La diseñadora gráfica crea proyectos que están hechos de amor por los objetos utilitarios y nudos de macramé.

    Me gusta innovar todo el tiempo pero nunca podría encerrarme en una computadora. Estoy permanentemente buscando cosas nuevas para hacer. Me considero autodidacta; me gusta experimentar y tener mi propio juicio crítico», dice del otro lado de la pantalla Giuliana Panella (28). Su abuela paterna Rosita es una clara referencia para lo que hace: si bien la «nona» elige las dos agujas o el crochet, el contacto con el tejido y las actividades manuales fueron una especie de norte en la infancia de Giuliana.

    Diseñadora gráfica de profesión, la marca Establo -que comparte junto a su colega y amiga Julia De Paolis- representa mejor lo que siente y construye: una aventura de hilos llevada a piezas utilitarias. Lámparas, tapices, individuales, caminos de mesa, cuelga macetas son algunos de los objetos que crea entre nudo y nudo con una clara concepción estética. «El macramé es infinito y todos los días se me ocurre algo nuevo. Si bien me gusta lo artístico, llevo lo que hago a elementos cotidianos o que son parte de la vida de manera funcional», expresa.

    Decoración handmade define muy bien lo que hace esta creadora que asegura encontrar inspiración en los viajes, la naturaleza, las formas simples y los colores neutros. En su espacio de trabajo, comparte, los materiales están siempre a mano, listos para ser tejidos: «Soy bastante arrebatada y me gusta arrancar con un proyecto y terminarlo como sea. Dejar y seguir después me molesta un poco. No diseño nada previamente sino que pruebo y si algo no sale, despejo un poco y vuelvo a empezar».

    Si bien antes de que se declarara la pandemia del coronavirus, Giuliana y Paola realizaban talleres presenciales con merienda incluida, ahora la propuesta crece en la web y mediante envíos personales. En días de aislamiento, sus clases virtuales convocan a cada vez más personas que reciben instrucciones y kits de tareas para realizar su propio trenzado con cordones.

    «Amo transmitir conocimientos. El macramé es mi cable a tierra, yo siento que me relaja y que representa un espacio de encuentro propio. Esta técnica permite usar todo tipo de materiales pero mi preferido es el algodón. Esta cuarentena me está sirviendo mucho porque tengo tiempo para estar enfocada en mis tejidos. Empecé hace poco a subir tutoriales simples para hacer en casa y me encanta que la gente se cope, mande fotos o pida consejos», asegura.

    Primer recuerdo de macramé

    Fue en una feria en Cachagua, la localidad chilena de la comuna de Zapallar, donde por primera vez Giuliana quedó encantada con un tapiz de macramé que compró. Lo conserva como la huella y el inicio de su emprendimiento actual. Las ganas de tejer que le dieron cuando reconoció los puntos que una tía le había enseñado de chica (para hacer pulseras), la llevaron a su regreso de inmediato a una ferretería. Sí, a una ferretería, donde obtuvo el cordón que encontró y armó su propio cuadro de tela. También lo atesora en su hogar, que describe como una casa quincho decorado al mejor estilo bohemio: «Mis amigas me dicen que donde vivimos con mi pareja está hecho de macramé, tengo hasta hamacas dentro de la casa».