Desde hace dos décadas apostó por musicalizar momentos y desde entonces delineó su lugar en la escena mendocina. A la caza de eventos sonoros en sus inicios, ahora al que lo buscan es a él. En su estudio de Chacras de Coria, compartió con INMENDOZA su presente

En su renovado espacio aún quedan las huellas de la última nevada. Sobre la estrecha vereda, un pequeño camino de hielo y un perro salchicha del otro lado de la reja que no para de ladrar. En el interior, Bruno Bramucci (34) tiene su computadora abierta, su celular al lado y una música de fondo súper bailable en esta mañana de invierno. Veinte años con la música cumplirá en el verano del 2018 desde aquel arranque en Reñaca, en la disco Jamaica. «Eso fue como DJ profesional, antes puse música en cumpleaños, en fiestitas, esas cosas», dice el chacrense de alma, nacido y criado en ese distrito de Luján de Cuyo, además de un enamorado del lugar.

¿Qué se escuchaba por entonces? «Mucha música nacional, brasilera, Los Auténticos Decadentes, Los Fabulosos», recuerda. ¿Qué cambió desde entonces? «Todo». Por empezar, para conseguir canciones en el ’98 los musicalizadores demoraban semanas, compraban CD. «Ahora es súper fácil. Sale el álbum, el artista lo publica y ya lo tiene todo el mundo. Antes era más exclusivo tener música, se ocupaban los discos», agrega el coleccionista de vinilos, una tendencia a la que se suma con sus más de 300 piezas ordenadas a la perfección, en muchos casos de materiales reeditados.

Temporadas en Chile y eventos sociales pequeños que arrancaron en el año 2000 marcaron el camino de su trabajo, que continuó un año más tarde con residencias en discotecas como Runner, La Chimére, Alquimia, Iskra o Black Jagger. Son cientos los lugares por los que Bruno Bramucci, apodado Big Bruno por la agencia de creativos Fulano & Mengano, ha pasado. Incontables las personas que han bailado con su energía y su propuesta, que de a poco explora en la producción musical. «En lo personal a mí me encanta el house, el funk, el reggae, el rock, pero ponemos de todo porque pensamos en lo que prefiere el público al que va dirigida la música», dice.

–¿Qué es lo que más disfrutás de tu trabajo?

–Poner música, hacer bailar a la gente es algo único, inexplicable. Cuando voy a un casamiento o a un boliche puede estar mi ánimo de cualquier manera, pero una vez ahí todo se transforma. En un casamiento es un gran trabajo hacer bailar a los invitados un mínimo de 6 horas. Hemos llegado a bailar 11 horas y 50 minutos. Con mi staff tenemos una selección de música super amplia y de acuerdo al evento armamos el concepto.

–¿Qué representa la música en tu vida?

–Todo. Todo lo que tengo es gracias a ella. Desde que recuerdo me acompaña. El primer equipo de música con reproductor de CD lo compramos en 1989 y todavía lo tengo guardado, sin perillas, porque se las saqué todas de tanto escuchar discos.

Si a los 7 años escuchaba Creedence por influencia de su padre, Beatles o Elvis Presley, en la adolescencia sus bandas favoritas fueron Queen y Guns N’Roses. «La música nacional me llegó más de grande, como a los 18». Fueron sus primos hermanos, los Due Due, quienes lo llevaron por primera vez a Chile y los que de algún modo le presentaron el campo de posibilidades que se le abrirían después. La familia es para Bruno otro pilar importante: su esposa y su hija son la firme compañía y soporte para lo que hace. «Estoy súper contento con lo que me pasa. Vivo y disfruto mucho de lo que hago».

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