El mapa vitivinícola del mundo cambia al rimo desolador del clima: se habla de nuevas variedades de uvas que toleren el calor y la escasez de agua, y de zonas de cultivo más frescas y altas.

El cambio climático afecta cada vez más a la industria del vino y será el tema de especial importancia en 2020. ¿Cómo reaccionan los viticultores a unas condiciones en continuo cambio? ¿Qué soluciones existen para equilibrar las altas temperaturas y las fases de sequía? ¿Hasta qué punto cambian las concentraciones de variedad de uva en las áreas de cultivo relevantes? Estos y otros muchos aspectos se tratan en el ProWein Business realizado por encargo de ProWein en colaboración con la Universidad de Geisenheim conformaron un informe, el barómetro de tendencias más completo del mundo para la industria del vino.

1700 expertos de la industria del vino de 45 países fueron consultados sobre los mercados internacionales del vino, las tendencias en la comercialización y la situación económica. En el punto de mira de la encuesta de este año se encontraban los efectos del cambio climático en la industria del vino a nivel global.

Del informe se desprende que el 73 % de los entrevistados prevé  repercusiones concretas del cambio climático en su empresa. Los productores de vino apuestan por variedades de uva adaptadas al clima y nuevos procedimientos enológicos. Los consumidores apuestan por vinos ligeros y más frescos, en el sentido contrario a la evolución climática. La sostenibilidad económica y ecológica tiene una importancia extraordinaria para el futuro del sector.

Los más afectados por el cambio climático, tanto hasta la fecha como en el futuro, son y serán los productores de uvas y de vino. Para el futuro se prevé una gran demanda de nuevas variedades de uva con una mayor tolerancia frente al calor y la escasez de agua. Más allá de estas medidas de adaptación en las zonas vitivinícolas existentes, el cultivo de la vid se trasladará en creciente medida a zonas de cultivo más frescas a mayor altitud o distancia del ecuador. Las bodegas que permanezcan en las latitudes tradicionales se verán obligadas a cultivar variedades de uva más adaptadas a la sequía, de ciclo vegetativo más largo y que, por tanto, presentarán una maduración más tardía.

Los actores de la industria del vino ven una amplia necesidad de mejorar la sostenibilidad del sector. Además de reducir el consumo de agua es necesario disminuir la demanda de energía y, en consecuencia, la huella de carbono generada en la producción y la venta del vino. La nueva iniciativa IWCA (International Wineries for Climate Action – www.iwcawine.org) facilita el trabajo conjunto de los viticultores sobre el cambio climático.

Rendimientos menores y muy variables en más de la mitad de los productores de vino

En los últimos 5 años, los mayores efectos se registraron en el ámbito de la viticultura. Más de la mitad de los productores de uva tuvieron unos rendimientos reducidos debido a fenómenos meteorológicos extremos, tales como heladas tardías, lluvias intensas, granizo o estrés de las uvas por sequía. Como consecuencia de estos sucesos extremos, la volatilidad de las cantidades de uva cosechadas se ha incrementado fuertemente; al mismo tiempo, esta volatilidad ha producido fuertes fluctuaciones de los precios en el mercado de uvas y vino a granel.

Las características sensoriales de los vinos han ido cambiando: Tanto el comercio como las grandes bodegas embotelladoras declaran, en su mayor parte, que las características sensoriales de los vinos se han ido modificando. La mitad de las bodegas de mayor tamaño y las grandes bodegas que adquieren uvas y vino a granel de varios productores ya han tenido que aplicar nuevos procedimientos enológicos para mitigar los efectos que tienen las uvas y el vino a granel modificados por las condiciones climáticas en el vino listo para el consumo.

Las temperaturas en ascenso en las zonas vitivinícolas pueden producir cambios en el sabor de las uvas. Cuanto más calor, se genera mayor contenido de azúcar en las uvas, lo que luego se traduce en la formación de más contenido de alcohol en la fermentación, lo que a su vez modifica los compuestos minoritarios responsables de los aromas.

La rentabilidad de las empresas irá en descenso y restringirá su capacidad de adaptación. A lo largo de los últimos 5 años hubo ganadores (23 %) y perdedores (35 %) económicos debido al cambio climático. Para los próximos diez años, sobre todo las cooperativas (53 %) y las bodegas (44 %) prevén una reducción fuerte o muy fuerte de su rentabilidad como consecuencia del cambio climático. El descenso de la rentabilidad impide la capacidad de aumentar la adaptación al cambio climático por medio de inversiones.

Los viticultores ven una mayor demanda de variedades de uva adaptadas al clima. En los próximos años, los efectos del cambio climático en la producción de uva que se han podido observar hasta ahora irán en aumento. Para el futuro, los productores de uvas prevén un fuerte aumento del uso de variedades de uva más apropiadas para el clima. Uno de cada tres productores prevé esta necesidad hasta el año 2030.

Aumentará la necesidad de nuevos procedimientos enológicos. Para los próximos diez años, el 62 % de los comercios, el 55 % de las grandes bodegas embotelladoras y el 42 % de los productores de vino prevén que continúe el cambio de las características sensoriales del vino. En el futuro, la estrategia de adaptación de los nuevos procedimientos enológicos también se irá imponiendo entre las bodegas independientes y las cooperativas y será aplicada por la mayoría de las grandes bodegas.

Fuente: Informe Prowein