Típicamente argentina, en esta clase de vivienda longitudinal los ambientes están unidos uno tras otro, como los chorizos en una ristra. Fueron construidas por inmigrantes. Hoy las que quedan en pie son oficinas, restaurantes, cafés, viviendas, estudios y hasta consultorios.

  • Autor:Jimena Fernández Arroyo

Buenos Aires, Rosario y Montevideo. Pero también Mendoza, Córdoba y Colonia del Sacramento… La casa chorizo está vinculada a la cultura del Río de la Plata, una característica urbana relacionada con la inmigración europea. “Es un fenómeno que se dio en todo el país”, aclara Lorena Manzini, doctora en arquitectura, investigadora del Conicet y especialista en Historia y Patrimonio Cultural de Mendoza.

En la actualidad, la puesta en valor y la rehabilitación de este tipo de construcciones son importantes no solo para los especialistas -por su gran valor patrimonial-, sino también para la sociedad, que ha descubierto sus beneficios espaciales y climáticos, y su funcionalidad y flexibilidad para adaptarse a diferentes necesidades.

 

El revival de las casas chorizo

Fachada de una casa chorizo, hoy de gran valor patrimonial.

 

Sus orígenes

“La casa chorizo es una herencia arquitectónica que viene de la casa pompeyana, europea. Con la llegada de los españoles, se empezó a construir lo que se conoce como ‘casa de patio’, que eran espacios organizados en torno a patios, gradualmente. Así fue desde la colonia hasta el siglo XIX. En Mendoza con el gran terremoto de 1861 comenzó la reconstrucción de la ciudad. En los nuevos terrenos, las casas que se empezaban a construir heredaban las características de las casas de patio, pero de menores dimensiones, se partían por la mitad longitudinalmente. Tenían forma de L y podían ser espejadas o no”, explica Manzini.

El auge de las casas chorizo fue entre 1861 y 1940. Esta tipología -la gran mayoría de las viviendas la tenía- conformó la imagen urbana de la ciudad. “Se construían al ras de la vereda, la imagen era de fachada continua, con métricas que se iban repitiendo. Lo único que las diferenciaba era la estética, los detalles decorativos -carpintería, vitrales-, que indicaban el nivel socio-económico de sus propietarios, que podían ser desde personas muy humildes hasta gente con un gran poder económico”, cuenta la arquitecta. Y en cuanto a lo arquitectónico de la casa chorizo, agrega que  “corresponde al neoclásico tardío, que es el estilo italianizante. Decoración en los marcos de las aberturas, en las cornisas, en los encuentros de muro, en los basamentos; los detalles decorativos se encuentran sobre todo remarcando las aberturas”.

 

El revival de las casas chorizo

El patio interno, un espacio característico en este estilo de construcciones.

 

Patios como pulmones de oxígeno en la trama de la ciudad

 En las casas chorizo solía haber dos patios. El primero era el más importante, el segundo era el de servicio. La galería vinculaba todos los espacios, era el filtro entre interior y exterior. “En un principio eran abiertas, luego se fueron cerrando con enredaderas -que hacían de control climático y de filtro de la luz-, después se fueron cerrando con vidrio. Las piezas, por su parte, se vinculaban entre sí -una al lado de la otra- por puertas. Los patios tenían parrales, frutales, huertas. Eran verdaderos pulmones de oxígeno en la trama de la ciudad. Permitían un ecosistema óptimo para la vida”, relata la investigadora.

La jerarquización de los espacios

Desde la vereda y hacia adentro, los diferentes ambientes de la casa chorizo iban de lo semi-público a lo privado, de lo que se quería mostrar a lo íntimo. Así, los espacios más “importantes”, los destinados a la sociabilidad, donde se recibían las visitas, ocupaban el frente. Se entraba a través de un zaguán a la sala o al escritorio -o ambiente destinado para las labores del jefe de la casa-. Estos espacios se decoraban de la mejor manera, allí se presentaban los bienes más preciados.

 

El revival de las casas chorizo

En las zonas de la casa destinadas a la sociabilidad, se mostraban los espacios mejor decorados.

 

Luego, y siempre vinculadas a través de la galería, se iban anexando las habitaciones -primero la de los padres, luego las de los niños-, el comedor, etc. Y ya junto al segundo patio se podían encontrar cocinas y baños, que se construían lo más “lejos” posible, ya que eran considerados lugares “antihigiénicos”.

“Los baños eran letrinas y las cocinas funcionaban a leña o carbón, estaban siempre llenas de humo… Pero luego estos espacios fueron evolucionando y empezaron a ‘mudarse’ más al interior de la casa. Y si bien los artefactos como inodoros y bañeras empezaron a aparecer a finales del siglo XIX con la llegada del ferrocarril, no todos podían comprarlos. Además, ¿quiénes podían tener agua de red o acceso a la cloaca? Por eso el baño era un verdadero ‘tester’ del nivel de la familia. Los que podían, pasaron a construirlo más cerca de la calle, ya que las cañerías eran caras y trataban de que el tramo fuera corto”, explica la experta.

Los distintos usos de los espacios de las casas chorizo fueron evolucionando con los cambios de la sociedad misma. Por ejemplo, antiguamente a los niños se los criaba en el patio del fondo. Luego se los incluyó en los espacios que ocupaban los adultos, porque pasaron a compartir ambientes y actividades con sus padres.
Una de las consecuencias de esta jerarquización de los espacios, era que “a más confianza, la persona externa a la familia iba ingresando paulatinamente más a la vivienda”, cuenta Manzini y ejemplifica con las relaciones de pareja: “Cuando aparecía un candidato para una hija al principio se veían en el zaguán, luego pasaba a la sala y más adelante al comedor. Eso denotaba un vínculo ya íntimo con la familia”.

 

El revival de las casas chorizo

Las casas chorizo que hay en pie en la ciudad, fueron construidas en su totalidad con ladrillo.

 

Dignas de ser preservadas

Entre 2005 y 2009 se llevó a cabo un proyecto  denominado “Bienes culturales y desarrollo local, bases de un plan de manejo del patrimonio cultural ambiental del Gran Mendoza – PICT 13-14022”. Dirigido por la doctora Silvia Cirvini, en  INCIHUSA (Instituto de Ciencias Humanas, Sociales y Ambientales), CCT – Mendoza, (Centro Científico Tecnológico Conicet en Mendoza). Se relevaron más de mil bienes -más del 50% correspondía a patrimonio residencial- , construidos entre mediados del siglo XIX y mediados del XX.

De esta investigación -de la cual fue parte la arquitecta Manzini se corroboró que “la casa chorizo fue la tipología constructiva habitacional del momento, construida al principio de adobe, que luego fue mejorando con la fachada en ladrillo y el resto en tierra. Quienes podían, edificaban todo directamente con ladrillo. Ese fue el proceso de evolución constructiva que tuvieron estas viviendas. Muchas de estas casas terminaron demoliéndose porque estaban deterioradas y sus dueños prefirieron venderlas a precio de terreno. Por eso la imagen de la ciudad ha cambiado. Basta con ir al centro para ver que donde había hermosas casas chorizo, ahora hay edificios. Las que resistieron en el tiempo, en su mayoría  son las que están construidas en ladrillo”, señala Lorena.

 

El revival de las casas chorizo

Consultorios, oficinas o estudios profesionales, hoy hacen uso de la casa chorizo preservada y refuncionalizada.

 

Según la arquitecta, en los 80 estas casas comenzaron a ser consideradas de valor patrimonial. Para los especialistas eran verdaderos bienes culturales que representaban la identidad de nuestro pueblo y eran dignos de ser preservados: “Esto se empezó a difundir, hubo un proceso de comprensión de la sociedad, que después pasó a apropiarse y a sacarles provecho. La gente se dio cuenta de que las casas chorizo son fácilmente adaptables a diferentes exigencias y empezó a valorizarlas por su beneficios espaciales y climáticos”.

Por eso hoy encontramos desperdigadas por allí casas chorizo que siguen funcionando como viviendas, pero hay muchas otras que son restaurantes, cafés, consultorios, oficinas o estudios profesionales. Se han transformado en un verdadero negocio inmobiliario, no solo en famosos barrios porteños como San Telmo o Palermo, sino en las ciudades más importantes del país, como Mendoza.

Y aunque la mayoría fueron viviendas unifamiliares, algunas casas chorizo se transformaron en conventillo y fueron el primer hogar de muchos inmigrantes recién llegados al país a principios del siglo pasado. Una tipología de vivienda particular, única, funcional, “inteligente”, que se adaptó a la sociedad y que sigue siendo parte de la cultura argentina.

 

 

 

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