La pandemia ha provocado estados alterados que en algunos casos se traducen en situaciones violentas, sobre todo en las salidas nocturnas. La psicoanalista y coordinadora general de Vuelo Controlado, Verónica Chrabolowsky, comparte sus observaciones sobre el ánimo en la sociedad mendocina.

    Verónica Chrabolowsky es psicóloga clínica, psicoanalista y profesora universitaria. Además es coordinadora general de «Vuelo Controlado», la agrupación mendocina que se dedica a la prevención y promoción de la salud en espacios de ocio. La licenciada compartió con Inmendoza nociones sobre el estado de situación actual para entender cómo nos movemos por estos días.

    ¿Qué reacciones, conductas o procesos mentales puede despertar una situación como el aislamiento obligatorio?

    Algunas observaciones clínicas saltan a la vista. Lo que vemos es una intensificación de las patologías previas en caso de haberlas, desestabilizaciones psíquicas importantes, y aumento de nuevos casos de trastornos de ansiedad, es decir, ataques de pánico, fobias, obsesiones, compulsiones y del estado de ánimo, depresión y angustia, principalmente. Muchas formas de satisfacción que las personas encuentran para mantener su equilibrio se han visto cohartadas en este tiempo, incluso en la esfera laboral, por lo que lógicamente el nivel de tensión interna y externa se incrementa.

    ¿Has identificado en Mendoza nuevas formas de consumo o el aumento del uso de sustancias?

    No tenemos estadísticas precisas, exclusivamente de Mendoza, pero algunos estudios a nivel nacional, por ejemplo el realizado por la Universidad Nacional de Córdoba, que nos incluyen, muestran un alto incremento en el consumo de bebidas alcohólicas, mencionado en un 54% de los casos, siendo la sustancia psicoactiva más consumida en nuestra sociedad. Luego el uso de nicotina, 35%, también marihuana 29,6% y psicofármacos, 7,8%, ansiolíticos principalmente.

    ¿Eso lleva a pensar en salidas más ansiosas y violentas?

    Es posible que en el contexto en el que estamos y pensando todo lo anterior, las salidas sean diferentes. Los horarios son distintos, hay controles municipales y policiales, hay mayor cantidad de detalles de los que ocuparse, el personal que debe encargarse de cumplir protocolos sanitarios en restaurantes o bares también se encuentra exigido. Situaciones sociales que deberían ser relajadas o relajantes implican un grado de tensión sin precedentes, por lo que es probable que en estos tiempos observemos escenas que antes no veíamos. Esto, asociado a cierta vulnerabilidad psíquica generalizada, y a ciertos consumos como alcohol u otras sustancias, pueden generar situaciones complejas de resolver.

    ¿Son importantes los controles en este contexto? 

    Los controles deben existir para guiar y orientar a una sociedad, no como mecanismos meramente represivos que dejan sin palabras a un ciudadano, que además hoy tiene miedo, que está lleno de ansiedades confusionales, incluso de mecanismos maníacos de negación que lo pueden arrojar a romper las normas casi por impulso. Creo que esa debería ser la función de los controles y los protocolos, informar, explicar y acompañar en un contexto confuso y doloroso. Actualmente las personas que cumplen funciones, por ejemplo en los bares, deberían estar capacitados para manejar situaciones de ansiedad, que pueden incrementarse con el uso del alcohol, por ejemplo, para reducir riesgos y que las situaciones no se salgan de control.

    ¿Creés necesario que se diagramen nuevas formas de reunirse?

    Sabemos que los espacios de ocio y entretenimiento se han tornado muy importantes en nuestra cultura, en Mendoza y en el mundo. Son lugares y momentos de encuentro cuerpo a cuerpo, de lazo social, de amistad, de amores, de cortes de rutina, de relax, placer y expresión. El ser humano es un ser con otros por definición. No por nada nos llegan reportes del mundo entero en el que se descubren raves ilegales enormes como en Inglaterra, fiestas, cumpleaños o juntadas ilegales.

    ¿En qué trabajan actualmente con «Vuelo Controlado»?

    Nos encontramos trabajando en conjunto con distintos actores de la nocturnidad regional, agrupados como IDEAR Cuyo, en el armado de protocolos sanitarios adecuados al contexto para el regreso de estas actividades, que sin dudas deben cambiar y adaptarse. Por el momento debemos olvidarnos de un boliche aglomerado o de un recital masivo y pensar con creatividad otros formatos que satisfagan el deseo de reunirnos o disfrutar del entretenimiento con bajos riesgos.

    Nuestra agrupación trabaja en fiestas electrónicas principalmente, por lo que al no haberlas en este momento nos estamos dedicando a acompañar otras interesantes propuestas, como las transmisiones en vivo, por ejemplo. En pocos días acompañaremos al festival digital Aurora, una propuesta musical y artística tremenda, que además cuenta con espacios de interacción virtual como el Espacio de Salud que manejará «Vuelo Controlado» con tips de autocuidado y cuidado del otro, respiración conciente y salud mental orientados al aislamiento y mucho más.

    ¿Qué mecanismos pueden revertir la angustia o los sentimientos que genera la desesperanza o la incertidumbre actuales?

    Principalmente no quedar en aislamiento emocional. No está mal permitirse momentos de vulnerabilidad, de cierta inestabilidad, son normales y esperables. Pero atravesado cierto marco, personalísimo y subjetivo, pedir ayuda es fundamental. Es importante entender que atravesamos una situación límite, que es justamente, situacional y transitoria. Sigamos soñando, haciendo planes, proyectando y cumpliendo cada día con lo que debemos hacer, incluyendo hoy más que nunca al otro que puede estar sufriendo, o que nos puede dar la mano a nosotros también.

    Desde la psicología, ¿qué consecuencias puede ocasionar este momento histórico?

     La humanidad ya ha atravesado situaciones así a lo largo de su historia, que pusieron en evidencia desigualdades de todo tipo, incluso desde lo psicológico, sobre todo en los llamados grupos vulnerables. Es una situación que podríamos ubicar como traumática, pero justamente por eso no será igual para todo el mundo. Sin ir más lejos, las investigaciones europeas sobre la epidemia de síndrome respiratorio agudo del 2003 arrojó algunas cifras reveladoras: aumento de depresión y riesgo de suicidio en los adultos mayores de 65 años, estados crónicos de ansiedad en los recuperados de la enfermedad e inestabilidad emocional en los trabajadores de la salud. Teniendo en cuenta esto, debemos estar atentos como humanidad, sobre todo a los grupos más vulnerables.

    Muchas de las consecuencias anticipadas de la cuarentena y las medidas de distanciamiento social y físico asociadas son, en sí mismas, factores de riesgo clave para los problemas de salud mental. Estos incluyen, entonces, suicidio y autolesiones, abuso de alcohol y otras sustancias, ludopatías, abuso infantil, violencia de género y riesgos psicosociales (como desconexión social, abuso de las tecnologías, agobio, estrés económico, duelos, desempleo, falta de vivienda y ruptura de relaciones).

    ¿Qué recomendaciones podés hacer?

     En la situación que atravesamos, ninguna consulta está de más. Si tenés problemas para dormir, no lo naturalices, consultá. Si nunca tuviste problemas para salir a la calle, y dentro de lo permitido empezás a sentirte raro cuando salís, consultá. Si estás sientiendo cosas que antes no sentías o se incrementan en frecuencia o intensidad síntomas conocidos, consultá.

    En cuanto las recomendaciones generales, podemos destacar algunas como mantener ciertas rutinas, hacer ejercicio, no abusar de la tecnología, realizar actividades altruistas, no agobiarse con información sobre el virus, estar concientes de que estamos en una situación pasajera, sin resistirse a las recomendaciones y normas establecidas se tornan fundamentales. Creo que la transición incluye el incorporar mejores hábitos de salud, física, mental y social, en lo que en este momento consideramos que es «aprender a convivir con el virus», como lo hemos hecho con todo aquello con lo cual aún no encontramos cura o vacuna.

    Nota: Andrea Calderón