Son múltiples las facetas que el diseñador mendocino deja en cada marca. Esta vez indagamos en el perfil que le puso sabor a su cuarentena: compartir recetas en las redes. A tal punto conquistó paladares, que fue invitado al programa de la TV Pública «Cocineros Argentinos», donde preparó -en vivo-, una bondiola con membrillo, mostaza y soja que dio que hablar.

    La creatividad atraviesa la vida de José Bahamonde. Un hombre curioso y multifacético que lejos de encasillarse, explora siempre que puede, nuevas posibilidades para comunicar. Mendocino a donde sea que vaya, el vino es una de sus pasiones como creador de etiquetas y como conocedor del trabajo y la magia que representa. Diseñador, publicista y conductor, es también un apasionado de las palabras dispuestas en forma de poesía y reflexión.

    Durante los primeros días de aislamiento obligatorio, recluido en su entorno más íntimo, José se prendió a la propuesta de sus hijas Lola y Mora: filmar los procesos y publicar las recetas en las redes sociales. Y como la cocina no tuvo escapatoria en cuarentena, pensaron en deleitar al público con preparaciones sencillas, disfrutaron de las noblezas de la huerta en casa y viajaron a otros hogares para acercar ideas sabrosas.

    Desde un cous cous, recuerdo de su viaje a Marruecos, pasando por un vin-tonic o una tortilla de papas, este cocinero aficionado incluyó un ingrediente fundamental, la amistad. Y así, continúa con un ciclo que comparte con el enólogo Marcelo Pelleriti, en el que las copas, las anécdotas y los procesos culinarios se comparten en vivo por Instagram.

    ¿De dónde proviene tu gusto por la cocina?

    Desde muy chico tengo recuerdos de sabores, aromas, texturas, temperaturas y colores. No he sido muy consciente de esto, aunque no tengo registro de haber cenado alguna vez en casa. Mi papá era muy amigo de las charlas y salíamos a cenar a distintos restaurantes todos los días. En Mendoza, en España o donde estuviéramos. Con el tiempo me di cuenta de que había adquirido una «paleta» de sabores muy amplia. Eso influyó claramente en amar comer rico.

    ¿Cómo surgió la idea de cocinar para el público virtual?

    En casa somos muy activos y necesitamos expresarnos. Un día, jugando con mis hijas Lola y Mora, ellas me propusieron filmar con los celulares una receta. Así lo hicimos y fue una bomba en las redes. Mora hizo los planos generales y Lola los cortos; luego lo editaron. Lo primero fue una lactonesa que salió divina.

    ¿Qué sucede en el backstage?

    El back es muy muy divertido. Planos, recetas, ingredientes, locación son temas que llevan a charlas muy entretenidas. Opinamos todos por igual y se suma Nico Núñez, un video maker muy talentoso y amigo de la familia.

    ¿De dónde provienen las recetas que elaborás?

    Me gusta mucho probar cosas y creo que tengo cierta habilidad para combinar sabores en mi cabeza. Algunas son recetas que me gustan y a las que les cambio ingredientes que creo que funcionan. Tengo grandes inspiradores: mis hermanos Fede Ziegler y Fede Macintosh son fuentes permanentes de consulta, dos tremendos cocineros con una generosidad inmensa. También hay técnicas que veo y las adopto en sabores diferentes.

    ¿En quién pensás a la hora de preparar una comida?

    Si hay algo divino que tiene la cocina para mí, es que me saca de la actividad mental, de mi trabajo en la creación de conceptos de marcas, de comunicación. La creatividad es muy cerebral y la disciplina de trabajar con las manos me relaja mucho. Es difícil de entender, pero la cocina es una necesidad para mi equilibrio…

    ¿Qué relación tienen vino y cocina?

    La cocina y el vino van de la mano y es una unión de amor virtuosa. No me gusta cuando fuerzan maridajes; sin embargo entiendo que hay sabores que completan la experiencia. Pero el vino debe relajar, no complejizar un encuentro, entonces siempre creo que el tema son los encuentros humanos y luego compartir una rica comida y que el vino nos eleve. En eso creo.

    ¿Qué palabras en lo laboral y en lo personal ayudan a definirte?

    Formalmente estudié durante 10 años publicidad, marketing y creatividad. Hice maestrías en el exterior pero tengo todos los títulos guardados en una caja. Siempre he intentado correrme de todas las etiquetas. No me siento cómodo con ninguna, porque nada de lo que hago me define por completo. Siempre digo que soy simplemente un ser humano con necesidad de expresarse. Hace unos días un amigo, Fausto Manrique, en su programa de radio me definió como una Victorinox (marca suiza de navajas), alguien que es múltiple y que tiene muchas herramientas. Creo que el todo es más importante que las partes. Jamás quise ser el mejor en nada, pero he trabajado mucho en mí, para hacer cada cosa que hago con entrega, dedicación y varas altas de calidad. Y ponerme siempre en la situación de aprendiz me encanta, mantiene los egos equilibraditos…

    Fotos: Lola Bahamonde