Un cuento moderno sobre la caza de brujas que reivindica la libertad.

    Durante la entrega de los Premios Goya 2021 la película Akelarre, del mendocino Pablo Agüero, se convirtió en una de las grandes ganadoras imponiéndose en las categorías de diseño de vestuario, maquillaje y peluquería, efectos especiales, música y dirección artística.

    Su director es poco conocido por el público argentino. Nació en nuestra provincia en 1977, pero pasó gran parte de su niñez en El Bolsón, para luego radicarse en Francia. Comenzó a llamar la atención en Europa con el cortometraje Primera nieve, premiado en el Festival de Cannes de 2006. Sus dos primeras películas Salamandra y 77 Doronship, fueron galardonadas en el exterior, pero nunca se estrenaron en Argentina. Los espectadores pudieron conocerlo con el film Eva no duerme de 2015.

    La historia de Akelarre se ubica en el año 1609 en el País Vasco. El juez Pierre Rosteguy de Lancre (Alex Brendemühl) y su consejero (el argentino Daniel Fanego) son enviados por el rey para «purificar» la zona. Así, llegan a un pueblo costero y hacen arrestar a Ana (Amaia Aberaturi) y cinco chicas más, acusándolas de brujería por haber participado de una fiesta nocturna.

    Pablo Agüero, junto con la guionista Katell Guillou, abordan de manera original un tema que ha sido tratado muchas veces en la literatura y en el cine: la persecución de grupos de mujeres durante la Edad Media por parte de la iglesia católica y tribunales eclesiásticos acusándolas de invocar al diablo en ceremonias. Persecuciones que, muchísimas veces, terminaban en la hoguera.

    Se trata de una temática que tiene vigencia en la actualidad porque se relaciona con una de las figuras con las que se ha asociado a las mujeres, representaciones que son estigmatizantes para el imaginario social, y que a su vez han desencadenado diferentes formas de represión.

    El director ha contado a los medios que la producción de la película le llevó más de diez años. No sólo la investigación histórica y las reescrituras fueron complejas, sino que su financiamiento también. Convencer a los productores de rodar esta película ocho años antes del nacimiento de los movimientos Ni Una Menos y Me-Too fue complicado porque la gente no entendía de qué manera les hablaría de nuestro mundo actual.

    Con grandes actuaciones y hablada en español y euskera (lengua nativa de los navarros), la película desarrolla su relato a través de un trabajo de fotografía -a cargo de Javier Agirre Erauso- y del sonido y la musicalización -obra de Maite Arroita Jauregui y Aránzazu Calleja- impecables.

    «Filmé a los personajes de Akelarre como filmaría mi propia infancia. Y la estética no fue un concepto aplicado a la historia, sino la consecuencia de lo que sucede en las escenas al respetar el misterio del claroscuro en lugar de destruirlo con esa luz difusa que mata las sombras, a la cual el mainstream nos ha acostumbrado», explica Agüero para el sitio Haciendo Cine.

    El film, coproducido entre Argentina, España y Francia está disponible en el catálogo de Netflix, y para quienes deseen disfrutarla en pantalla grande pueden hacerlo este martes 30 a las 21 hs. en el Cine Universidad.