Por la quebrada retumba el eco de largas campanadas. En lo alto de una inmensa pared de piedra, como una atalaya, la campana espera que los visitantes la hagan sonar

La Crucesita es uno de los puestos del piedemonte que más visitas recibe los fines de semana. Muchos llegan para hacer un asado en el parador al pie del cerro, y otros para hacer largas caminatas o ascensos a los cerros. Esta vez enfilamos hacia la cañada que separa el cerro Negro del Colorado para subir hasta el enigmático campanario.

Por el mismo camino que nos lleva a la vertiente de los sauces y la base del Negro (2.200 msnm), al llegar a una cisterna de piedra tenemos que tomar el sendero de la izquierda, por ahí bajaremos a la cañada. La marcha es tranquila y fácil sobre la arenilla de arrastre que deja el agua cuando baja. Durante todo el trayecto nos acompaña el arroyo que baja de la vertiente. El sendero cruza una y otra vez su curso. A diferencia de muchas quebradas, en esta cañada la vegetación es abundante y verde, con algunos árboles  perfectos para hacer el picnic de refuerzo.

Realmente es precioso el paisaje entre paredes de piedra de los cerros Negro y Colorado. Después de caminar aproximadamente 30 minutos sentiremos el sonido de las campanas, siempre hay alguien que las hace sonar. Sobre un enorme paredón rocoso a nuestra  derecha, podremos divisar la estructura del campanario bien en lo alto, como si fuera el portal de un monasterio medieval en medio de las montañas.

Tendremos que caminar un rato más hasta empezar el ascenso más abrupto hacia las campanas. Una vez arriba podemos volar. Hacia el oeste tenemos una incomparable vista de la quebrada que se pierde; hacia el este, desde el peñón más alto dominamos  todo el piedemonte y hacia el sur el precipicio de la quebrada. Por ahí sube el eco de las voces de los que vienen atrás y piden campanadas. La hacemos sonar una y otra vez, después husmeamos el cuaderno de firmas que se preserva de lluvias y vientos en un tupper de cocina. Aquí los visitantes dejan sus impresiones, sus sensaciones, sus frasecitas, sus dibujos, sus nombres. Resulta toda una curiosidad.

Bajando de nuevo a la quebrada, se puede continuar la marcha hacia las cascadas, desde el campanario andando unos 30 minutos más, el camino se divide en 3. Si tomamos a la derecha encontraremos un lugar perfecto para descansar. Preciosos árboles, planicies de coirones  y vegetación autóctona le dan el toque verde a la cañada. Las otras variantes del camino nos llevan a una vertiente o pequeña cascada de agua. Sin embargo siguiendo el camino de la derecha y luego de nuestro pic-nic, continuando el ascenso veremos que nuevamente el camino se bifurca. Si optamos por ir a la izquierda también llegaremos a una vertiente. El descenso es rápido y sin inconvenientes, excepto por las plantas de rosa mosqueta que deberemos sortear para no pincharnos.

Mientras bajamos nos cruzamos con el puestero que asegura que fue él mismo quien subió a caballo la campana y el madero para colgarla.

¿Cómo llegar?

Por la Ruta Panamericana (camino a Cacheuta) en Las Compuertas y antes del control policial, sale el camino de La Crucesita, a la derecha (está señalizado). Hay que subir 6 kilómetros de un camino de tierra consolidado sobre el que veremos nuevos loteos y emprendimientos inmobiliarios. El más destacado es La Crucesita con casas construidas en piedra y con energía solar.

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