Felipe Staiti no necesita demasiadas presentaciones. Guitarrista, compositor y una de las figuras más influyentes de la música mendocina y argentina, su recorrido atraviesa décadas, escenarios y generaciones. Desde Mendoza hacia el mundo, su legado se mantiene y dialoga con el tiempo, las transformaciones culturales y el oficio musical entendido como búsqueda constante. En el marco del Día del Músico, el integrante de los Enanitos Verdes reflexiona sobre el rol del artista hoy, la identidad mendocina, el valor de lo colectivo y el lugar que sigue ocupando la música en su vida.

— En un contexto tan vertiginoso como el actual, ¿qué lugar creés que ocupa hoy el músico dentro de una comunidad?
— Son tiempos distintos en muchos sentidos. Creo que estamos transitando la era de la satisfacción inmediata. La bandera hoy tiene los colores del reguetón: un estilo que no deja huella, pero satisface el momento. Cumple con la lógica de estos tiempos. Es la época del skip, de los seis segundos de escucha y si no me gustó paso al otro tema, como en TikTok o Instagram, donde con solo deslizar el dedo cambiás de contenido.
— ¿Sentís que el rol del músico cambió o sigue siendo el mismo?
— El abanico es muy grande. El músico lleva consigo la consigna de comunicar, a través de canciones, obras e interpretaciones. Eso no cambia, porque nace de una necesidad personal. Lo que sí cambió es que hoy a los Djs se les dice que “tocan”. ¿Qué tocan? Las bandejas, los discos. Se ha nivelado para abajo.
— Mendoza atraviesa generaciones musicales muy distintas. ¿Qué tiene esta provincia para seguir produciendo artistas con identidad?
— Mendoza ha sido y sigue siendo una fábrica de músicos y artistas destacados. Tiene algo a favor y en contra al mismo tiempo: es un lugar inigualable para vivir, pero para satisfacer necesidades artísticas muchas veces hay que salir, abrir el juego en otros destinos. Es difícil dejarla. En mi caso siempre me fui, pero nunca me alejé.
— Después de tantos años, ¿seguís encontrando inspiración en Mendoza?
— No sé si alguna vez encontré inspiración en lo cotidiano de Mendoza. Aunque muchas canciones las compuse acá, no necesariamente están atravesadas por el lugar. La inspiración es una ventana que se abre cuando estás enfocado, con el radar funcionando. Como decía Picasso: “Cuando me llegue la inspiración, que me encuentre trabajando”.
— Mirando hacia atrás, ¿qué decisiones artísticas valorás hoy?
— El tiempo a veces nos hace reflexionar de manera tramposa. Pensar hoy que podría haber hecho algo distinto en un primer disco no tiene sentido. En ese momento hice lo mejor que pude con los elementos que tenía. Hoy valoro todo eso.

— ¿Qué te enseñó el tiempo que no se aprende ni en escenarios ni en estudios?
— Que además del talento musical hay que tener talento para bancar los desengaños, las puertas cerradas y todo lo que pasa detrás. Desde afuera parece fácil, pero el mar de fondo es profundo y turbulento. Por eso respeto a quien logra algo, más allá del estilo.
— ¿Cómo convivís hoy con tu propio recorrido?
— Es seguir transitando el sueño de adolescencia. Sigo soñando y mirando hacia adelante. Escuchar nuestras canciones en supermercados o playlists de aviones ya se volvió algo normal. Lo disfruto… y pienso que hay que renovar el set list (risas).
— Gran parte de tu obra es colectiva. ¿Qué te sigue motivando de crear con otros?
— Siempre creí en el ensamble. Hay una conexión que trasciende las palabras. Cuando encontrás gente que vibra en la misma frecuencia, fluye. Se aprende de la mirada del otro. Es difícil encontrar a las personas adecuadas, pero cuando sucede, aparece la magia.
— ¿Sentís responsabilidad al ser referencia para nuevas generaciones?
— No. Sería cargarme un peso que no me corresponde. Lo tomo como un honor. Referencia no es exigencia: cada uno debe hacer su propio camino.
— ¿La música puede ser una herramienta de resistencia cultural?
— El arte representa los momentos de la humanidad. No va a terminar una guerra. Pero sí puede ayudarnos a ser mejores personas o a mirar desde otro ángulo. Prefiero creer en el poder de una canción o un libro antes que en el de un misil tecnológico.
— ¿Cómo se sostiene la identidad al cruzar culturas?
— A través de las canciones. Ahí está la llave. La música ha roto más fronteras y unido más naciones que cualquier político.
— ¿Qué puede aportar Mendoza al mapa musical global?
— Hablo desde el rock: tiene un gustito distinto. La información de la montaña y los viñedos llega por otro canal. Cuando las canciones hacen referencia al territorio, ahí se forja la identidad.
— ¿En qué momento creativo estás hoy?
— En absoluta transformación. No se puede separar al hacedor del cuerpo que lo habita. Acabamos de terminar un disco con Enanitos y ahora estoy ordenando ese depósito interior de ideas y sentimientos.
— ¿Cómo definirías esta etapa?
— Perseverancia.
— ¿Qué te sigue emocionando de la música?
— La música en sí misma. Aparece cuando menos lo buscás y te llena el alma.
— En el Día del Músico, ¿qué mensaje dejás a quienes empiezan?
— Que abracen sus sueños. Volar con los pies en la tierra. La música se disfruta más allá del éxito personal.
Fotos Gentileza: Diario UNO, Prensa de Gobierno de Mendoza y Universidad de Cuyo.








