En un contexto donde la arquitectura suele agotarse en la imagen (renders inmediatos, visuales perfectas, proyectos que nunca llegan a materializarse) ONA elige correrse de esa lógica. Fundada en 2017 como ONA – Oficina Nómada de Arquitectura, el estudio trabaja desde una premisa clara: la arquitectura sucede cuando se construye, se habita y se sostiene en el tiempo.

Desde esa mirada, ONA se dedica exclusivamente al proyecto y la dirección técnica. No construye, no multiplica encargos por inercia y no persigue un lenguaje formal reconocible. El foco está puesto en pensar cada obra con profundidad, entendiendo que el tiempo invertido en el proyecto es lo que garantiza que ese proceso llegue, efectivamente, a buen puerto. “La arquitectura se cuenta a través de la obra construida”, sintetiza Nicolás Guerra, fundador del estudio, en una frase que atraviesa toda la práctica de ONA.
Estrategias antes que estilo
El estudio está integrado por los arquitectos Pablo Reinchisi, Juliana Catalani, José Tohmé, Diana Barrera, Laura Vera y María Paz Rodríguez, y en articulación permanente con la empresa ARCCUM para ingeniería y soporte BIM. Esta estructura permite abordar proyectos complejos sin perder control proyectual ni coherencia en el proceso. entiende cada proyecto como una relación prolongada. Especialmente en vivienda, diseñar implica acompañar procesos de vida que cambian. Por eso, el punto de partida no es un programa cerrado, sino una entrevista que busca comprender hábitos, intereses y formas de habitar. “No hablamos solo de ambientes, sino de espacios para acciones”, explica Nico desde ONA. Cocinar, reunirse, trabajar, descansar: la arquitectura aparece como respuesta a esas dinámicas cotidianas, no como imposición formal.
Ese enfoque se traduce en procesos de proyecto más largos que el promedio. Bocetos preliminares, aproximaciones sucesivas y conversaciones que permiten que la idea madure tanto para el estudio como para el cliente. Lejos de ser una debilidad, ese tiempo es entendido como una instancia clave para evitar conflictos futuros y asegurar que el proyecto sea comprendido en profundidad antes de comenzar la obra. “Si no se agotan las instancias de proyecto para que se comprenda completamente la propuesta, el problema aparece cuando la obra ya está en marcha”, sostiene.
ONA evita definirse por un estilo propio. La decisión es consciente: un lenguaje formal puede identificar, pero también limitar. En su lugar, cada proyecto se apoya en estrategias claras que lo hacen defendible desde lo funcional, lo económico y lo constructivo. En un escenario atravesado por la inteligencia artificial y la sobreabundancia de imágenes, el estudio insiste en una arquitectura posible: materiales disponibles, sistemas locales y decisiones ajustadas al contexto real. Proyectar con referencias inalcanzables o soluciones que no existen en el entorno local, advierten, solo conduce a obras que nunca se concretan.
Sustentabilidad como condición del proyecto

La sustentabilidad forma parte de esa misma lógica. Para ONA, no se trata de sumar tecnología como gesto, sino de pensar el proyecto desde sus bases. Orientación, ventilaciones cruzadas, proporciones, relación con el clima y el entorno resuelven gran parte del impacto ambiental de una obra con diseño ambiental pasivo. A eso se suman, cuando el proyecto lo permite, sistemas de energía renovable o soluciones técnicas específicas. Pero también aparece una dimensión menos visible y fundamental: la sustentabilidad económica y social. Un proyecto que no se puede construir o que no es apropiado por quien lo habita pierde sentido y deja de ser sustentable para el estudio
Crecimiento, ciudad y proyección
Como ya mencionamos, el estudio trabaja de manera colaborativa, con un equipo interdisciplinario de arquitectos e ingenieros, junto con un conjunto de asesores externos. Esa lógica de trabajo les permite abordar proyectos complejos sin perder control conceptual ni calidad técnica. Al mismo tiempo, ONA proyecta su crecimiento con una mirada estratégica: consolidar su posicionamiento en Mendoza, expandirse a nivel regional en Cuyo y comenzar experiencias internacionales, sin resignar identidad ni profundidad.

En ese camino, el estudio sostiene una postura clara respecto a su rol urbano. Cada obra es entendida como una pieza que dialoga con la ciudad. “No se trata solo de responder a una necesidad constructiva, sino de aportar a las visuales urbanas, a la caminabilidad de los peatones, a una ciudad más amable para la gente”, plantea Nico. Defender el proyecto como pieza arquitectónica construida implica, también, asumir una responsabilidad colectiva y social.
Entre las obras que mejor condensan esa mirada se encuentra la remodelación de la sede central del Colegio de Arquitectos de Mendoza. El proyecto, ganador del concurso provincial en 2023 y construido en 2024, se transformó en un espacio cotidiano para la comunidad profesional y académica. Una obra pública, colectiva y construida, que sintetiza el espíritu de ONA.
En un escenario donde la arquitectura muchas veces queda atrapada en la promesa y en lo inmediato, ONA insiste en una práctica exigente y paciente: escuchar, proyectar y construir para que la arquitectura, finalmente, suceda.







