Ingeniero agrónomo y escritor, Clement es la cara visible de la empresa social Vinos de Luz que busca convertirse en un emprendimiento de corte horizontal.

La empresa «Pequeña Bodega» tiene que ver con los inicios de Santiago Clement en Mendoza. La empresa vitivinícola, ubicada en La Puntilla, es propiedad de uno de los primeros amigos que atendió a su pedido de ayuda en 2010 para trenzar lo que sería una cadena de favores y más tarde un emprendimiento con vocación social. Además, junto a él y otro compañero más, elaboran «Primal», un vino de partida limitada y por fuera de «Vinos de Luz», una organización productiva centrada en la construcción colaborativa y comunitaria.

Santiago, oriundo del conurbano bonaerense, empezó a escribir cuando llegó a la provincia a cursar una maestría en Viticultura y Enología, nos espera entre libros, etiquetas y la alegría de haber obtenido el segundo premio del Certamen Literario Cuyo, que se suma a una interesante lista de reconocimientos en concursos.

«Vinos de Luz» comenzó hace nueve años cuando Clement conoció en Chacras de Coria a Juan Gómez, un carpintero sin taller vuelto cartonero tras haber perdido una pierna en un accidente de trabajo. Así fue como para colaborar con él, se propuso conseguirle un lugar y las herramientas necesarias para que regresara a su oficio, y fue con la venta de unas treinta cajas de vino de la bodega como concretó su propósito, al que le siguió otra misión humana y más tarde otra. Desde entonces, los vinos se convirtieron en una posibilidad que reunía su llamado de servicio con sus conocimientos profesionales.

«Cuando conocí la historia de Juan y me propuse mes a mes apoyar a ONG´s que tuvieran algún taller o emprendimiento, pensamos en elaborar un vino propio con «Vinos de Luz». En 2013, entonces, me vinculé con la parte productiva, la compra de uvas, el registro de la marca, el diseño de etiquetas y el modo de distribución. Se unió un amigo, Ale, y también mi primo, Esteban (Olivera), con quien seguimos en el proyecto. A partir de ahí todo mutó en base a la reflexión profunda y futura de lo que queríamos, y hoy el modelo es otro».

Si lo tarea inicial fue realizar acciones para acompañar el desarrollo humano de las personas que conocieron en el camino, más tarde el propósito se trasladó a quienes trabajaban en el proceso productivo a través de becas de estudio y fondos comunes. Desde fines de 2018 el objetivo es superior: transformar «Vinos de Luz» en un proyecto horizontal, integral, cooperativo y colaborativo a través de un convenio con la asociación Punto Estratégico Contratistas Unidos de Mendoza, un núcleo de familias de distintas zonas del Este que desarrollan una tarea súper vulnerable en la cadena. Asimismo, sus mentores apuntan a sostener programas como el de la línea «Sumados», con un porcentaje que se destina a organizaciones no gubernamentales, así como la mirada verde y sustentable que atraviesa a todo el proyecto.

«Más que una necesidad solidaria va por el lado de la convicción. No hago esto por generosidad ni por altruismo sino por colaborar en la transformación social. Es un modo diferente de hacer las cosas junto a los otros. En la medida en que uno se involucra en tareas comunitarias y eso impacta en vos, se transforma todo en un lazo de reciprocidad. Como el sistema nos lleva a la individualidad y al egoísmo, lo raro termina siendo lo otro», comparte el también autor de cuentos y relatos, que de niño dibujaba y leía historietas y a los 17 años descubrió su gusto por la lectura a partir de «Harry Potter». Este interés desconocido lo llevó a nutrirse de otros autores y un buen día a desplegar sus ganas de decir con palabras. «En Mendoza me estalló la escritura, creo que tuvo que ver con encontrarme solo, lejos de mi familia y mis primos, que son 60. Mi vida allá era otra y la de acá de mucha serenidad», dice.

«Mis primeros textos son muy sociales, atravesados por las realidades y situaciones que veía en mis traslados del conurbano a Capital. Un día escribí una reflexión con forma de cuento, me gustó mucho cómo quedó, se lo pasé a mi hermana melliza y le encantó. Ahí cambió la forma de mi escritura, influenciado por varios escritores latinoamericanos y los condimentos del género fantástico. Ahora lo que escribo es casi todo fantástico aunque también estoy con un libro que se llama «Cómo hacer vino en casa de Adrián», una obra técnica con elementos de una novela romántica».

Para conocer más sobre Vinos de Luz, sus valores de comercio justo, impacto social, sustentabilidad y calidad, ingresar a Proyectos de Luz, donde también pueden adquirirse las cajas de las distintas líneas de la marca y destinar un porcentaje a una acción positiva.

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