La artista de líneas perfectas y colores estridentes está feliz porque su pintura traspasó fronteras y se expone en la galería de arte contemporáneo Rossocinabro de Roma. Felicidad que comparte en esta charla relajada y encantadora.  

    En La Sala Maridajes hay arte por doquier; en sus cuadros, en objetos decorativos, en la presentación de los platos y cócteles y en su terraza, un espacio único en la provincia. Allí, Laura Caccavo Hoffman (Lali) tiene montado su atelier, el primero que convive con un restó-bar y que se retroalimenta de las personas que van, de la música que suena de fondo y de las plantas que abrazan el espacio.

    En el taller hay puras líneas en formas geométricas, colores vivos, colores flúor y la sensación de movimiento constante. «Es un lugarcito con una luz natural muy especial. Por la mañana me da una nitidez increíble para pintar las líneas perfectas», comparte la pintora que nació en una familia de artistas.

    Laura está feliz y es que su obra está expuesta ahora mismo en la galería de arte contemporáneo Rossocinabro Gallery, de Roma, en un muestra de artistas internacionales que da a conocer jóvenes talentos.

    «Es la primera vez que mis cuadros se exhiben en el exterior y ya se abrieron un montón de puertas. Se viene una representación en una galería de Milán y en una feria en Luxemburgo», comparte la artista plástica que realizó en Italia su primer curso de arte, cuando recién estaba descubriendo su vocación, razón por la que esta experiencia de colgar su arte en ese país, lo siente como «haberse recibido».

    Caccavo Hoffman supo diferenciarse en la galería italiana con su arte geométrico y su pintura fotoluminiscente inventada junto a su padre. Se trata de un polvo que al quedarse a oscuras, se prende solo. «Llevé mis dos últimos trabajos que me parecieron los mejores; uno tiene movimiento al solo mirarlo y el otro, parecería salirse del marco».

    «Las obras son lo realmente importante, no la artista», dice Laura, quien ve un laberinto en su futuro: «Mi vida es laberíntica y los laberintos son con líneas (ríe), no tengo ni idea a dónde voy pero siempre para arriba y con cuadros en todo el mundo».

    La perfección geométrica

    La luz en la obra de la artista representa «absolutamente todo», ella juega con las luces de colores, con las sombras, con el sol… La nitidez para pintar es su primera necesidad y la encontró en su taller ubicado en la terraza de La Sala Maridaje.

    Desde hace más de 20 años que pinta líneas y mientras más perfectas le salgan, más placer le da. Ya son parte de su vida como también los diferentes colores que logra en los acrílicos que utiliza. «No solo las líneas generan arte óptico,  también el aporte lumínico, ese que le doy jugando cuando el diseño quedó terminado».

    ¿Qué dicen tus líneas? 

    Son patrones, viajes, experiencias. Las líneas solas no dicen nada, es el efecto en sí que crean en el cuadro completo lo que habla.

    Y lo que dicen sus pinturas es que cada espectador tenga su «viaje sensorial»; según ella misma dice, muchas personas verán caos mientras que otras, monotonía. Y en cuanto a si ella viaja al estar creando sus cuadros irrepetibles, confía: «claro, de hecho, el cómo estoy en ese momento influye en los colores que uso, en cómo juego con el acabado del cuadro. El diseño en cambio, ya está definido en mi cabeza y tiene que ser perfecto».

    La mujer dedicada al arte óptico contagia su entusiasmo por los detalles «calculados» a la hora de pintar pero entre risas confiesa que en eso está su dicotomía en la vida, «no soy detallista pero evidentemente sí soy así».

    Laura utiliza colores expresivos aunque en el presente está experimentando con los blancos y negros, «estoy bastante monocromática, antes era más efusiva y más creadora de colores».

    ¿En dónde considerás que se lucen más tus cuadros? 

    Yo los veo en casas y consultorios de estilos más minimalistas porque ya la pintura sola habla, tienen mucha personalidad y se ven desde lejos. 

    Nombraste muchas características que bien podrían ser tuyas

    Sí puede ser, yo soy el pincel de mi vida. Soy ansiosa y avanzo en los cuadros en función de mi inspiración. Puedo imaginarme varios cuadros, los pinto a todos y luego los dejo en stand by; lo hago en el momento para que no se pierda la intensidad con la que los imagino. Ya cuando estoy más relajada, les pongo color. Hay días que no pinto porque no le insisto a mi cuerpo.

    Sobre el rol del espectador en su arte, Laura lo reconoce como fundamental, «se crea una comunicación distinta en función a dónde se para el espectador, la persona es parte de la obra. El mismo cuadro puede ser de muchas maneras, depende de cómo lo mires o lo pongas».

    ¿Te imaginás al espectador cuando pintas?

    No porque el espectador en ese momento soy yo. Después cuando está terminado, que cada uno lo vea con sus propios ojos. Muchos artistas pintan para el público, para que les guste la obra y yo no, todo lo contrario. Lo que hago es lo que me nace, guste o no guste.