El enólogo «nómade por naturaleza» produce con una técnica propia, opuesta a todo: bajos en alcohol, con alta acidez y muy bebibles. Así nació PolOpuesto.

Pueden ser respuestas demasiado loquillas pero así soy, así pienso, así escribo, así son los vinos de PolOpuesto»… De esta manera comenzó la entrevista Pol Andsnes, el enólogo «nómade por naturaleza» que nació en California y que pasa sus vendimias entre Europa y Argentina.

 

Mientras que en el Viejo Continente realiza un programa de vinos de crianzas largas, de variedades autóctonas desconocidas; en nuestro país lleva adelante un proyecto nómade de vinos durante  ocho vendimias, vinificando en cinco bodegas y en el galpón de un viñedo.

Pol tiene una postura y una producción de vinos diferente a las que estamos acostumbrados y de allí devino su marca PolOpuesto. «Concebí el nombre en 2013 cuando me sentía muy joven y rebelde; siempre dije que los vinos que quería hacer eran el polo opuesto al estilo convencional de Argentina», cuenta el joven que luego notó que era un juego de palabras de su propio nombre y el concepto subversivo que quería expresar.

Su llegada al mundo vitivinícola fue gracias a «una pulsión de locura» y a su vida social; en las fiestas tomó afición por el vino, por el vino bueno que él describe como «un poco rebelde y libre y anti-comercial».

«Siempre he buscado despertar u ofender. Y mis vinos son así, hechos para despertar, para sorprender a la gente. Y para algunos que están en contra de mi manera de hacerlo: sin intervención. Hay muchos vinos correctos, yo prefiero explorar los límites de lo posible», comparte el enólogo.

Andsnes trabaja en pequeñas producciones de uva cosechada a mano; tira el racimo entero en pequeños tanques, fermenta con una maceración más corta o más larga que la convencional. Luego trabaja en una prensa de madera manual y el vino va directo a barricas con mucho uso para hacer la crianza.

«Todos los movimientos del vino los hago sin bombas, por caída de gravedad. Durante la vinificación y añejamiento no agrego ningún producto. No filtro ni clarifico en ningún momento. Típicamente un vino mío pasa un año en la barrica, algunos han pasado hasta 3 años», revela.

El uso de uva criolla… ¿es una vuelta al vino «originario»?

-Como estoy elaborando vino en Argentina, quiero trabajar con uva que tenga raíces e historia por eso desde el 2016 utilizo variedades Criolla Grande, Torrontés, Bonarda y Malbec. En mi caso no es una vuelta al pasado elaborar con estas uvas sino una búsqueda de lo único y auténtico de este lugar.

El arte de las etiquetas… ¿son creaciones tuyas?

Como la expresión creativa es imprescindible para mí, yo he diseñado todas las etiquetas de mis vinos. Es la manera con la que intento controlar toda la experiencia que tiene el consumidor de una botella mía. La imagen de la etiqueta tiene un impacto fuerte sobre las sensaciones de la persona que toma el vino.

¿Y la peculiaridad del nombre de cada botella: «PolOpuesto», «Qué grande sos!», «Primavera Negra», «Mala Hierba»?

El último acto creativo de producir un vino es darle un nombre. Es complicado poner tantas ideas, hechos, memorias en pocas palabras o en una sola. Así que ahora estoy poniendo nombres más abstractos, libres de interpretaciones. Pero a la vez tienen un enigma que sólo yo sé.