Una experiencia para conocer más sobre el mundo del vino, el aceite de oliva y otras delicatessen.

Degustar dulzura, amargor o picor, encontrar diferentes matices aromáticos, disfrutar de un espacio de encuentro con delicias regionales.

La mesa está preparada. Cinco son los puestos. Un individual blanco, copas de degustación color azul, cuatro botellas de aceite de oliva, una hoja, un lápiz,  copas negras, hojas de olivo, aceituna, una canasta con trocitos de pan y un plato con rodajas de manzana verde. Comienza el juego. «Mi nombre es Tatiana Nessier, soy sommelier vitivinícola, – aunque en realidad mi trabajo es complejo porque puedo hablar tanto del aceite de oliva, como de café o chocolate – y los voy a guiar en esta experiencia».

Tatiana trabajó siete años en una reconocida bodega mendocina. Su paso por esta le brindó herramientas para que su profesión se valide aún más en el rubro vitivinícola; no obstante y en paralelo su papá creó, una empresa familiar que fabrica aceites de oliva. De a poco fue interiorizándose en la producción, en la fabricación y en el proceso del aceite. Además se recibió hace poco de cocinera para poder darle valor agregado a su trabajo.

«Del oliva se desprende Casa Cayé, un emprendimiento mío que comencé hace cuatro meses luego de renunciar a la bodega. Es un espacio lúdico para aprender de aceites de oliva, vinos y productos gourmet», nos cuenta la sommelier.

El espacio se transforma en un momento lúdico. Los sentidos comienzan a despertarse. En las copas negras hay diez descriptores aromáticos – olores de la vida cotidiana -, algunos sentimos el aroma a canela, otros a manzana, otros a chocolate y así la experiencia se torna divertida. Una vez que olimos lo que había dentro de las copas, Tatiana nos cuenta que hay en ellas; manzana, manzanilla, chocolate, coco, frutas secas, rúcula, hoja de tomate, banana, anís y pimienta. La mayoría acertó en este juego de adivinanza olfativa, «recuerden que no necesariamente todos ellos los encuentran en solo en los aceites». El paso siguiente fue la degustación de los aceites de oliva, en donde nos enseñó algunas características importantes al momento de elegir o probar un aceite. La experiencia duró alrededor de dos horas, fue un en un contexto amigable y distendido.

«Ofrezco diferentes paquetes. Uno donde se hace un juego sensorial con degustación de aceite de oliva y una tabla con variedad de quesos, otra donde degustamos también aceite de oliva, tres vinos – que voy cambiando y decidiendo que ofrecer según el grupo que tenga- y tabla de quesos, y otra en el que sumo a lo anterior una clase de cocina», finaliza la Tatiana.

 

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