Cantautora y actriz, abraza sus días de solista folck y disfruta de su banda integrada por mujeres.

A la hora de componer sus canciones, Lucía Miremont dice que se entrega «mucho al juego» y eso supone enfrentarse liviana y desprejuiciada a la tarea de mirar hacia dentro para traducir en música y palabras, lo que tiene para dejar salir. «Escapemos juntos hacia lo boreal, desatemos estas cuerdas tendenciosas que nos obligan a encajar», dice con su voz de película y su encanto multicolor. Cordobesa de nacimiento, vive en Mendoza desde los 8 años. Integró el Coro de Niños Cantores, estudió Teatro en la UNCuyo y fue corista de Zona Ganjah hasta que en 2012 tomó las riendas de su destino como solista folck rock.

Fue cuando se sintió un poco encerrada en las posibilidades del teatro que aprendió tres acordes de la guitarra y dejó que fluyeran esas ganas de vivir cantando. «Empecé a hacer canciones y me sentí muy fresca, muy niña y creativa de vuelta. A la hora de componer no pienso en que lo que hago está mal, es una puerta para crear sin prejuicios; lo que no me gusta después lo descarto. Esa libertad me hace sentir súper feliz. Estoy atravesada por ritmos como el folclore, el reggae, el tango, géneros bien populares, la cumbia, el rap. No soy tan cercana al rock inglés. No he tenido mucho de esa formación, sí de música latina, afro y esas raíces».

Asumió que lo suyo no era la vorágine de las giras que proponía una banda como Zona Ganjah cuando escuchó que su mundo interno pedía otro ritmo, otra lógica, otro modo de saborear la música. Fue todo un aprendizaje su paso por aquella agrupación de reggae. «Después de eso me quedó mucha data en lo personal y lo profesional», dice.

En 2014, durante su embarazo, grabó dos discos: «El universo de la manzana»(de ahí aquello de la manzana nos ha mordido) y el tanguero surgido con La Orquesta No Vino, de la que también son parte Gamal Darián y Laura Bengolea. Lucía es hija de un ex sacerdote que cuando conoció a su mamá dejó los hábitos. Este dato biográfico y su propia maternidad explican en parte el título de su primer álbum.

«Lo que creo artísticamente siempre está ligado a algo que me pasa, al entorno, intentando entenderlo y buscando procesos a las cosas de una manera espiritual, universal. Eso es lo que intento poner en las canciones; son siempre temáticas personales que están justamente abordadas desde un lugar más macro para que le pueda llegar a cualquiera. Siento que lo que le pasa a uno nos pasa a todos, comparto mis cosas desde un lugar común», resume. «Hay que travesar los miedos, los límites, y aunque te digan que no, si en la esencia algo te pulsa y es verdadero, si está construido y soñado desde el amor, hay que darle para adelante. Desde ese lugar me muevo, canto y camino todos los días, y es una enseñanza que me dieron mis padres. Intentar pensar que hay un mundo mejor, una posibilidad a la que puedo acceder».

Futuros discos en mente y el comienzo de las ideas por materializar marcan su presente, además de clases de canto que da de manera individual. También se aboca a la  banda de mujeres, Trama, que integra junto a Maimará, Ailín Bracamonte e Irene Palero. «Hace rato no estaba en una situación colectiva y me genera mucha satisfacción, también el hecho de que seamos todas mujeres y empoderarnos en un lugar tan ocupado por varones y a veces machista. Para mí es conmovedor y sorprendente , un descubrimiento que parece bobo y trillado».

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