Ese último paraje mítico al límite con la República de Chile fue incluido en el programa nacional Pueblo Auténtico junto a otras 26 localidades de la Argentina.

Las Cuevas, ese pueblo de alta montaña que oficia de despedida y bienvenida a la vez, cuando uno atraviesa el túnel Cristo Redentor para cruzar a Chile, de a poco resurge del olvido.

Incluido en el programa nacional Pueblos Auténticos junto a otras 26 localidades del país, Las Cuevas revive gracias a la gestión turística de la Municipalidad de Las Heras que pretende reinstalar allí su mística, su historia y esencia a través de la reactivación de obras en el lugar.

 

 

Todo esto impulsado con el nombramiento de Las Cuevas como Pueblo Auténtico por parte del Ministerio de Turismo de la Nación. Con lo cual, se brinda el mejor escenario para que ese poblado vuelva a brillar como en los años ’50. ¿Y por qué recibió esa denominación? Por ser un sitio patrimonial, histórico, por sus condiciones edilicias y culturales, según detalla el director de Turismo del municipio, Guillermo Barletta: «Estos pueblos son 27 en total, en todo el territorio argentino, y Las Cuevas es el único de nuestra provincia, nos permite trabajar en las mejoras del lugar y conseguir inversiones para su estructura edilicia y puesta en valor de sus edificios, todos son edificios patrimoniales que datan de 1950 aproximadamente».

Por su patrimonio histórico, arquitectónico y cultural, Las Cuevas es el confín mendocino, la última poblada cordillerana ubicada al ingreso del Túnel Internacional Cristo Redentor, que se incluyó en la segunda etapa del programa Pueblos Auténticos. En este sentido, se viene trabajando en su circuito turístico como los senderos únicos de trekking que ofrece, su puesta en valor edilicia, el ordenamiento de la actividad en la villa y otras acciones específicas.

Hoy el pequeño pueblo cordillerano cuenta con 60 camas en su capacidad hotelera –ofrece un hostel, una posada y un refugio de montaña, entre otros-, cuatro restoranes –tres que ofrecen comida buffet y otro con menú a la carta- y una chocolatería.

Es uno de los centros más importantes también para el entrenamiento de montaña en Los Andes centrales. Incluso es escenario para la preparación de montañistas en sus expediciones al Aconcagua, que ejercitan en los increíbles vaivenes de la cordillera.

Y más allá de su condición inigualable para el deportista, Las Cuevas tiene una serie de datos históricos muy interesantes para compartir con los turistas. Actualmente van muchos visitantes dispuestos a vivir una experiencia inolvidable. Esto más allá de la tradicional excursión al Cristo Redentor, monumento que en marzo pasado cumplió 114 años de existencia, símbolo de paz entre nuestro país y Chile, camino que transitó el general Las Heras en el marco de la Gesta Libertadora americana.

Otra riqueza histórica que habita en la villa es su patrimonio ferroviario, con la vieja estación de ferrocarril trasandino de Las Cuevas (que será puesta en valor), punto de encuentro para el tren que venía de Chile con el argentino desde 1910 hasta principios de 1980. De esta estación hasta la chilena de la localidad de Los Andes, la tracción del tren era eléctrica, de ahí las torres de electricidad que lucen hasta la actualidad en Las Cuevas.

Si bien este poblado fronterizo no es un centro de esquí ni pretende serlo, gracias a sus más de 3.500 metros de altura sobre el nivel del mar y sus condiciones climáticas, la nieve perdura durante todo el invierno, convirtiéndose en una atracción más para el visitante.

Además, la idea es que todo ese corredor reviva turísticamente, con un desarrollo ambiental sustentable que incluye Puente del Inca.

Para este plan de desarrollo turístico de Alta Montaña se trabaja con un gran equipo que incluye arquitectos, geógrafos, patrimonialistas, historiadores, especialistas en ambiente y en montaña.

Su historia

Ubicada a 210 kilómetros de la capital mendocina y a 88 kilómetros de Uspallata, Las Cuevas se llamó en su fundación Eva Perón, pero luego fue cambiado por Las Cuevas en referencia a las cuevas que se formaban producto del desprendimiento del cerro Tolosa que contiene piedras gigantes y está ubicado detrás de la villa.

Esas «cuevas» se utilizaban como refugio para quienes transitaban entonces la montaña. Existe un sitio arqueológico donde fue hallado un niño, «el niño de Las Cuevas», que según la investigación del Conicet ese niño tenía cinco mil años.

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