Un escritor se sienta frente a cien personas en un bar y empieza a contar historias que, si no fueran ciertas, habría que inventarlas. Eso es Parece mentira, un recital de cuentos de Hernán Casciari.
No es una obra de teatro tradicional, ni una lectura solemne, ni una charla de escritor. Es una performance narrativa en vivo: Casciari elige, improvisa, recuerda, exagera apenas lo justo y convierte cada cuento en una pequeña escena compartida.
El formato de cien personas permite que todo ocurra cerca: la voz, la mesa, el vaso, las risas, el silencio de golpe. En Parece mentira, el público no mira desde lejos: entra al clima de cada historia como quien se acerca a una mesa donde alguien está por contar algo que no debería contar.
