El fotógrafo y videasta Ariel Larriba comparte su experiencia en relato y fotos que invitan a ser parte del recorrido por paisajes soñados y eternas montañas del Parque Aconcagua.

«Llegar a Confluencia es una experiencia de vida, es un desafío con uno mismo», expresa el fotógrafo y videasta Ariel Larriba, uno de los tantos aventurados que en 2017 llegó hasta el campamento ubicado a 3.500 metros sobre el nivel del mar y que forma parte del Parque Provincial Aconcagua. Esta parada es la antesala a Plaza de Mulas y el comienzo de quienes buscan la cumbre, o al menos quedar bien cerca, de la cima más alta del continente.

La aventura comienza con la contratación de alguna empresa que preste servicios en Confluencia, en el caso de Ariel. Una vez en Penitentes el traslado siguiente fue hasta Horcones, donde realizó el check in con el pago ya realizado de ingreso al Parque. «Ahí comienza la caminata hasta Confluencia. Es un trayecto de unas tres horas, en el que cruzás por un puente colgante que fue donado por la producción de Siete años en el Tíbet. Es increíble cómo cambia el paisaje del otro lado del río y se vuelve más agreste. Por el sendero disfrutás de cada una de las montañas», comparte.

Con un buen par de zapatillas, hidratación permanente, anteojos de sol, la cabeza protegida y bastones para sentirse más seguro, se puede lograr el objetivo sin mucha preparación y con un estado físico saludable. Además hay agencias que se encargan del traslado del equipaje. «Lo ideal es salir temprano» -recomienda Ariel- «para deleitarse con la travesía, descansar y tomar fotos». Una vez en Confluencia y luego de algunos momentos de adrenalina, la bienvenida es con un suculento refrigerio para reponer energías.

Los guardaparques que custodian el lugar y un equipo médico son parte del recibimiento, en el caso de este último, es el responsable de realizar una revisación para chequear las condiciones del caminante. «Luego te instalás en los domos con cuchetas, tienen capacidad para unas 30 personas, y se comparte el momento de la comida, siempre abundante en calorías. Es un lugar muy cómodo, con café, té, mate, leche y agua caliente a disposición, para que en cualquier momento del día puedas prepararte lo que quieras».

En el lugar no hay señal de teléfono ni wi fi, por lo que el modo de comunicarse es a través de las radios de las empresas con las bases de Penitentes. Personas de todo el mundo llegan hasta el lugar y entablan una relación de vecindad en ese pequeño barrio por el que peregrinan los amantes de la montaña. El día comienza temprano, con un buen desayuno, y excursiones con base en Confluencia, incluida una «increíble» caminata a Plaza Francia, un trayecto de unas 5 hs. para contemplar la pared sur del Aconcagua.

«Confluencia es un lugar de paso para los que intentan hacer cumbre en el Aconcagua, pero es un paseo extraordinario para hacer en familia, con amigos o solo, ya que la montaña tiene eso de atraparte con su majestuosidad, con su silencio, en la noche y con la camaradería cerca. Amo la montaña. He podido disfrutarla en otras expediciones hasta Plaza de Mulas y cruzado la Cordillera a caballo. Cuando volvés, ves todo distinto, es que uno está distinto. El contacto directo con la naturaleza es lo que me mueve, y si aparte llevo mi cámara de fotos, qué más puedo pedir…»

Fotos: Ariel Larriba

 

 

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