Nos trasladamos al nuevo estudio del viajado artista mendocino, un lugar de historia, arte y vinos.

«El arte implica tiempo y buscar milagros sin esperar resultados inmediatos». El que habla en el pasillo de la histórica Casa Villa Elina, donde desarrolla el último tramo su obra, rodeado de los jardines diseñados por Carlos Thays y los frisos de Fernando Fader es Marcello Mortarotti. Su flamante atelier es el espacio donde recibe al público interesado con cita previa y al que acompaña a recorrer las obras con una degustación de sus vinos de garage, reunidos bajo el nombre Laberinto, con la alquimia aprendida del enólogo Daniel Pi.

Su relato es caótico y con la misma falta de estructura inventa materiales y aborda su producción artística, que abarca fotografías, pinturas, objetos nacidos del deshecho, películas y cuantas ideas lo mantengan en vilo. Vivió en Californa, Milán y Nueva York y desde que nacieron sus mellizos eligió plantar los pies en Mendoza, aunque con antenas por fuera de la provincia. Los viajes, la curvatura del espacio, las escenas surrealistas, las dos y tres dimensiones, la ilusión y los puntos lumínicos son algunos de los temas y proyectos a los que permanece asociado.

«Ahora trabajo en una serie hecha con la parte de atrás de unos espejos que me dio un amigo de la mítica Casa König y lo que hago es pintar sacando pintura. Hay una obra en la que se ve el Cordón del Plata de noche, otra que se llama El bosque de Moby Dick y yo encuentro en ellas algo así como el backstage de la realidad. No me pongo muchos límites y si bien mi producción es diversa, cuando veo mi obra junta encuentro una conexión: la luz. Hago lo que puedo y trabajo en veinte cosas al mismo tiempo».

Los procesos de investigación y la experimentación constante acompañan su espíritu creativo, que lejos de detenerse en el camino seguro, incursiona en nuevos desafíos y prepara una muestra para antes de fin de año. «Mi idea es armar en Mendoza mi nave principal. Estoy replanteando mi trabajo. No me quiero limitar; a veces voy detrás de algunas preguntas. Ahora estoy con la pintura en espejos y armando un equipo de filmación entre amigos para avanzar con eso. Creo que si pasan cosas no hay que dejarlas pasar y a la vez hay que buscar que sucedan. Muchas veces es la luz la que me llama y el surrealismo lo que me moviliza desde joven. El arte como medio para armar un mundo propio con un lenguaje en permanente desarrollo. Sentirme parte de eso…»

 

 

 

 

 

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