El empresario participó en Anna Bistró de Ekinocc, una experiencia gastronómica que persigue el placer inteligente. Allí, dialogó con INMENDOZA

Desde hace más de dos décadas, Antonio Morescalchi viaja de Italia a Mendoza tres veces al año. «Eso quiere decir que he aterrizado en más de 70 oportunidades», bromea minutos antes de que comience la cita que lo convoca a visitar Anna Bistró. Se trata de la tercera edición de «Anna Ekinocc», un encuentro exclusivo en el que los sabores de la gastronomía y la vitivinicultura se comparten en la cava del restó para crear una noche de experiencias. Esta vez, él es el invitado especial como fundador y vicepresidente de la Bodega Altos Las Hormigas.

Nacido en Florencia, Antonio es ingeniero electrónico y desde 1988 produce vinos. Los primeros fueron en los viñedos de su padre, en Montecatini Alto, Toscana. En 1995 creó Altos Las Hormigas de la mano del enólogo Alberto Antonini y, poco tiempo después, adquirió las tierras que la bodega tiene en Luján de Cuyo. De visita en Mendoza, conversamos con el creador italiano que apunta a la excelencia cuando de vinos se trata.

¿Te sentís un poco parte de Mendoza?

–Yo creo que uno es del lugar en el que vive, donde pasa su tiempo. Una parte de mi ser pertenece a esta provincia. Además hay un lazo muy fuerte con Italia, una historia que está viva en Mendoza desde la inmigración y a través de las familias que mantuvieron ciertas costumbres. Por este motivo un italiano siempre se siente bien acá. También está el lado humano de la región, la calidez que hace que uno no se sienta tan lejos de su casa.

¿Por qué elegiste nuestra provincia para seguir desarrollando tus vinos?

–Primero, para uno que viene de afuera, existen oportunidades que no existen en Italia, una libertad mayor… Yo aquí puedo elegir qué uva cultivar, cómo hacerlo y eso genera más espacio para la creatividad. Allá es mucho más estricto, si tú quieres vender tu vino a un precio interesante, te instalas en una región con una uva determinada, con una crianza precisa, y tu libertad se acota bastante. La libertad representó una gran oportunidad para mí y también el hecho de que existía una tradición muy interesante acá. Mendoza es como un viejo nuevo mundo en el que la vitivinicultura tiene siglos de antigüedad y una amplia experiencia. Esa herencia es para agradecerla.

¿Qué le aportó la vitivinicultura a tu vida?

–Yo hacía vinos en Italia como hobby. Mi familia tiene una propiedad en Montecatini y allí se hace muy buen aceite de oliva. En Italia hay vinos por todos lados, en cualquier colina hay comida y vinos, aunque los de calidad son pocos. Yo vine a Mendoza en busca de una calidad sin techo, con desafíos por delante.

¿Cuál creés que es el espíritu del vino, su esencia?

–Ya para los antiguos era la bebida más noble. Normalmente es una bebida que no te emborracha sino que te pone en un estado mental más abierto, más alegre, más receptivo y sin sacarte lucidez. Si uno no se descontrola, yo creo que el vino promociona varios elementos positivos: una buena conversación, cierta honestidad y una facilidad para superar rispideces. Tiene su nobleza y su unicidad.

¿Qué proyectos tiene la bodega por delante?

–El vino argentino está instalado en el mercado del mundo y tiene una posición importante. Ahora se trata de no quedarnos en el concepto de commodity ni de ser reemplazables sino que sigamos siendo únicos. Altamira sin dudas es un lugar privilegiado, aunque no es el único, entonces se trata de respetar la diversidad y apuntar a la calidad máxima. Nuestro desafío es superarnos y ser un poco locos para arriesgarnos.

En este sentido lo orgánico representa un factor importante…

–Lo orgánico es un elemento fundamental porque promociona la unicidad del lugar, hace que se promueva la flora y la fauna bajo tierra y arriba de la misma. Por eso nuestras fincas son orgánicas.

¿Hay algún mensaje que quieras compartir con los mendocinos?

–Yo quiero agradecer a Mendoza y a los mendocinos por la oportunidad que se me ha dado acá. La provincia tiene una extraordinaria tradición ligada al vino y eso supone un valor enorme. Y por supuesto que invito a todos a probar nuestros vinos que tienen mucha personalidad.

Anna Ekinocc

Ekinocc es una experiencia gastronómica nocturna que reúne a un grupo de 12 comensales para compartir una comida especial y única entre exquisitos vinos. Pronto la propuesta se abrirá a más personas, aunque la idea es preservar el entorno privado e íntimo en el que este momento sucede. «Ekinocc es un proyecto interno que nació en 2016 con el objetivo de superarnos y de crear un espacio de investigación y experimentación sin los límites que supone una carta. De algún modo lo que sucede en esta experiencia se traduce luego a la cocina de Anna Bistró y en todo momento la meta es que exista equilibrio y armonía en la propuesta», dice Jerome Constant, dueño del restaurante de la calle Juan B. Justo. «Siempre estos procesos de búsqueda tienen consecuencias en el modo en que funcionamos y se vinculan con la necesidad de ofrecer una cocina cada vez más exigente», agrega.

Invitados de distintos ámbitos, disciplinas y áreas de trabajo en Mendoza participan de estas ediciones especiales. De la tercera experiencia fueron parte, entre otros, el artista Martín Villalonga, el fotógrafo Federico García y por supuesto, Antonio Morescalchi, dueño fundador de Altos Las Hormigas. El chef anfitrión, Alejandro Galliski, fue responsable de las delicias.

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