La firma Corbeau Wines sigue en la línea de crear vinos totalmente descontracturados con una comunicación que apunta a conquistar a los millennials

Enfocados en la conquista de los millennials que se atreven a probar cosas nuevas y buscan vinos fáciles de tomar los hermanos Francisco y Eduardo Rodríguez, tercera generación de una familia de bodegueros del Este apostaron al cambio. Hace 10 años se animaron a dejar los vinos commodity para iniciar un nuevo camino asesorados siempre por su padre Eduardo. «Reconvertimos todos nuestros viñedos, hicimos un click y decidimos hacer vinos varietales incorporando tecnología de última generación en la bodega», cuenta Francisco, Brand Manager de la empresa.

Con dos líneas en el mercado: Pixels (el vino con etiquete interactiva) y Mad Bird, los hermanos buscan posicionarse internacionalmente, sobre todo en Estados Unidos y Europa, sin descuidar países como Brasil. El mercado asiático, en una proyección futura, se presenta como el gran desafío.

Con etiquetas llamativas y muy originales, diseñadas por Estudio Dizen, la comunicación de Corbeau Wines sigue la línea descontracturada que prefieren los jóvenes.

«Los Pixels son vinos mucho más simples, en cambio los Mad Bird son vinos más complejos o estructurados pero nunca dejamos de lado la tomabilidad porque no tienen barrica invasiva, preferimos siempre que sean vinos más frutados y frescos», detallan.

Con la intención de hacer que el consumo de vino sea una situación cómoda y no un ritual estresante donde se ponen a prueba los conocimientos, Francisco y Eduardo pusieron el foco en las drinkability (tomabilidad), buscando que sus vinos fueran  fáciles de tomar, «hacemos vinos para que quien entra al mundo del vino se sienta bienvenido y cómodo, con ganas de seguir tomando», explica Francisco y aclara: «no se trata de motivar el consumo desmesurado de alcohol, pasa que hay vinos que son muy ricos pero no podés tomarte más de una copa por lo pesados que son. Nos preocupa que la generación joven tenga miedo de disfrutar de esta bebida, entonces pensamos en la forma de saciar sus paladares».

De hecho el claim en la comunicación de Corbeau Wine «todo es mejor con vino», estimula su consumo siempre asociado al concepto Wine in Moderation.

Mad Bird con su inquietante etiqueta en la que un cuervo te desafía con la mirada a que lo pruebes, invita a los millennials con  sus dos líneas, tradicional y reposado,  este último un Malbec que acaba de salir al mercado.

«Joven, audaz, intrépido y seductor», esa es la esencia del cuervo negro que anida en Mad Bird Dark Malbec (bivarietal 50% Malbec y 50% Ancelotta), Dark Blend, una equilibrada y tentadora mixtura de los varietales Malbec, Bonarda, y la estrella de Corbeau Wines: la variedad Ancellotta. La línea también tiene un Blend Blanco.

La sorpresa que creció sola

En 2007 los Rodríguez compraron una finca con tres cuarteles de Malbec que ese mismo año -por casualidad- fueron a parar a diferentes tanques. Lo curioso fue que dos tanques dieron vinos muy Malbec y muy parecidos, mientras que el tercero resultó con otro sabor. Intrigados con esta diferencia Francisco y su hermano, el enólogo Eduardo Rodríguez, empezaron a investigar qué estaba sucediendo.

«Encontramos que en el medio de ese cuartel había plantas que no eran Malbec, entonces llevamos las hojas y racimos al INTA para ver qué era. Descubrimos que era la Ancellotta. Ahí empezó nuestro enamoramiento con la variedad y empezamos a separar la cosecha. En ese momento no había viveros que tuvieran, y apenas había 16 ha de Ancelotta en toda la Argentina. En tres etapas distintas hicimos en un viñedo de 92 ha hoy tenemos un total de 110. Luego se puso de moda y ya hay 900 ha de Ancellotta en la Argentina, nuestra parte representa un 12 %», relata Francisco.

La familia cree que ese viñedo donde surgió espontáneamente la Ancellotta fue el viñedo más grande del mundo con esta variedad. Hoy los vinos de Corbeau Wines se caracterizan por incluirla; el Pixels es el primer vino joven 100% Anchellotta y los Mad Bird la llevan en blends o bivariedad.

«Cuesta imponerla pero afortunadamente estamos en una corriente en el que a la gente le gusta probar o descubrir cosas nuevas», remata Francisco.

 

 

 

 

 

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