A partir de un espejo y de una casa que era un punto de encuentro teen nació un espacio que es de todo menos aburrido. Peluquería, tatoo, murales, tragos, cine y un emprendimiento tan original como descontracturado.

Es el negocio de alguien? No, porque lo que entra se reparte en partes iguales entre chicos sub 21 que estén haciendo algo: pintura, tatoo, barbería, cortes locos. ¿Es una peluquería? Sí, pero no, porque además de tuneo integral y barbería tiene sesiones de Dj, murales de artistas, tattoo y tragos ¿Es una unión vecinal? Un poco, porque además desfilan por el lugar más de cien chicos por semana, decenas de vecinos regalaron trozos de algo, muebles, trabajo o piezas para dejar con onda el Punto de Encuentro de la Juan B Justo.

Lo que hoy es una especie de barbería-casa de tattoo- lugar de tragos-pared para artistas visuales y centro de reunión, fue siempre el sitio donde se encontraba un grupo de amigos recién salidos del secundario que amaban la cultura skater.

La casa abierta-unión vecinal de chicos que da a la calle es de Samuel Mathieu, que a sus 19 años y mientras estudiaba cine tuvo un flash con un espejo. O de su mamá cineasta, escritora y periodista Mariana Guzzante, la mujer que abría sus puertas para que la tribu de pibes desfilara por la casa.

«Se nos prendió el foco en dos segundos», cuenta Samuel. Con Nicolás Marcellini y Agustín Arellano acababan de salir del colegio. «Mirá el espejo que tenés», dijo uno de los chicos mientras hablaban en lo que era un living que daba a la calle. «Hagamos algo».

 

Así fue como abrieron la puerta y empezaron a construir a pulmón, «sin un peso», y con la ayuda de muchísima gente: artistas, vecinos que donaron muebles, amigos que taladraron, pintores que decoraron y estudiantes de cine y cineastas que registraron todo en cortos.

«Se fue contagiando la buena onda en todo el vecindario y todos ayudaban». A tal punto, que un día entró al espacio un artista plástico que no conocían, apodado «el alemán».

 

«Les hago los murales», dijo a este trío de teens que encaraban un proyecto gigante sin saberlo. Y pintó un hombre galaxia, en honor al álbum de del dúo británico Disclosure.

Hoy, dos años después, el multiespacio está regentado por estos tres chicos de 21 años que soñaron frente a un espejo, al que se sumó más gente creando y no es un negocio.

 

Nadie gana más que nadie: el que entra a hacer un tatoo se lleva la mitad de la ganancia. El que quiere sumarse al grupo de chicos que elaboran esos raros peinados nuevos, se lleva la mitad de la ganancia. La casa, dice Samuel, es de todos, y la idea es que siga siendo un centro de reunión y de buena energía para una generación Z que está lejos, pero muy lejos de ser abúlica.

Punto de Encuentro: Juan B Justo 664, Ciudad de Mendoza. IG @punto_d_encuentro