Interpretada y codirigida por Joaquín de Lucia, la obra propone una experiencia teatral intensa y poética donde un único cuerpo en escena se transforma constantemente: campesinos, reyes, amantes y fantasmas emergen entre gestos absurdos y palabras fragmentadas.
Inspirada en el célebre análisis de Michel Foucault sobre el suplicio de Robert-François Damiens y el nacimiento de las cárceles modernas, la pieza construye un universo inquietante en el que el poder, la violencia y la memoria atraviesan los cuerpos y la historia.
“Un hombre solo, una silla, una mesa. De pronto, comienza a multiplicarse y luego a desarmarse”, resume la propuesta escénica de una obra donde lo grotesco y lo poético conviven en tensión permanente.
