La winemaker reside momentáneamente en Australia y asegura que Mendoza no tiene nada que envidiarle a esta zona vitivinícola. «Estamos muy al día con la tecnología y con los productos», dice, y anticipa que trabaja en un vino de garage que saldrá a fin de año.

    Jueves 18 hs. en Mendoza. Viernes 07 hs en Melbourne, Australia. La llamada comenzó a sonar y se concretó durante más de 70 minutos. Daniela Pi nos atendió casi a la par de su despertar y con entusiasmo por contarnos cómo es su vida actual. Durante la entrevista vía WhatsApp nos divertimos con los canguros que se alimentaban en las plantaciones frente a la ventana de su habitación. Un paisaje totalmente exótico para nosotros.

    Desde principio de año, Daniela está instalada en Yarra Valley, un valle cercano a Melbourne, con más de 80 bodegas. Antes pasó por Barossa Valley, una región vitivinícola y turística importante de South Australia. «Mi plan era venir a adquirir experiencia y volverme cuando me cansara porque me aburro muy rápido y quizá por eso cambié de trabajo y de casa. Luego me agarró el coronavirus y acá estoy», se ríe y a la vez confía que está aplicando a la visa para quedarse más tiempo. «¡No conozco la playa todavía!», dice.

    Es diseñadora gráfica y al recibirse sintió otro llamado, el de la enología. Siguió su instinto, comenzó la carrera y ahora, a la distancia, está rindiendo las últimas materias para recibirse. Su relación con el mundo del vino viene desde que nació ya que su papá es el prestigioso enólogo Daniel Pi.

    Ambos, apasionados por la vitivinicultura, instalaron allá por 2010, en la cochera de su casa, su propia bodega garage, un proyecto familiar y un hobbie del que también es parte Gonzalo, el primogénito de Daniel. En un alarde de imaginación y sentido del humor nombraron al primer vino «Tres 14» (3,14, el número Pi, ¿nos siguen?), al segundo «Imperfecto» y al tercero, que será lanzado antes de fin de año, lo bautizaron «Irracional».

    «Con el tiempo nos fuimos extendiendo a garages de familiares, en vez de autos tenemos las barricas y las máquinas. Nuestra idea es hacer un buen vino, a un precio accesible», revela y, paso seguido, nos habla de sus producciones. 

    Daniela Pi. vinos garage1

    Tres 14: Es un Malbec de Vistaflores que pasa nueve meses en barrica de roble de segundo uso. Muy frutado, fácil de tomar, «para mi un vino más amable que el Imperfecto».

    Imperfecto: Un Malbec Cabernet Franc de Gualtallary. Tiene 18 meses en barricas de roble de primer uso. Es más estructurado, más tánico, se le siente mucho el Cabernet Franc. «Es rico pero un poco más difícil para tomar solo, va mejor para acompañar comidas».

    Irracional: «Ahora vamos a largar este vino de Calingasta (San Juan) de un viñedo que nos gusta mucho. Se embotella ahora en octubre y la idea es presentarlo antes de fin de año».

    Daniela logra combinar sus dos profesiones en una botella ya que ella misma es la que diseña las etiquetas de los vinos garage, «me pondría celosa si otra persona las hiciera. Me encanta hacerlas y soy creativa».

    Pi resalta que lo que más le gusta de la industria vitivinícola es que une a la gente «y cada vez más a los jóvenes», que le «abrió mucho la mente» y siente que es «un puente cultural»: «El vino me ha dado muchos amigos y todo ha empezado al momento de abrir y compartir una botella. En las reuniones con enólogos de varias partes del mundo, cada uno trae el vino de su región y lo comentamos, contamos su historia y se crea algo muy bonito y enriquecedor».

    Y en ese momento en que te toca abrir un vino argentino, ¿cuál elegís?

    Si tengo, abro uno mío. Acá fliparon con el Imperfecto. Y si no me quedan más, alguno que me guste de mi papá, como el Iscay Syrah – Viognier. Me siento orgullosa al compartir un vino de él y puedo contar su historia tal cual es.

    En cuanto a sus gustos a la hora de hacer un vino, confía que ha pasado por varias etapas para la elección de varietales pero que siempre tiende a elaborar «un vino que no tenga mucho roble, no muy amaderado. Uno fácil de tomar, amable, varietal». Respecto a su elección para tomar vino, escoge el vino blanco y el espumante: «Me encantan. Me gustan los vinos poco tánicos, frescos, fáciles de tomar… como los que me gusta hacer». 

    Y una elemento que descubrió en Australia es la tapa a rosca, ¡sí! «Acá se usa y a mí me parece re divertido. El vino está siempre listo, te lo podés llevar a cualquier lado, no hay problema si te olvidas o no tenés el sacacorcho y si no lo terminaste lo podés cerrar». Quizás próximamente sea un recurso que Daniela utilice en sus vinos garage, veremos.

    Pi ha pasado por varias bodegas de distintas regiones del mundo y siempre se ha adaptado ya que -según nos cuenta-, el trabajo y las técnicas son las mismas. Claro que ha ido incorporando conocimientos respecto a ritmos y formas de trabajo con el personal y ha aprendido a elaborar diversos tipos de vino. «Mendoza no tiene nada que envidiar. Estamos muy al día con la tecnología, con los productos», resalta con entusiasmo.

    ¿Cuál es el secreto de un buen vino?

    Tener buena materia prima, un buen equipo de trabajo y que la bodega esté limpia porque en los aromas del vino aparece la suciedad. Cuando decís que un vino está rico pero no tiene gusto a nada, es porque hubo suciedad. Soy un poco maniática con la limpieza en casa también (ríe).