El escultor mendocino Tachuela vive, literalmente, dentro de una pileta, en Bermejo. Desde allí expande su trabajo creativo que se traduce en esculturas con piedras que se muestran en nuestro país y en Colombia. Ahora, prepara su nueva muestra

Tachuela, el artista que talla el alma de la piedra bola, vive en El Bermejo, dentro de una pileta. Su cabeza creativa le dio calidez de hogar a una antigua piscina de natación que hoy es su casa. Cambió el auto por un terreno con parrilla y pileta y dentro de ella comenzó a construir su casa-atelier. Tachuela, o Carlos D’Elia Dell’Agata, hizo su cama sobre la mesa de trabajo de Alberto Thormann, y en el jardín que circunda a su piscina-casa-atelier, crecen las piedras.

Pero estos detalles no son los únicos que atrapa nuestra atención, por estos días el escultor prepara una gran muestra en los jardines de la Bodega Monteviejo, denominada «Los secretos del sol». Sus obras monolíticas de pura piedra formarán un nuevo «mundito Tachuela» que se sumará a los que ya «vibran» en Colombia. Además hace muy poco filmó un video en el dique de Potrerillos arrojando una de sus obras al agua, no por una cuestión de amor a la Pachamama, sino por la búsqueda del lugar perfecto para sus esculturas.

Hoy en Colombia conviven cuatro muestras de Tachuela: en la Universidad de Antioquia, en el Museo Maja de Jericó, en la Casa de Cultura Sabaneta y en el Hotel Charlee de Medellín. En todos estos sitios el artista ha dejado sus criaturas, 30.000 kilos de piedras sacadas de Medellín que le demandaron 75 días de trabajo. De ellos nos dice: «cuando creo estos munditos siento que mi obra está cantando».

El artista asegura que le encantaría que su obra fuera universal, y para ser universal debería ocupar el mundo, «dejar “munditos Tachuela”, en cada lugar y para eso tengo que viajar». Mientras sueña con ello asegura que en siete años como escultor le ha ido «re bien, tengo piedras desparramadas por todos lados».

Su última gran presentación fue toda una apuesta de vanguardia. Tachuela rompió con el tradicional formato de muestra indicado para la escultura y generó una suerte de happening de audio, video y puesta teatral donde las actrices fueron sus piedras. La muestra fue «Minimal Stones», en el Sheraton, esa vez con piedras en formato miniatura, que se presentaron sumergidas en el agua y rodeadas de pantallas de LED donde se pasaba el video

«Lo que buscaba es el espacio ideal donde una obra no sufra el paso del tiempo y el agua se presenta como un elemento aislante. La idea es sacarle a las muestras la solemnidad, yo disfruto mucho la soledad y mi trabajo con las piedras, pero luego en las muestras sufro porque encuentro que todo es muy solemne», reflexiona.

–¿Dejaste una de tus obras en el fondo del dique?

–Sí, me puse un traje de neoprene para alejarme de cualquier interpretación vinculada a lo indígena y tiramos una obra al lago porque me imagino la piedra allá abajo. El plan no era una ofrenda a la Pachamama, ni nada por el estilo, sino buscar el espacio ideal para la piedra. Me alejo de lo indígena, le esquivo a lo «pachamámico».

–¿Se viene otro happening?

–El próximo es cielo azul, arena amarilla. Es la imagen que tengo en la cabeza. Veo a las piedras sobre el horizonte de arena y el registro durante todo un día de ese calor que se ve justo en la línea del horizonte.

–¿De qué te hablan las piedras, qué hay en tus cuadrículas?

–Empecé con la cuadrícula por un acto sobre la piedra y luego la cuadrícula me atrapó, tomaron significado, me gustan los alfabetos y me metí en el braile; me gustó lo binario y después las cuadrículas empezaron a fascinarme por sus vibraciones y las sombras. Semejante monotonía es difícil atravesarla, pero la cuadrícula se va corriendo muy sutilmente y van dando paso a otras cosas. Me lleva a una búsqueda, me hace pensar y ahora estoy llegando al Op Art (arte óptico), y la piedra como soporte para la desmaterialización es algo alucinante, yo no he encontrado a nadie que esté trabajando la piedra como soporte para hacer vibrar desde la repetición y las densidades. Voy por eso. La piel de la piedra es preciosa.

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