurre en Portland, Oregón, la misma ciudad donde se encuentra el estudio de animación. Todo comienza cuando una bandada de cuervos secuestra al hermano menor de Prue McKeel, una adolescente testaruda y sabelotodo. Decidida a rescatarlo, Prue se adentra junto a su compañero de escuela Curtis en el Bosque Salvaje (Impassable Wilderness), un territorio mágico y prohibido a las afueras de la ciudad, habitado por animales que hablan y aves enfrentadas en una guerra.

Las voces de la ficción corresponden a Peyton Elizabeth Lee como Prue McKeel, Jacob Tremblay, Carey Mulligan, Mahershala Ali, Awkwafina, Angela Bassett, Amandla Stenberg, Jemaine Clement, Maya Erskine, Tom Waits y a Richard E. Grant, entre otros artistas.

Un trabajo artesanal de paciencia infinita

En el stop-motion, todo lo que aparece en pantalla debe construirse antes con las manos. Para dar vida al universo de Wildwood, más de mil personas trabajaron durante seis años en los talleres de LAIKA. El proceso fue tan minucioso que cada animador lograba completar, en promedio, apenas tres segundos de película por semana.

Para que las marionetas parecieran vivas, incluso cuando estaban quietas, el equipo desarrolló mecanismos de una precisión sorprendente. El 90% de los personajes tiene un pequeño sistema inflable en el pecho que permite simular la respiración, mientras que diminutas roscas en la espalda ayudan a controlar sus movimientos sin necesidad de tocarlos directamente.

El nivel de detalle llega hasta los músculos, que se contraen bajo la piel de silicona, y los ojos, que los animadores ajustan uno por uno con la punta de una cuchilla. Incluso la piel fue diseñada para dejar pasar la luz de una manera similar a la humana y evitar el aspecto plástico de las marionetas.

Las expresiones faciales también exigieron un trabajo enorme: se imprimieron más de 142.000 rostros intercambiables en 3D para reproducir los gestos más sutiles. Y la ropa no quedó atrás. El equipo desarrolló sus propias telas y añadió pequeños alambres para controlar sus movimientos y recrear el efecto del viento, fotograma a fotograma.

El proyecto más ambicioso en stop-motion

Todo este despliegue alcanza uno de sus momentos más impresionantes con la aparición del General, un águila gigante de más de un metro y medio, construida con unas 3.800 plumas individuales hechas de papel de aluminio y alambre.

El desenlace incluye la escena de batalla más grande jamás filmada en stop-motion: casi 12 minutos de acción distribuidos en más de 400 tomas. Para recrearla, se construyeron 132 escenarios, entre ellos una réplica de la histórica mansión Pittock a mitad de su escala real, que alcanzó casi cuatro metros de altura dentro del estudio.

Detrás de cada escena hay más de mil personas que dedicaron años de trabajo a mover marionetas de silicona con una precisión extraordinaria, por el simple amor al artificio. Cuando un estudio invierte esta cantidad de tiempo, talento y recursos, podemos estar seguros de que vale totalmente la pena ir a ver la película a una pantalla grande. 

Wildwood llega a las salas no solo como la película más ambiciosa de LAIKA, sino también como un hermoso recordatorio de por qué nos enamoramos del cine: por el asombro y la admiración que nos provoca descubrir todo lo que el trabajo humano y colectivo es capaz de lograr. En tiempos donde las imágenes pueden generarse en segundos, esta película nos recuerda el valor de construirlas con las manos.

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