A través de un recorrido estructurado en tres salas, Marcelo Andrade desarrolla una propuesta donde ambos lenguajes se integran como un solo cuerpo expresivo.
A lo largo de toda la muestra, la poesía de la autora española Mireya Guzmán Burgos acompaña cada espacio como un hilo sensible que une el recorrido, ampliando la experiencia visual y proponiendo una lectura profunda, contemplativa y emocional. El mar, presente de forma constante, opera como metáfora de memoria, tránsito y amor.
