Simon Stone, un joven director de cine de 36 años, se anima a un ritmo suave, pausado y austero para contar una gran historia. Lo mejor: las actuaciones y la fotografía de la campiña de Suffolk.

    Con algunas críticas por ser un tanto lenta y muy poca publicidad, La excavación se convirtió en uno de los grandes éxitos del verano en Netflix. Para un mundo acostumbrado a los videos efímeros de TikTok y a las series con exceso de adrenalina es un logro absoluto, porque verla requiere de tiempo y paciencia. Más que de paciencia, de relax: es una película con actuaciones destacables y sin estridencias para disfrutar sin prisa, si se quiere en partes.

    El guión de Moira Buffini se basa en el libro de John Preston, que logró sacar del anonimato al hombre que pasó días y días cavando en la tierra, al que intentaron sacarle mérito y al que nunca mencionaron hasta que la novela vio la luz y el Museo Británico lo reconoció en un cartel.

    Todo comienza en 1938, cuando Europa se asomaba al abismo de la Segunda Guerra Mundial, en la hacienda de una joven viuda que vive sola con su pequeño hijo. Ella, contra viento y marea, quiere saber qué hay debajo de los extraños montículos de su campo.

    Todo esto fue verdad: en la historia real, Edith Pretty (Carey Mulligan) solo consiguió que le diera importancia a su pedido Basil Brown (Ralph Fiennes), un hombre sencillo, sin títulos y campechano, apasionado por la arqueología, la astronomía, los libros y la tierra.

    Ambos impulsaron la célebre excavación de Sutton Hoo, que primero fue tomada como un capricho sin sentido en medio de la peor guerra a la que se enfrentó la humanidad, para luego convertirse en el hallazgo arqueológico más importante de Gran Bretaña.

    Detrás de todo esto, de los paisajes británicos, de un vestuario cuidado al extremo y de una fotografía increíble subyacen los dramas humanos de siempre: el amor, la vida, la muerte y el después de la muerte.

    La trama plantea quiénes somos, quiénes fuimos, por qué debemos saber de dónde venimos y posiblemente a dónde vamos: tal vez a ese mar infinito de estrellas que el excavador le enseñará a contemplar al único hijo de la terrateniente viuda y enferma.

    Mulligan y Fiennes se llevan todas las palmas y van construyendo una historia de amor platónico con un elenco detrás que también tiene lo suyo, aunque algunos caracteres quedan un tanto desdibujados.

    Conclusión: para saborear de a poco, sin ansiedad y disfrutando de las actuaciones de los protagonistas y de los paisajes verdes de las islas británicas. Lejos de TikTok, de los efectos especiales, de los dramas llenos de giros infartantes y de los golpes de efecto, pero con el ritmo entrañable del viejo cine que de vez en cuando nos hace falta.

    Como plus tiene la sorpresa de lo que se va encontrando debajo de la tierra, un hallazgo que demuestra que, aunque creamos que somos muy avanzados, hubo civilizaciones hace mucho tiempo atrás que supieron más de lo que creemos.