¿Sabías que en Mendoza existe turismo volcánico? Sí, y hasta somos albergue de uno de los campos volcánicos con mayor densidad del mundo. Por lo tanto, no hace falta irse fuera ni ser andinista experto para encontrarse con terrenos que recuerdan que esta provincia fue (y sigue siendo) tierra de volcanes. Todos ellos dejaron una huella clara en el entorno que los rodea y en las experiencias que se pueden vivir a su alrededor.

En esta nota te invitamos a descubrir qué se puede hacer en esos paisajes volcánicos que forman parte de Mendoza y muchas veces pasan desapercibidos. Lo que sigue es una selección de lugares donde la actividad volcánica pasada o presente definió el paisaje y hoy ofrece experiencias que combinan aventura, naturaleza y esa sensación particular de estar pisando un territorio que todavía parece en formación.
Reserva Natural La Payunia: caminar entre volcanes y vida silvestre
Ubicada en Malargüe, esta reserva natural alberga cerca de 800 volcanes, lo que la convierte en uno de los campos volcánicos de mayor densidad del mundo. El paisaje cuenta con planicies cubiertas de material volcánico negro, rojizo y cobrizo con vistas a conos volcánico con un pasado geológico que todavía se siente presente.

La excursión lleva todo el día y vale cada hora invertida. El recorrido incluye paradas en lugares como Pampa Negra, el Volcán Morado con una caminata hasta el cráter, y el Campo de Bombas, donde vas a encontrar formaciones rocosas redondeadas que el volcán expulsó como burbujas de roca fundida. De fondo, el Payún Liso se impone con sus 3.680 metros, mientras que el Payún Matrú, el gigante de la zona, guarda en su caldera una laguna alimentada por nieve. Durante el trayecto es común cruzarse con guanacos (hay unos 14.000 en la reserva), choiques y piches que se mueven con naturalidad por este territorio que parece inhóspito pero rebosa de vida.
El ingreso es únicamente con guía habilitado. Si tenés vehículo alto podés coordinar la salida con un guía, de lo contrario, contratá la visita con una agencia. Es necesario sacar turno previo en la página de Áreas Naturales Protegidas a través de este link.
Volcán Malacara: un paisaje esculpido por explosión y erosión
También en Malargüe, el Volcán Malacara ofrece una experiencia distinta al resto del circuito volcánico de la zona: acá no se observa desde afuera, sino que te adentras en él. Con poco más de 1.800 metros de altura, este volcán tuvo hace unos 10.000 años una violenta erupción hidromagmática (cuando la lava entra en contacto con agua). Lo que dejó esa explosión, sumado a milenios de erosión por viento y agua, formó un laberinto de pasadizos, cárcavas y chimeneas que alcanzan los 30 metros de altura.
El trekking guiado dura entre dos y tres horas, con dificultad media. Vas a transitar por formaciones con nombres como «Los Puentes», «Tyto Alba» y las «Cárcavas Oscuras». Hay tramos con escaleras de hierro para atravesar piedras grandes y una subida de 400 metros con pendiente de 45 grados hasta el mirador. El esfuerzo tiene recompensa: desde arriba se ve la Laguna Llancanelo, la antena DS3 de la Agencia Espacial Europea y el horizonte norte de La Payunia. Los guías locales van explicando la geología, la fauna y la flora mientras recorren, lo que le suma otra capa a la experiencia.
Reserva Natural Laguna del Diamante: un espejo de agua a los pies del volcán
Si lo que buscás es un paisaje que combine agua, montaña y el silencio propio de la cordillera, la Laguna del Diamante es tu lugar. Ubicada a 3.250 metros sobre el nivel del mar, esta reserva natural protege un gran espejo de agua que refleja la imponente figura del volcán Maipo. El camino de acceso ya anticipa lo que viene: campos de escoria volcánica y manadas de guanacos que aparecen entre los tonos ocres y grises del terreno. Es un lugar que invita a quedarse, ya sea para pasar el día haciendo un picnic en las áreas habilitadas o para armar campamento y explorar con más calma.

La laguna se puede recorrer casi en su totalidad por las márgenes este, sur y oeste. Hay cuatro senderos disponibles, tres de ellos de dificultad media con una duración promedio de cuatro horas. También podés caminar por la orilla del río Diamante, hacer pesca deportiva y avistaje de aves. Para quienes buscan algo más desafiante, desde acá también se puede ascender al volcán Maipo, a 5.323 metros. Pero eso ya es otro nivel: son cinco días de travesía con cuatro noches de acampe, y es recomendable hacerlo con guías de montaña habilitados y experiencia previa en andinismo.
El ingreso es únicamente con turno previo, que se gestiona y abona online a través del sistema de Áreas Naturales Protegidas por medio de este link.
El Sosneado y el volcán Overo: termas, ruinas y paisaje volcánico
En el extremo sur de la cordillera mendocina, El Sosneado es un destino que pide ser descubierto con calma. El paisaje cambia a medida que se gana altura: el verde se vuelve ocre y el terreno empieza a mostrar señales claras de su origen volcánico. Al fondo, casi siempre presente, se recorta la silueta del volcán Overo, una cumbre exigente que solo pisan montañistas experimentados.

La experiencia acá no pasa por subir el volcán, sino por habitar su entorno. Senderos de dificultad media permiten caminatas tranquilas con vistas increíbles que conectan con uno de los grandes atractivos del lugar: El Hotel Termas del Sosneado. Alimentadas por el mismísimo volcán Overo, acá las aguas sulfurosas tibias brotan y se disfrutan al aire libre. Además, las ruinas del antiguo hotel suman una capa histórica al paisaje y refuerzan esa sensación de estar en un sitio detenido en el tiempo. También es posible realizar mountain bike, cabalgatas, avistamiento de cóndores y fotografía de paisaje. La zona invita a la contemplación y a conectar con la montaña.
Tupungato y sus valles: la montaña omnipresente
El volcán Tupungato, del huarpe “mirador de estrellas”, es una de las grandes presencias de la cordillera mendocina. Con más de 6.500 metros de altura, siendo el volcán más alto de la cordillera de los Andes y uno de los mayores del continente, su ascenso está reservado a andinistas de alto nivel. Sin embargo, su entorno ofrece alternativas mucho más accesibles, donde el volcán se transforma en un punto de referencia visual permanente y en un protagonista silencioso del paisaje.

Zonas como Los Cerrillos y La Carrera, en el Valle de Uco, permiten realizar trekking y paseos en bicicleta por caminos rurales, donde el entorno de precordillera se mezcla con campos abiertos y vistas panorámicas del cordón andino. Ideales para transitar sin apuro, observar el entorno y, en días despejados, reconocer a la distancia la silueta del volcán Tupungato dominando el horizonte.







