Es parte de la tercera generación de la tradicional familia mendocina y el creador de los “productos de mentira” dispuestos detrás de cada vitrina de la cadena de heladerías.

Para saber que lo que uno ve, no es lo que es, hay que acercarse casi como si la intención fuera comer de esa copa, de ese sándwich, de esa torta. Luis Soppelsa es desde hace casi dos décadas el artífice del fake food de Soppelsa, la comida de mentira dispuesta en las vitrinas de la heladería mendocina, además de otras firmas gastronómicas del exterior que solicitan su arte.

Este creador de falsos alimentos es también autor de su procedimiento, una forma empírica que encontró, a prueba y error, de generar con sus maquetas productos con una sorprendente apariencia real. «Siempre fui muy volado y de hacer cosas raras. Antes usábamos productos naturales y vitrinas con frío, pero además de insumir mucha energía, generaba problemas de visibilidad por la inevitable humedad», comenta.  

En su familia, expresa, además de heladeros son todos «medio artistas», y en su caso, su arte comenzó como un laboratorio para resolver un problema técnico. Para eso tuvo que investigar materiales en busca de efectos de brillo, textura y consistencia que por la similitud alcanzada, confunde más de una vez a los clientes.

El proceso comienza con un alimento real, al que le toma las medidas y a partir de ahí despunta su oficio hacia la creación de cada uno de los componentes, como si se tratara de una receta de cocina. «Es entonces cuando empiezan los problemas», dice entre risas en relación al objetivo principal: lograr sensación de comestible. «Primero defino el material, a veces resina, silicona, gel, colorantes, y luego preparo cada una de las partes. El desafío es emular el producto alimenticio. De acuerdo a esto trabajo o no con moldes y cada ingrediente que incorporo tiene su historia vinculada a la investigación previa», apunta el nieto del heladero que hace 90 años pisó Mendoza y revolucionó los paladares.

«Yo me siento creativo, no sé si artista. No me gusta tipificarme; puede que tenga algo de artístico lo que hago. Lo que sí sé es que me encanta y que además de ser un trabajo es uno de mis placeres», expresa Luis, quien cada vez que Soppelsa lanza un nuevo producto artesanal, como los sándwiches gourmet del último tiempo, el hombre se sumerge en su espacio de constantes experimentos. Porque la suya, es también una fábrica de cuento que descubre a diario.    

 

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  • Bueno las que estaban aca en San Juan hace años serraron, su sabor es inolvidable e inigualable–seria bueno que volvieran con una sucursal aca donde siempre estuvieron¡¡¡