La tradicional costumbre de comer esta combinación de alimentos y vinos de origen italiano, se forjó en los arrabales porteños del siglo pasado. Hoy el moscato, elaborado por la bodega mendocina Crotta, vuelve a ser un aperitivo de mesa.

    Hciendo un guiño a la popular canción de Memphis La Blusera  «Moscato, pizza y fainá» rescatamos la costumbre porteña del siglo pasado de combinar este trío italiano que hechó raíces profundas en Argentina.

    La napolitana pizza, la farinata  o fainá originaria de Génova y el moscato piamontés, supieron ser el plato perfecto para los laburantes del puerto de Buenos Aires, a mitad del siglo pasado. Después proliferaron las pizzerías en la calle Corrientes y la trilogía devino en tradición gastronómica del barrio porteño.

    En Mendoza podemos disfrutarlas en la Social Pizzería de Barrio (San Martín y Juan B. Justo, de G.Cruz) que ha reflotado esta tradición sirviendo desde una porción de pizza al paso con un vasito de moscato, a pizzas enteras al molde, preparadas con una fórmula única y estudiada tanto para la masa como para la muzarella.

    El moscato es un vino afrutado y dulce, de origen italiano, elaborado con uvas Moscatel, que armoniza con la muzarella, la salsa de tomates y también la cebolla dulzona de la fugazza. A principios del siglo XX, el inmigrante italiano José Eduardo Crotta fundó su bodega en Mendoza, y aprovechó la expansión de las pizzerías en los años 30 para vender este vino por copa haciéndolo popular en nuestro país.

    La original ambientación vintage de los años 70 que el estudio Ailoviu eligió para la pizzería, termina de transportarnos al típico club de barrio, con mobiliario retro y elementos de una cancha de básquet en el salón del primer piso.

    Un detalle que queremos destacar es la excelente atención del personal (mayores de 40 por política de los propietarios), no solo por su amabilidad y disposición, sino por el entrenamiento y conocimiento sobre la historia de la pizza, el moscato y el fainá, que como bien nos relataban se comía en los arrabales del puerto, entre los inmigantes sin recursos, quienes para aumentar el volumen de su alimento, le agregaban a la porción de pizza la porción de fainá.