Ubicada en Salta, este lugar bate dos records: es la bodega en producción más antigua de Argentina y tiene los viñedos más altos a nivel global. El lugar guarda un secreto para muchos, El Museo de la Luz, dedicado íntegramente a la obra de James Turrell.

    A 140 km de la ciudad de Salta se encuentra la Bodega Colomé, la cual tiene varias características que la distinguen: es la más antigua del país y la más alta del mundo. Además allí se encuentra el Museo de la Luz James Turrell.

    Fue fundada en 1831 por el gobernador español de Salta, Nicolás Severo de Isasmendi y Echalar, y perteneció a la familia Isasmendi-Dávalos a lo largo de 170 años, en los que introdujeron las vides Malbec prefiloxera y Cabernet Sauvignon desde Francia.  En 2001 fue adquirida por Donald  y Úrsula Hess, quienes estaban buscando el terroir perfecto y el clima ideal para hacer vinos únicos en estas tierras.

    La bodega se encuentras ubicada en el Alto Valle Calchaquí y tiene cuatro fincas que van desde los 1.700 hasta los 3.111 metros sobre el nivel del mar, siendo los más altos del país y del planeta.

    Una experiencia multisensorial

    Donald y Úrsula Hess dieron lugar a la historia reciente de Colomé, la más rica en logros y desarrollos, tanto para la bodega, como para el pueblo donde se ubica. Una de las cosas más fascinantes que generaron sus dueños es el Museo de la Luz, dedicado al artista estadounidense James Turrell, y uno de los tres únicos del mundo en su tipo.

    Este espacio de arte contemporáneo fue inaugurado en 2009 y pertenece a The Hess Art Collection. Se trata de un edifico de 1700 metros a los pies de los cerros abocado por completo al trabajo del artista, un matemático y piloto californiano que desde el aire se dio cuenta de los efectos fascinantes que producía la luz. Por más de cuatro décadas ha creado sorprendentes instalaciones que juegan con la percepción y el efecto de la misma dentro de un espacio.

    El artista tiene presencia en los principales museos del mundo, pero este es el único dedicado exclusivamente a su obra, y se ha convertido en una cita obligada para el circuito del arte internacional. Esta sala es considerada una de las más impactantes a nivel global por el lugar en el que está emplazada y por la originalidad de sus exposiciones que combinan luz natural y artificial con la arquitectura del lugar a lo largo de nueve instalaciones diseñadas por el californiano. La muestra permanente se completa con dibujos y láminas de su autoría.

    Turrell, conocido como “el genio de la luz”, relaciona su fascinación por el fenómeno lumínico con su búsqueda personal del lugar de la humanidad en el universo. Su arte pide una gran autoconciencia y disciplina, y una contemplación silenciosa.  La exhibición toma forma según el ojo que la mira, y nadie tiene la misma percepción sobre los colores de una misma obra.

    De esta manera el dueño de la Bodega Colomé logró combinar perfectamente dos de sus grandes pasiones: el arte y el vino.

    Nota: Agustina Agos