Artista multifacético, sus lenguajes expresivos van desde el dibujo y la historieta, pasando por la música y la realización cinematográfica.

Entrevistamos al cineasta, historietista, escritor  y músico mendocino, un convencido de que la esencia personal, el trabajo colaborativo y las profundidades humanas son los mejores protagonistas de una obra.

¿Qué historias te gusta contar?

Es una bonita pregunta para empezar. En un universo hilado mediante infinidad de historias diferentes, conocer las que más nos identifican a cada uno es una buena forma de conocernos. Supongo que he desarrollado historias de personajes con características particulares intentando llevar adelante una idea o una acción. Han sido siempre narraciones breves: un personaje enfrentado a una situación, y luego la resolución. Como una simple operación matemática. Y siempre he procurado incluir algún elemento fantástico en la narración. La fantasía es el espacio perfecto para involucrar metáforas, desarrollar ideas y conceptos complejos, crear mundos mejores y refugiarse allí un tiempo… Además de lo extraordinariamente divertido que es inventar monstruos y situaciones inverosímiles. Y si uno ha crecido en ese espacio, ya nunca retorna completamente al real.

¿Cuáles son los desafíos particulares de hacer cine en Mendoza?

El cine, además de un hecho artístico y expresivo grupal, es una profesión en la que todos los involucrados deberían cobrar. Esto, sumado a los muchos y costosos recursos que implica, lo transforman en una industria que no puede funcionar como tal si no hay una política de gobierno que la apuntale. En la última década se implementó una política federal de distribución de recursos, que hizo que Mendoza comenzara a funcionar como industria. Hasta entonces, las producciones locales se concretaban mediante la solidaridad, colaboración y buena voluntad de todos. Ante el desinterés del gobierno actual pienso que quizás el mayor desafío en Mendoza es que no perdamos esa cuota de humanidad que nos llevaba en otra época a producir entre todos desinteresadamente, sin más ánimo que la necesidad de expresión y el sentido de pertenencia a un grupo.

Historietas, cuentos, canciones y películas conforman tu producción artística, ¿según qué criterios elegís cada lenguaje?

 En realidad, cada canal de expresión tiene características muy particulares y diferentes, lo que hace que encauzar una necesidad expresiva sea algo automático e inconsciente. Lo que sí puedo permitirme, con varios proyectos dormitando en cada espacio expresivo, es elegir dónde voy a dar los próximos pasos, en función de mi estado anímico del momento. Ahora, por ejemplo, un poco cansado de los procesos dinámicos del cine, pretendo pasar un 2018 tranquilo en la soledad y el silencio que ofrece la historieta. Es una linda vida la del historietista; sólo lamento no dibujar mejor y más rápido, pero son las consecuencias de la poca constancia que he tenido con el lápiz…

¿Por qué en tu caso y en tus obras es importante ser sincero con vos mismo?

Porque la expresión tiene que estar relacionada directamente con el universo interno de cada autor; y hacer evolucionar esa relación debería ser la única necesidad de un artista al producir. Hace ya mucho tiempo que existen estructuras prefabricadas, moldes narrativos estudiados y determinados por su respuesta en la sociedad; es muy fácil volcar acciones y elementos en esos moldes y generar una historia efectiva, pero todas las historias terminan siendo la misma historia vacía, sin emoción, sin sentimiento franco. Cuentos que se repiten hasta el infinito, como en una sala de espejos, y que funcionan porque la gente se siente cómoda en esa previsibilidad; lo cierto es que estas estructuras preestablecidas sólo sirven al negocio, pero no a la exploración personal, ni al conocimiento humano, ni a la empatía entre los seres vivos. La humanidad no debería necesitar historias de cartón, pero los negociantes le han hecho creer que sí. Y así pasamos por la vida sin saber quiénes somos…

¿Por algún motivo renunciarías a ser un trabajador independiente?

Yo prefiero utilizar el concepto de “libertad de ideas”. Suele entenderse “independiente” como algo o alguien que no se ha dejado atrapar por las redes de la industria, pero no es tan simple de aplicar en, por ejemplo, el ámbito cinematográfico… Podría decir que no logro imaginarme feliz en un ámbito de expresión donde mis ideas no puedan prosperar y florecer a causa de imposiciones externas. De todas formas, lo cierto es que podría sacrificar esa felicidad e “independencia” por cualquier motivo que fuera más importante que la comodidad personal. A veces uno debe optar por el sacrificio, y eso siempre está bien…

¿En qué proyectos trabajás actualmente?

Intentaré este año mantenerme alejado de los rodajes y dedicarme a algunas ideas de historieta que tengo encajonadas. Igualmente, hay un par de películas que ya están filmadas, y que iremos intentando terminar durante el año. Una de ellas, llamada Historias de Príncipes, es una oscura y metafórica reflexión acerca del femicidio, incómoda de filmar, muy violenta y bastante poética… Seguramente no la hubiéramos podido realizar si nos hubiéramos apartado de esa “independencia” a la que me refería antes. Y quizás, una noche lluviosa, escriba algún cuento…

Para conocer más sobre Andrés Llugany y ver algunos videos pueden visitar su blog 

Nota Andrea Calderón

Fotos: Mortimer Rowins / Paloma Correas