Se trata de SUP Yoga y consiste en realizar una práctica de yoga sobre una tabla de Stand Up Paddle. Los que la prueban, no la cambian por nada.

    El verano nos trajo la oportunidad de conocer un nuevo modo de practicar yoga, sí, una manera diferente e igualmente beneficiosa que se realiza sobre una tabla de Stand Up Paddle (SUP), en aguas tranquilas.

    El yoga es una de las actividades más saludables pero ya no se limita a realizarse en tierra firme sino que ahora se puede practicar en un dique, una laguna, el mar o una piscina. Se adaptan todas las asanas (posturas corporales) a las condiciones del medio acuático y así nace el SUP Yoga.

    Nos referiremos a una actividad que es tendencia en el mundo y que combina tres elementos claves para despejar la mente: las posturas benéficas del yoga, el agua y el aire libre, que producen una sensación de mayor relajación y de libertad.

    En Mendoza parece haber llegado para quedarse porque cada vez son más los que quieren probar una clase y seguir por más. Ya sea en el dique de Potrerillos o en la laguna artificial de El Roble Wake Complex encontramos una estructura en forma de estrella que une 10 tablas con una central, en la que se ubica la profesora y realiza la práctica junto a sus alumnos.

    Catalina Pecci es quien dirige las clases organizadas por la empresa Gow Travel y revela que las prepara tanto para yoguis experimentados como para primerizos. «Las prácticas son tranquilas y relajantes, con niveles de asanas no tan avanzados para que sea disfrutable y no se esté pensando en cuándo uno se va a caer de la tabla. Si uno tiene la cabeza puesta en eso se pierde la esencia del yoga que es conectarse con uno y con el entorno y entrar en concentración de los movimientos y la respiración».

    SUP Yoga es una práctica que se adapta a la tabla SUP y que, durante aproximadamente una hora, se hacen posturas y técnicas del yoga integral elegidas especialmente para poder hacer en el agua, es decir, se propone una dinámica para que la persona esté en equilibrio constante.

    Para ello, lo principal es la triangulación del cuerpo (tener tres bases apoyadas para sostener la postura) o estar en los planos arrodillado, sentado o cuatro patas (gato). «Son las posturas en las que más equilibrio uno tiene, hay mayor apoyo en la superficie movible».

    Si bien se suele hacer una postura de parado es solo por unos pocos minutos como para mover los brazos, por ejemplo. Vale aclarar que nada pasa si uno se cae, hay que volver a la tabla y retomar la clase. El estar mojado no es perjudicial, aunque se recomienda llevar una muda extra para cambiarse al momento de retirarse.

    En las prácticas suelen sumarse pranayamas, la actividad respiratoria en las que se mantiene el vació del cuerpo cuando uno exhala y en la que se mantiene el aire dentro de los pulmones cuando se inhala. Además de la postura de relajación final acompañada de una pequeña meditación.

    Beneficios del SUP Yoga

    La práctica de yoga sobre una tabla de Stand Up Paddle mejora la respiración y el sistema inmunológico, equilibra el sistema nervioso, aumenta la fuerza, la flexibilidad, la coordinación, la estabilidad y la resistencia, y sobre todo fortalece el core.

    Y como uno está al aire libre, en medio de una inmensidad natural, es excelente para el bienestar mental. Como se debe mantener el equilibrio durante toda la práctica, la persona tiene que estar con atención plena a la hora de moverse. Se está anclado en el momento y los pensamientos varios no suelen aparecer tan seguido.

    «La energía que brinda el SUP Yoga es única, al cambiar la base en la que uno trabaja (la tierra firme por el agua) se siente una energía revitalizante hermosa, hay fluidez y un pequeño movimiento que nos conecta de otro modo».

    El SUP Yoga nació en Florida, Estados Unidos, no hace mucho tiempo y a Mendoza llegó para sumar adeptos que aman ejercitarse al aire libre y conectarse con la naturaleza que los rodea.

    Si te interesa sumarte a la práctica de SUB Yoga, podés comunicarte con Gow Travel y/o Catalina.

     

    Fotografías: César Crespo en El Roble y Facundo Gutiérres en el dique de Potrerillos.