El bajista de Pasado Verde pudo dedicarse de lleno a su pasión por la parrilla y los fuegos durante la extendida cuarentena. A tal punto llegó su inclinación, que pronto lanzará una marca para los amantes de las carnes ahumadas y los panificados.

    Aunque el instrumento que acompañó parte de la vida musical de Franco Santillán fue la guitarra, cuando hace once años se incorporó a la banda Pasado Verde lo hizo con el bajo, que era lo que el proyecto necesitaba en ese momento. En Chubut nació y a los ocho años ya vivía en Mendoza con sus papás y sus tres hermanos. «Fran», como lo llaman sus amigos, recuerda que los talleres de la secundaria en la Escuela Provincial de Bellas Artes fueron importantes para lo que hace: básicamente lo que le gusta.

    Con Pasado Verde aguarda el momento en que retomen los ensayos con la esperanza puesta en las giras y los shows que quedaron truncos. Es que el cuarto y último disco de la banda, «Declaración de Principios» (grabado en la Casa de la Música del ingeniero Mariano Bilinkis, en San Luis) aguarda su primer encuentro en vivo con el público. «Creo que este disco marca el final y el comienzo de una nueva etapa y de una conducta más profesional con lo que nos apasiona», comenta el músico, que se siente igualmente atrapado por la cocina, herencia de su abuela y de su papá, cree.

    En la cultura variopinta de la gastronomía porteña, Franco detectó hace unos años lugares que hacían lo que él buscaba: jugar con la creatividad y ofrecerle comidas ricas y accesibles a un amplio público. Así es como obligado a mantenerse puertas adentro, cerró la agencia de viajes que dirigía y desarrolló, en los fuegos de su casa, lo que en su mente ya tomaba forma: panificados de masa madre y carnes ahumadas.

    «Desde chico me gusta cocinar. Mi vieja tiene recetas guardadas que yo anotaba de la tele cuando llegaba del colegio. Estudié gastronomía y sommeliere y un poco por dejarme llevar por las opiniones y los preconceptos me corrí de eso. Igual siempre fui de hacer muchas cosas a la vez. Laburé en un restaurante mientras estaba en la agencia de viajes; además estaba con la banda y un diario online de música y deportes extremos que se llamaba Rock & Board», comenta.

    En Gluten Morgen Lab aprendió lo básico en un taller de masa madre y con la enciclopedia disponible en la web buscó expertos que de manera pedagógica acercaran sus conocimientos. «Dejé el turismo definitivamente, me voy a dedicar a esto y a la música y que sea lo que tenga que ser. Por lo pronto quiero tener mi emprendimiento y en el futuro la idea es armar algunos eventos chiquitos donde se pueda vivir una experiencia más cercana», dice.

    ¿Su propuesta? Panificación con masa madre y carnes especiadas y ahumadas con leña frutal, cocinadas durante ocho horas a una baja temperatura. El nombre y el concepto están próximos a ser comunicados, comparte, y lo anunciará vía Instagram.