Como a la Cenicienta que la carroza se le hace calabaza, nuestra noche se disuelve en sueños a las 23, cuando cae la fuerza del protocolo. ¿Cambiaremos las costumbres argentinas?

    El hábito de salir tarde y regresar muy entrada la madrugada ¿se modificará para siempre?

    En todo caso es parte de ese inusual cambio de hábitos que sólo la pandemia ha logrado. Lo cierto es que nos hemos encontrado regresando a casa a las once con la sensación de haber vivido una larga noche (arrancamos después de tomar el té). Para sorpresa, cuando miramos el reloj y ni siquiera han dado las doce, pensamos que la noche está en pañales. Pero no, no hay nada que hacer fuera de casa.

    A los de veinte, la medida les parece por un lado bien «porque arrancamos antes» pero «no nos gusta nada tener que dejar el bar a las 23 hs.». O sea mientras se alargue la posibilidad de salir no hay problema pero si se corta antes…. «no da».

    Para los bares las medidas generan menos horas de trabajo. Si bien abren temprano, algunas barras como Suburbia están desde las 16 hs. con happy hour, nadie cae a tomarse un trago antes de las 20. Y cuando tienen que cerrar porque el protocolo obliga, no hay quien se quiera ir, principalmente los que llegaron a las diez pensando que todo es como antes.

    «Ya es mucho poder salir», dicen los de cuarenta y pico chocando pintas de cerveza artesanal en un pub de la Arístides. Aunque la mesa se divide entre dos varones y una mujer que son genéticamente noctámbulos y tres mujeres que no dudan en preferir las salidas temprano para «dormir bien» y «no trasnochar». «Además para padres y madres no hay dudas de que esto es mejor porque los chicos no andan girando hasta cualquier hora», aseguran casi al unísono.

    Escuchamos algunos adolescentes celebrar porque con esto «vuelven las pijamadas». «Es que te juntas y como nadie quiere irse tan temprano nos quedamos todos a dormir», dice Fran, contento de volver a ver a sus amigos.

    Trinitat Cambras, famosa cronobióloga experta en las incidencias físicas que producen en nuestro organismo los cambios de horarios, ha declarado que el confinamiento o cuarentena ha sido positivo para «conocer y vivir de acuerdo al carácter genético de cada uno y saber si tenemos tendencias matutinas o vespertinas».

    En Uruguay, otro país que como el nuestro cultiva las salidas tardías, surgió hace unos años el grupo Salir Temprano, que promovía y difundía todas las actividades culturales que se iniciaban y terminaban en horarios razonables. Sus cultores proponen eliminar el ruido social que genera la noche y darle el derecho a las personas de dormir sin interrupciones. En ese sentido se refieren tanto a los vecinos de la movida urbana como a padres que alteran sus horas de descanso en la vigilia por las salidas de sus hijos.

    Lo cierto es que a favor o en contra, la noche está boca arriba, reinventándose, invitándonos a probar el cambio y decidir si llegó para quedarse o lo dejaremos pasar.

    Foto de portada: Gentileza Suburbia (el bar que se reinventa con propuestas novedosas cada fin de semana).