Eduardo Hoffmann, uno de los grandes artistas argentinos cuya obra es parte de colecciones internacionales, inaugura el ciclo de arte itinerante MovArt en Bodega Caro.

Hoffmann conserva todavía ese acento mendocino tan característico a pesar de estar radicado en Buenos Aires desde hace varios años.  Mendocino, igual que su gran maestro Julio Le Parc, siempre regresa a su tierra natal con la intención de devolver lo que tomó de ella. Al mismo tiempo su obra se pude ver ambientando espacios fascinantes como los hoteles Rosewood de Londres y Hong Kong, o en la galería de Tony Chi, en el Soho de Nueva York.

En Mendoza Eduardo expone 15 obras abstractas y de gran formato en Bodega Caro. La muestra es parte del ciclo MovArt que organizan Inmendoza junto a Fine Art con el objetivo de difundir el arte argentino y  para que los artistas sumen nuevos espacios de visibilización y promoción de sus trabajos a la venta.

La última vez que vimos tu muestra en Mendoza había obras tridimensionales, ¿seguís en esa línea?

Es una serie que comenzó hace 10 años para insertarme en la arquitectura y la escultura. Siempre fui un poco escultor, aunque me da pudor decirlo.

Ahora estoy haciendo dibujos y maquetas para poder hacer obras a gran escala. Trabajo con aluminios calados con el water  jet (corte por chorro de agua). Los cortes se hacen con un chorro de agua a gran presión con arena del desierto de Gobi que es la mejor arena del mundo para perforar. Con eso hice el capot para Porsche, ahora estoy terminando una escultura para San Isidro, una pelota de rugby de seis metros.

¿Te estás involucrando cada vez más con la escultura?

Cuando empecé a pintar con (Zravko) Ducmelic, hace 44 años, me dijo «usted va a ser escultor». El vio que yo hacía unas manzanas con mucho volumen, y será por el mandato divino de este artista que siempre estuve relacionado con la escultura.

¿Hace un tiempo  anunciaste un gran proyecto que desarrollabas junto a tu mujer Karina, en qué consiste?

Este proyecto está pensado para obras de ocho pisos, es decir 24 metros. La tierra en Mendoza  es espectacular, el contexto es único en el mundo, basta ponerle una obra como la que estamos realizando, pero necesitamos que Mendoza vuelva a tener capitales e inversiones para poder avanzar.

¿Son esculturas gigantes?

Sí, como te dije tienen ocho pisos y son de aluminio. Estamos armando la obra con Dante Tisi que trabaja con grandes arquitectos como Renzo Piano yBignoli, te diría que es la única planta metalúrgica que puede meterse con trabajos tan delicados. Está reproduciendo además la obra de Le Parc a gran escala. Antes de que existiera  este tipo de tecnología era como un delirio pensar en esos tamaños, ahora todo es posible.

¿Te imaginás esas esculturas en bodegas, en lugares donde el paisaje intervenga en la obra?

Totalmente, nunca me lo imaginé en otro lugar que no fuera un paisaje, inclusive cuando he hecho mis redes (serie de obras en aluminio), siempre están relacionadas con las montañas mendocinas, es algo extraordinario, tan extroardinario que puede pasar como la catedral de Gaudí –salvando las distancias-. Pero es un trabajo que necesita una gran inversión económica y de tiempo.

¿Recién decías que el paisaje de Mendoza es uno de los más impactantes del mundo, a qué lugar te referís?

Conocí un  lugar único que tienen los Palma en la cordillera, en la frontera con el pedemonte, donde hay  aguas y ríos con truchas. Es en La Carrera, en el campo Los Chulengos. Otro sitio maravilloso es  Atamisque. No se si hay otro paisaje en el planeta con esas tierras, es una foto mundial, no hay medida para relatar esa belleza.

Estuviste hace poco en Los Angeles, ¿cómo fue esa experiencia entre los artistas de Hollywood?

Nick Meyer y su mujer llegaron a Argentina y quien hizo el contacto fue su mujer porque tenían interés de conocer mi obra. Venían recomendados por otro coleccionista de Los Angeles. Los recibí con un buen Malbec y algunos quesos  como hago con todos los que nos visitan y le conté que estaba trabajando con Tony Chi, quien en ese momento le estaba haciendo el interiorismo  a Leo Di Caprio. A raíz de ese comentario Meyer me dice: «vos tenés que venirte a Los Angeles y te presento a mis amigos, si está Leo lo invitamos». Entonces ahí le pregunté  «Nick, vos quién sos?» Y claro, me enteré que fue director de Viaje a las estrellas, hizo la serie de Los Medicis y  otras películas más. Entonces le pregunté si lo podía seguir tuteando y me invitó a su casa de Los Angeles e hicimos una gira de música y arte con Dany Goldstein que dio un concierto maravilloso para todos los amigos de Nick.

¿En qué estás trabajando con Tony Chi?

Con Tony hace unos años hice obras para el Hotel Rosewood de Londres y ahora terminé unas obras para el nuevo Rosewood de Hong Kong. Tony hizo esa maravilla y a mí me dio nuevamente el desafío de hacer una obra para el lobby del hotel. El cuadro ya partió, es una gran pintura. Ademas en este momento el estudio de Tony en el Soho de Nueva York,  inauguró una galería de arte en la que estoy con una muestra.

Estás en las galerías del mundo, pero siempre regresas a Mendoza, ¿qué le falta a la provincia en el desarrollo del arte, qué se puede generar, qué se puede cambiar?

Mendoza fue mi pedagoga, es más, cuando yo salí al mundo busqué como tutor a Julio Le Parc que también es mendocino. Siemto que volver es una devolución que hago a Mendoza, todos hemos ido creciendo, evolucionando, comprometiéndonos con el arte, porque no podíamos quedar tan al margen de lo que estaba pasando en el mundo. Esta ligazón que tiene el vino con el arte, el arte con la cultura de un pueblo, con la geografía y el turismo  es parte de esta evolución que nos pone a la altura de lo que se ve en el mundo. Mendoza siempre ha cambiado en distintas épocas gracias a la llegada de extranjeros. Creo que lo que se hizo en Killka con el arte y el vino fue puntapié inicial.

¿Y qué te motiva o te inspira en esta etapa?

Siempre me transporté, fui un nómade con la curiosidad de ver a los grandes maestros del mundo. En cambio ahora me siento más sedentario y creo que no necesito  transportarme porque el arte está más a la mano. Siento que desentierro cosas que están a mi propio alcance, soy como un Indiana Jones de mi propio estudio, descubro tesoros a mi lado como si te dijera que trabajo en un laboratorio interior. Hay papeles donde me limpio las manos y los tiro al piso que van formando figuras. Algún día voy a presentarlos.

¿Podemos hablar de una tendencia o vanguardia en la plástica?

Creo que es muy heterogéneo lo que está pasando en el arte porque hay muchas ideas, no hay una tendencia y eso está muy bien. El arte es un lenguaje al que uno puede acceder con un buen tutor. Yo vuelvo a Mendoza para devolver lo que me enseñaron personas como Ducmelic y Le Parc y lo que me transmitieron fue que lo más importante es la pasión. Le Parc cumplió 90 años y descansa su mirada en una pasión.

La muestra de MovArt podrá visitarse desde el 20 de octubre en Bodega Caro: Presidente Alvear 151 de Godoy Cruz. Tel. 261-54530963. Comercialización: Obras de Arte: Gabriel Abal – +54 9 261 656 6421 – [email protected]  Bodegas y Sponsors: Nicolás Scaiola +54 9 261 5522264 – [email protected]  o Ignacio Robello +  54 9 261 387 6948.

 

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